Por Juan Giglio
El paro
decretado por la Fraternidad fue contundente, ya que no se movió un solo tren
en todas las líneas ferroviarias, a pesar de que el presidente de este gremio,
Omar Maturano, le propuso varias veces al gobierno que dicte la conciliación obligatoria -para acatarla y levantar la medida- como lo expresó en cada una de las entrevistas que brindó a los medios.
¿Cómo no va
a conciliar con Milei quien fuera, durante la huelga
ferroviaria de 46 días de 1991, un gran carnero al servicio de la política privatizadora del ídolo del actual presidente, Carlos Saúl Menem? Sin embargo, la negativa gubernamental a dictaminar esa norma conciliatoria, lo obligó a ir a fondo con la huelga de 24 horas, que fue
contundente porque la tomó en sus manos la base fraternal, que sufre, como toda la clase obrera, la caída a pique del poder adquisitivo de sus salarios.
Este paro,
junto a los que se avecinan -sanidad, estatales, docentes y otros- es el comienzo de un nuevo ascenso obrero, que, como siempre fue, es una mala noticia para el gobierno y sus
secuaces, ya que la clase trabajadora tiene la fuerza capaz de acabar con el ajuste y los ajustadores de turno. Por eso, Milei y el periodismo adicto, decidieron enfrentar esta oleada de luchas con una campaña contra los dirigentes sindicales mafiosos, que son odiados por toda la sociedad. ¡No les servirá, porque pesará más que esto el odio hacia los destructores del salario y las conquistas, y, porque en la medida en que se profundicen y extiendan las luchas, las bases pasarán por encima de estos tránsfugas!
La
izquierda debe jugar un papel,
colaborando para que estas medidas de lucha se garanticen y sirvan
como ejemplo al resto de los trabajadores y trabajadoras que están sufriendo los
efectos del plan “motosierra”. ¡Hay que agitar bien fuerte, en la puerta de las fábricas y demás empresas, que debemos luchar como los fraternales! Pero, que hace falta un plan de lucha que desemboque en la huelga general
activa, por aumento de salarios indexados de
acuerdo a la inflación y contra todos los ataques a las conquistas!
Para eso,
hay que impulsar la organización de cientos de asambleas de base y reuniones de activistas en los lugares de trabajo y los barrios, que resuelvan las medidas parciales, su coordinación con otros
sectores en lucha y la construcción paciente del Argentinazo. En esos espacios democráticos se podrá discutir y votar el programa alternativo a los de este y los anteriores gobiernos, que fueron y son pergeñados con un solo propósito: enriquecer a los grandes monopolios, con la contratación de trabajadores súper explotados.
En ese
proceso surgirá una nueva camada de luchadores y luchadoras, con los que se podrá poner en pie la nueva dirección obrera que le dispute el liderazgo de los sindicatos a los corruptos burócratas del peronismo, que si se
ponen al frente de alguna pelea parcial no lo hacen para llevarla hasta el
final, sino para evitar que se profundice. La izquierda tiene que aportar propuestas concretas para cada uno de los combates
contra los de arriba, un programa estratégico y a sus mejores cuadros políticos y sindicales.

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