Por Damián Quevedo
Entre la caterva de leyes que intenta modificar Milei
-con el mega DNU y la ley ómnibus- además de las facilidades para que el poder
ejecutivo tome deuda sin necesidad de consultar al Congreso, hay un punto
particular que habilita en mayor escala el saqueo del litio.
Es de público conocimiento la mutua simpatía entre
Milei y el dueño de Tesla y la red X, Elon Musk y también es conocido el
interés del multimillonario por las nuevas energías, sobre todo las vinculadas
a la rama de la tecnología en la que hace negocios.
Para complacer a este personaje, el mega DNU desregula
la competencia en las empresas proveedoras de internet, dando lugar a la
entrada de empresas multinacionales, sin necesidad de sedes locales. De esa
manera, podría instalarse aquí la compañía del Musk, Starlink, quien además
podría avanzar hacia el norte, para adueñarse del litio.
No será el primer caso de saqueo, pero si es un
estadio superior, porque con esta decisión, el gobierno nacional asume una
postura clara en la guerra comercial entre China y EEUU. Hasta ahora eso no
había ocurrido, ya que el peronismo se mantuvo negociando con ambos sectores
imperialistas.
En Argentina hoy operan varias multinacionales
extractivistas en esa rama, un sector en el cual el gobierno anterior trató de
pararse para impulsar la economía, de la misma forma que lo hizo -con la soja- durante
sus primeros gobiernos de gestión.
En el último
informe de 2022, Argentina produjo 33 mil toneladas de litio (representa el 5
por ciento de la producción mundial) y los principales destinos fueron China
(41 por ciento), Japón (30 por ciento), Corea del Sur (12 por ciento) y Estados
Unidos (9 por ciento). Si bien hay pocos proyectos internacionales que se
encuentran en producción (4), a la fecha, se relevan alrededor de 50
iniciativas que se hallan en fase de exploración y, a partir de la construcción
de las instalaciones necesarias, podrían comenzar a operar en el corto y
mediano plazo[1].
En medio de la crisis internacional, las guerras en
Ucrania y Palestina y una puja entre las grandes potencias cada vez más
profunda, el bloque chino-ruso viene adquiriendo ciertas ventajas en la región,
de la mano de ciertos populistas o no, como Bolivia, Brasil y Uruguay.
Según datos
oficiales, el grupo ruso Uranium One invertirá unos 450 millones de dólares en
un proyecto piloto de extracción de litio en Bolivia. Aparte de Rusia, está
claro que China también ha conseguido ya poner un pie en el país con los
mayores yacimientos de litio del mundo. Bajo la dirección del grupo chino
Contemporary Amperex Technology, los socios chinos tienen previsto invertir un
total de 1.400 millones de dólares en la construcción de plantas de extracción
de litio[2].
En ese contexto desfavorable, Estados Unidos y sus
capitalistas se ven obligados a tener una política más agresiva para recuperar el
control político y comercial de los países del sur de América. Esta pelea entre
potencias, necesariamente, agravará la crisis en la región.
Detrás del DNU de Milei, está el apetito salvaje de
los monopolios, que para mantener sus tasas de ganancia necesitan aumentar la
explotación de los trabajadores y exacerbar el saqueo de los recursos naturales.
Por lo tanto, la lucha contra el plan económico es también una lucha contra
todas las grandes potencias imperialistas, de occidente y oriente, que buscan
quedarse con los bienes comunes de nuestro pueblo.
Es la lucha por conquistar una segunda y definitiva
independencia nacional, que no vendrá, como antes, de la mano del capitalismo
autóctono, que depende total y absolutamente del imperialismo, sino de la clase
trabajadora, la única capaz de llevar este proceso hasta el final, porque, en
definitiva, lo necesita. Los revolucionarios debemos jugarnos a liderar esta
lucha, que es por el gobierno obrero y popular, por el socialismo.

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