Por Juan Giglio y Damián Quevedo
Más allá de los diagnósticos, hay un signo de este
tiempo: lo que explica la marcha de más de la mitad del electorado hacia lo
desconocido, es el repudio a lo conocido. Los motivos de este resultado hunden
sus raíces en un malestar de muchos años, que llevaba a una parte muy amplia de
la ciudadanía a pretender un cambio profundo... Para ese grupo, “casta” es más que clase
política: es todo lo que huela a poder, a gravitación social, a establishment.
(Carlos Pagni, La Nación, 20 de noviembre)
Desde el progresismo y buena parte de la izquierda,
califican lo sucedido como “giro a la derecha de la situación política y social”.
Coherentemente con esta caracterización, unos y otros impulsaron -de manera
directa o indirecta- el voto “crítico” al candidato de Unión Por la Patria.
Estos sectores -ahora forman parte del bando derrotado- no comprendieron que la
realidad es mucho más contradictoria y dinámica que los silogismos que utilizan para tratar de comprenderla.
Los votos propios con los que llega a la Casa Rosada
corresponden a aquel 30% de la elección general. El 26% restante, que se agregó
en el segundo turno, es prestado. Muchos pertenecen a electores que, más que
adherir a su proyecto, rechazaron el de Massa. Es un aspecto que deberían tener
en cuenta quienes, dentro y fuera del país, quieran interpretar que el de ayer
fue el triunfo mayoritario de una derecha ideológica. (Carlos Pagni, La
Nación, 20 de noviembre)
En Argentina, como en buena parte del planeta, tiene lugar un profundo proceso de cuestionamiento y ruptura con el conjunto de las conducciones burguesas tradicionales. Aunque este fenómeno todavía no ha gestado una nueva fuerza revolucionaria con influencia de masas, está creando las condiciones objetivas para que esto suceda en el período que se avecina. ¡Lo bueno es que explotaron por los aires los partidos y alianzas que sostuvieron al capitalismo en los últimos 40 años!
Como bien lo explica Carlos Pagni, más allá de que una pequeña porción del electorado haya adherido a las teorías más reaccionarias de Milei, la mayoría no lo eligió por esta razón, sino que lo utilizó como simple y contundente herramienta de castigo al conjunto de los políticos tradicionales, incluido Macri, aunque se haya reacomodado luego de la derrota de Juntos por el Cambio.
Milei, como cualquier dirigente del capitalismo, no podrá resolver las demandas insatisfechas de la mayoría, que se transformarán, rápidamente, en luchas obreras y populares muy radicalizadas. La izquierda revolucionaria que no sucumbió a los cantos de sirena del peronismo, debe prepararse para liderarlas. Estos nuevos combates se desarrollarán dentro de un contexto mundial de crisis generalizada del sistema capitalista, que no tiene nada bueno para ofrecer, salvo hambre, miseria y guerras.
Milei, en el gobierno, pero no en el poder
Los marxistas entendemos que gobierno y poder no son lo mismo, ya que este lo ejerce la clase social que domina al resto, que en esta sociedad es la de los capitalistas. El gobierno es la junta que administra los intereses de esta gente o de una fracción de la misma. El nuevo gobierno tendrá la particularidad de ser no solo empleado de los capitalistas, sino un subordinado a los gerentes del FMI y las patronales.
Milei asumirá su gestión con un poder ejecutivo extremadamente endeudado. Lo sabe, como sabe que parte de esa deuda la tomó su principal socio gubernamental, Mauricio Macri. Hablando de deudas, el libertario también sabe, que está endeudado con el ex presidente y su aparato, no solo por la
fiscalización y los votos que pudo haber aportado,
sino porque ahora dependerá de su partido y de varios de sus cuadros para garantizar cierto grado de gobernabilidad.
La administración del Estado requiere miles de personas en puestos, que en algunos casos necesitan contar con cierta capacidad o conocimientos, que la mayoría de los dirigentes de La Libertad Avanza no tiene. Por eso, para ocupar cientos de lugares en los ministerios y cargos administrativos de primer orden, Milei deberá apelar a Macri. Esto significa que el próximo gobierno pertenecerá, en un porcentaje importante, al PRO.
Con un discurso de tono forzadamente moderado, el presidente electo cometió un fallido que pone en evidencia la debilidad con la que inicia su gestión, ya que se refirió a Macri como “presidente”. “Gracias al presidente Macri y a la señora Bulrrich, que desinteresadamente pusieron el cuerpo para defender el cambio que la Argentina necesita”[1].
No solo el apoyo del macrismo es un préstamo que
deberá retribuir, también los votos recibidos lo son. No en el sentido que
generalmente se le otorga al sufragio, como un mandato popular, -eso es una
falacia- sino porque esos votos fueron un mensaje de una parte de
la sociedad, principalmente de su clase trabajadora, que se expresó contra el ajuste actual, la inflación desbocada, la caída
salarial, el aumento de los servicios, etc.
El mensaje electoral ha sido más que clar: la mayoría de la sociedad no tolera esta situación y, por ende, no tolerará un ajuste aún mayor que el actual. Milei pudo haber interpretado el mensaje, aunque sabe que no puede cumplir
con esa demanda, porque, como fiel representante de los capitalistas, está obligado a ajustar. ¡No le queda otra si es que realmente quiere cumplir con el FMI y los grandes monopolios a los que pretende servir!
Sin votos y aparato propios, Milei será el presidente de un gobierno dirigido por Mauricio Macri, como Fernández lo fue de Cristina, como dice el tango una sombra ya pronto será”. Gobernar en medio de una crisis como la actual, sin mayorías legislativas ni gobernaciones propias, y con la mayoría de la clase obrera y el pueblo cansado de pagar la crisis capitalista, es una tarea difícil, incluso para un gran estadista o un político experimentado. ¡Queda claro, que el presidente electo no tiene ninguna de las dos condiciones!
[1] https://www.lanacion.com.ar/politica/elecciones-2023-las-frases-mas-destacadas-del-primer-discurso-de-javier-milei-como-presidente-electo-nid19112023/

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