Capitalismo, anarquía de la producción y otra fenomenal crisis de sobre producción


Por Damián Quevedo

En un reciente informe, la ONU mostró “preocupación” por los desechos que genera la llamada obsolescencia planificada en la producción capitalista actual, que es, básicamente, el cálculo de duración de las mercancías, en este caso las que tienen un alto grado de componentes tecnológicos. Los capitalistas intentan conseguir una mayor eficiencia, para acelerar la realización de la ganancia y, con esta, el ciclo de acumulación de capital, que consiste en reproducir un capital determinado, utilizando las ganancias para acrecentarlo de manera sucesiva.

El Monitor Mundial de Residuos Electrónicos de Naciones Unidas compartió un informe sobre basura electrónica que arroja datos significativos. El más concreto: la generación de estos desechos se incrementa cinco veces más deprisa que su reciclaje. En 2022, se produjeron 62 millones de toneladas de estos residuos, cifra que equivale a un 82 por ciento más de lo que sucedía en 2010. Además de afectar la salud humana y del ambiente, esta situación genera pérdidas fenomenales: el cobre, el oro, el hierro y otros metales que se emplean en esas 62 millones toneladas tienen un valor estimado de 91 mil millones de dólares[1].

Si bien el informe de la ONU hace referencia a la contaminación y al daño que producen estos desechos, la preocupación de los capitalistas no tiene que ver con esta cuestión, sino por las pérdidas de millones, que, por otra parte, podrían colaborar con la acumulación de capital. Sin embargo, el problema central no es la obsolescencia planificada, sino la ausencia de un mercado que pueda absorber la masa de mercancías creadas, a una velocidad cada vez mayor.

Lo que en el fondo señala el informe es la crisis de sobreproducción del capitalismo, que hoy está entrando en su fase más álgida. Esa también es la razón por la cual las grandes potencias están en un conflicto creciente, sobre todo entre las dos que se disputan el control de la economía mundial, EEUU y China, ya que el mercado es insuficiente para absorber la producción actual.

La obsolescencia planificada -o la duración cada vez menor de las mercancías- es propia del sistema capitalista, ya que está determinada por la necesidad de que la reproducción del capital sea cada vez más rápida, por la competencia y por la necesidad de reducir costos de producción ante la caída de la tasa de ganancia. Es por eso, que, aunque la ONU muestre preocupación, este organismo que trata de representar y mediar entre las potencias capitalistas, sabe bien que ese proceso de contaminación y pérdidas de ganancias no se puede resolver, dentro de los marcos del capitalismo.

Como bien lo explicó Marx, el capitalismo -en su época de agonía- frena las fuerzas productivas, boicoteando la capacidad humana de crecer y mejorar sus herramientas para poder vivir mejor. Este sistema, que en sus inicios impulsó el progreso técnico, hoy es una inmensa fuerza destructiva, razón por la cual, y antes de que destruya todo, hay que eliminarlo y poner en pie un nuevo modo de producción capaz de resolver los problemas que no pudo resolver la burguesía: el Socialismo.



[1] Página12 30/03/2024

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