viernes, 12 de enero de 2024

Tiene razón Aristarain, hay que echarlos ¡Que el pueblo decida, en asamblea, qué modelo de país hace falta!

 

Las declaraciones del cineasta Adolfo Aristarain generaron revuelo en todos los diarios, ya que el premiado director de cine nacional sostuvo -al ser entrevistado por el diario Página12- que hay que echar a Milei con un paro por tiempo indeterminado. 

“No hay que darles tiempo. Hay que ganar la calle. El paro de la CGT tiene que ser por tiempo indeterminado: hasta que caiga el gobierno”, propuso sin medias tintas el director de cine en alusión a la movilización convocada para este 24 de enero por la central sindical[1]. 

Lo expresado por Aristarain refleja en gran medida el sentimiento de una parte de la sociedad, que no solo está sufriendo el ajuste, sino que comienza a movilizarse contra el plan económico y político del gobierno, sintetizado en el DNU y la llamada ley ómnibus. 

En ese sentido, resulta sintomático el resurgimiento de los cacerolazos y embriones de asambleas de vecinos, tan relacionadas en la memoria con la rebelión que echó a De La Rúa y a otros cuatro presidentes en 2001, durante el Argentinazo. 

También, y como consecuencia de ese estado de ánimo social, es que la burocracia sindical sostiene el paro del 24 y una movilización que puede rebasar por mucho las expectativas y las intenciones de los convocantes, que evidentemente no pueden echarse atrás en este contexto. 

La crisis del capitalismo. tanto en Argentina como en el mundo, es mucho mayor que la de 2001, ya que las grandes potencias, con sus economías en recesión, están metidas en una guerra comercial salvaje. En ese marco, el plan Milei, aunque promueva y facilite el aumento de los productos exportables en general y commodities en particular, no alcanza para sacar al país de la crisis. 

Las asambleas y el voto a Milei 

La posibilidad de que surjan y se extiendan las asambleas vecinales es un producto directo de la crisis de la democracia capitalista. Eso, en definitiva, fue lo que explotó Milei en su campaña, que no solo ganó el voto contra el ajuste de Massa, sino principalmente contra la “casta”, aprovechándose así del descrédito que tiene el régimen político. 

Ese descontento popular, que buscó en las elecciones un canal de castigo para con los políticos patronales, continúa desarrollándose, un proceso que busca, de manera inconsciente, algún tipo de régimen o institucionalidad que sirva para que el pueblo se exprese y resuelva de manera directa, sin intermediarios. ¡Ningún partido patronal, mucho menos Milei, puede canalizar ese descontento porque forman parte del régimen que agoniza!

Las asambleas de base, tanto en los lugares de trabajo como en los barrios, representan justamente lo opuesto, la democracia directa y la autoorganización, como sucedió en la primera parte de la fenomenal Primavera Árabe, que, en su vanguardia, Siria, se llenó de asambleas populares, que las masas de ese país denominaron consejos locales. 

La izquierda debe alentar a la clase trabajadora para que participe en este proceso democrático y, con su movilización, derrote a los ajustadores de turno y transforme al país en una gran asamblea, de carácter fundacional o constituyente -como plantea la Constitución para casos excepcionales- donde se discuta y resuelva qué modelo de país hace falta para salir de la crisis: ¡El que defienden Milei y todos los políticos capitalistas o el que proponemos los y las socialistas!



[1] Perfil 11/01/2024

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