domingo, 11 de febrero de 2024

La ilusión argentina de consumar un pacto de gobernabilidad a la uruguaya


Por Damián Quevedo y Juan Giglio

Milei está buscando la conformación de nuevas alianzas -o viejas, pero permanentes- que le garanticen cierto nivel de gobernabilidad, ya que él y su círculo íntimo saben que solos no podrán mantenerse en pie los cuatro años que dura su mandato. Por esa razón, en medio de la crisis provocada por la caída de la ley “Ómnibus”, el ex presidente Macri comenzó a elucubrar un desembarco mayor de sus tropas en el ejecutivo nacional. 

Como punto de partida, Milei y su mesa chica apuntan a que la confluencia con PRO se dé en el Congreso, con la eventual conformación de un interbloque. Eso sería todo ganancia para la Casa Rosada, que está en una posición de debilidad legislativa, tanto en términos numéricos como en materia de experiencia. Eventualmente, ese interbloque podría estar presidido por alguien de PRO (se habla naturalmente de Cristian Ritondo) y así suplir la falta de muñeca política que tienen los libertarios en la Cámara[1]. 

Esto, que los libertarios piensan como una confluencia, es a todas luces una invasión, como el mismo Macri lo reconoció días atrás, cuando dijo que Milei iba directo hacia un “crash”. En ese sentido, en una charla con dirigentes de su partido, Mauricio les dijo que “no se apuren…” porque “está al caer la rendición de Milei”. De concretarse, esta sería una segunda invasión del macrismo sobre los libertarios, con la posibilidad de asumir el control total del gobierno. 

En ese contexto, desde el periodismo, en general, se comenzó a machacar con las imágenes que venían del otro lado de la cordillera, que mostraban el efusivo abrazo del presidente Boric con la esposa de su ex Rival, Piñera. De esa manera, los grandes medios quieren mostrar que allá, igual que en Uruguay y otros países “civilizados”, funcionan las instituciones y el consenso entre los líderes capitalistas, una actitud que aquí debería copiarse. 

Esta idea se intentó plasmar decenas de veces en Argentina, imitando a la Concertación chilena o a las actitudes diplomáticas que caracterizan a los partidos patronales uruguayos, cuyos dirigentes suelen juntarse para encarar “asuntos de Estado”. La Alianza, que voló por los aires en 2001, fue un claro ejemplo de esa línea, que tuvo sus antecedentes más cercanos en el “Gran Acuerdo Nacional”, GAN, de los 70 y varios “Pactos Sociales”, que fracasaron década tras década. 

Para consumar ese tipo de alianzas debe existir una base material que las sostenga, ya que, al estar conformada por representantes de distintas fracciones capitalistas, tiene que haber, sí o sí, algo para repartir entre todos. Los burgueses, si no cuentan con esta premisa, que es lo que les permite mantener o acrecentar sus ganancias, tienden, inexorablemente, a pelearse entre sí por los restos de un mercado que se achica.

Eso es, en realidad, lo que sucede actualmente, ya que, guerra comercial entre potencias de por medio, Argentina no da para todas las empresas capitalistas que, hoy por hoy, realizan sus operaciones comerciales, industriales y financieras en el país. ¡Por lo tanto, no hay condiciones para que aquí, como en Chile, donde la situación es más estable -desde el punto de vista económico- se abracen o pacten las diferentes bandas que representan a la burguesía! 

Además, en Argentina, existe otro problema para los capitalistas: la enorme combatividad y experiencia del movimiento obrero, que se ha negado y continúa negándose a rebajar sus niveles salariales y a perder conquistas históricas. Para que haya algo para repartir, la burguesía necesita súper explotar a los asalariados, ya que de la explotación -plusvalía mediante- provienen sus ganancias. 

Por lo tanto, en un contexto de crisis local e internacional, con una guerra comercial entre potencias -que también disputan nuestro país- y una clase trabajadora indómita, es casi imposible que se logren grandes acuerdos políticos entre los y las de arriba. Esta situación, que los parte y seguirá partiendo en cientos de pedazos, empuja y continuará empujando el accionar de los y las de abajo, que, con luchas cada vez más radicalizadas. 

La izquierda tiene que entender esta realidad, parecida a la que describió Lenin cuando caracterizó la existencia de la situación prerrevolucionaria que dio lugar a la Revolución de Octubre. Esto significa, que debe asumir la responsabilidad de convertir esa perspectiva en una lucha victoriosa. 



[1] La Nación 10/02/2024

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