Por Damián Quevedo
En estos días el gobierno de Javier Milei sufrió varios reveses de importancia, que afectan su pretendido plan de ajuste y los
intentos de conseguir cierto grado de gobernabilidad.
Uno de estos fue el fallo judicial que suspende la
reforma laboral, un punto que afecta el elemento fundamental que le permite incrementar
sus ganancias a los capitalistas, que es la posibilidad de aumentar la
explotación de sus trabajadores, a través de la precarización de las
condiciones laborales y el aumento de los ritmos laborales.
A todo esto, hay que agregarle la desesperación, por
parte del gobierno, de aprobar la “Ley Omníbus”, que propone cambios que son
esenciales para lograr el ajuste que pretende. El apuro tiene que ver con la
caída constante de la imagen de Milei, que, cada día que pasa, cuenta con menos
margen para imponer sus ideas.
Esta urgencia, además, se choca con otros escollos: la
impericia del propio gobierno, la crisis y fragmentación de los partidos de la
oposición y la burocracia sindical y hasta de su propio
espacio, dentro del cual se están matando por el manejo de la caja.
El gobierno también obró con absoluto desconocimiento
en el manejo del Estado, al enviar al Congreso un ladrillo de más de 600 leyes,
que de ser tratado podría llevar varios meses para ser aprobado, con lo cual el
paquete de ajuste fiscal ya quedaría obsoleto.
El Poder
Ejecutivo le está pidiendo al Parlamento que modifique el impuesto a los Bienes
Personales y el régimen de impuestos internos; que autorice un blanqueo y una
moratoria; que retoque la ley del IVA; y que altere la fórmula de actualización
de las jubilaciones, entre otros cambios.
Esas reformas
forman parte de un mismo articulado con alteraciones en la Ley Federal de
Pesca, la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Procedimientos Administrativos. Se
proponen reformas al Código Civil y al Código Penal. Y, con el mismo grado de
relevancia, mudanzas en el Instituto Nacional de Cine, la Ley del Libro, la de
Asociaciones Mutuales y el Instituto del Teatro[1].
Con estos tropiezos, el gobierno perdió también lo que
podía reivindicar como su gran logro, el único al fin de cuentas, que fue el
achicamiento de la brecha cambiaria, con el aumento del dólar oficial a $800.
Sin embargo, la inflación y la creciente desconfianza de la mayoría de los
capitalistas, fue eliminando ese “logro”, por eso, hoy, la distancia entre el
dólar oficial y los llamados paralelos, es de más de un 25%, cuando había
llegado al 8% en los primeros días del cambio en la valuación oficial.
No hay plata
El gobierno está en medio de una cuenta regresiva que,
en muy poco tiempo, puede provocar una explosión económica y política, no solo
por la presión social que se acumula, sino porque los grandes capitalistas y
los organismos financieros ya no confían en que sea capaz de aplicar el plan de
ajuste y cumplir con el pago de deuda. De hecho, el FMI adelantó que el acuerdo
efectuado con el gobierno anterior ya se derrumbó y que no habrá más préstamos
para el actual.
Sea como
fuere, las metas que se negocien con el organismo no serán un problema para el
Gobierno de Milei. El nivel de ajuste fiscal que pregona es superior al que
podría pedir el Fondo. Y el set de reformas que enviaron vía DNU son del agrado
de Washington. La pregunta, como siempre, es si son viables política y
socialmente hablando. "El Fondo no se come esto de que la sociedad votó el
ajuste. El ajuste recae en donde todos sabíamos que iba a recaer y por eso la
inquietud es cómo harán para que esto sea perdurable", advirtió el ex
gerente del Fondo[2].
En este contexto, cada derrota del gobierno, aunque
sea parcial, profundiza la debilidad política e institucional y mejora las
condiciones para que la clase obrera intervenga de forma independiente. Esta es
la única manera de ir a fondo contra el ajuste y, en ese marco, bregar por una
salida de fondo, que no es otra que la destrucción de la causa de todos los
males, el capitalismo.
[1] https://www.lanacion.com.ar/politica/el-gobierno-tiene-a-la-oposicion-en-sus-propias-entranas-nid03012024/
[2]
https://eleconomista.com.ar/finanzas/no-hay-plata-mensaje-le-trae-fmi-caputo-olvide-fondos-frescos-n69836

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