Por Claudio Colombo
Los medios
que simpatizan con el gobierno aplaudieron a rabiar los abrazos efusivos que se dieron Milei y el Papa Francisco. Sus voceros más reconocidos han caracterizado a la “reconciliación”
entre el jefe de la Iglesia Católica y el presidente argentino, como un paso positivo en cuanto a la perspectiva de garantizar la gobernabilidad, ya que saben
que el ejecutivo comandado por el libertario es debilísimo y necesita el apoyo de todas las fracciones
burguesas.
En ese
sentido, y más allá de las cuestiones de forma que lo separan de Milei, Bergoglio, que actúa como el agente eclesiástico del
capitalismo monopólico europeo, bendijo al Plan de Ajuste y a sus ejecutores. No es casual, porque
la Iglesia ha estado, desde siempre y más allá de los debates coyunturales, detrás de los gobiernos más reaccionarios
de la tierra, como cuando el Papa ultra reaccionario Pío XII apoyó sin tapujos a
Mussolini y Hitler.
La Iglesia
hace esto por una cuestión de clase, capitalista, a la que pertenece, pero también hace política. Por eso presiona al gobierno para que ratifique y fortalezca su lugar en la sociedad como una poderosa herramienta
de contención social, ya que sus jefes saben -mejor que nadie- que se acerca
una rebelión poderosísima. Los curas tratarán de frenarla o desviarla, a través de la organización de comedores y el reparto de víveres. ¡Bergoglio prepara a sus cuadros para que tiren mucha agua bendita para apagar el fuego de la rebelión!
Para eso no
solo cuentan con capillas, catedrales, colegios y decenas de instituciones propias o relacionadas a sus curas. También tienen en sus filas a dirigentes políticos, sindicales y piqueteros, como Grabois, Pérsico y una larga lista de gangsters, cuyo oficio no es otro que ser bomberos de las luchas. Por eso, no es casual
que no se haya visto a ninguno de estos personajes en las movilizaciones o enfrentamientos con la policía en el Congreso, cuando se
trató de la ley “Ómnibus”, que fue enfrentada esencialmente por la izquierda.
Los trabajadores y las trabajadoras deben romper con los políticos patronales y con todas las instituciones del
Capitalismo, como la Iglesia Católica, las evangélicas y otros cultos, que son
cómplices del ajuste. Esto, nada tiene que ver
con las creencias de los fieles, que como socialistas
respetamos, ya que defendemos la libertad de culto. Hay que construir un partido o movimiento, de carácter obrero y socialista, que impulse y organice la huelga general activa que hace falta para que se vayan todos, se
derrote al Capitalismo y gobiernen los y las de abajo.
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