Por Damián Quevedo
El gobierno entrante volvió a abandonar sus “principios”. Después de acusar a Lula de corrupto y jurar que no tendría
relaciones con el líder del PT y otros "comunistas", envió a su futura canciller a reunirse con su
par brasileño, para recomponer la relación bilateral. Para eso contó con la
intermediación del actual embajador Daniel Scioli, quien, de acuerdo a versiones
bastante confiables, seguiría al mando de la delegación diplomática en el país
vecino.
Diana Mondino,
futura canciller del gobierno de Javier Milei, viajó en secreto a la capital de
Brasil, Brasilia, para reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores de ese
país, Mauro Vieira, según adelantó el diario O Globo. Luego ella misma confirmó
ese encuentro con una foto y se sumó más tarde una imagen que posteó el actual
embajador en ese país, Daniel Scioli, para darle la bienvenida.
Todos son
signos de que los libertarios le bajaron el tono a las fricciones que el propio
Milei había iniciado con el presidente brasileño, Luis Inácio “Lula” da Silva,
cuando dijo que no tendría relaciones con el vecino país porque su mandatario
era “comunista y corrupto”. Algo que parece haber quedado atrás en esta
transición[1].
Como ya lo venimos señalando, si fuese necesario el
libertario entablará relaciones con Cuba, Corea del Norte o cualquier dictadura
estalinista, porque los vínculos ínter gubernamentales
no dependen de cuestiones ideológicas sino de los negocios capitalistas. Una buena
parte de las empresas de nuestro país dependen del flujo comercial con Brasil y
los BRICS, que constituyen los principales mercados para la producción local, con
lo cual es inviable una ruptura.
Brasil es el
principal socio comercial de la Argentina y un socio clave también en el
Mercosur. Fue el destinatario del 14,3% de las exportaciones argentinas en 2022
y del 18,7% de las compras argentinas. En lo que va de 2023, se exportó por
US$6746 millones y se importó por US$11.217 millones.
Se trata de un
mercado clave para la industria automotriz argentina, ya que existe un acuerdo
de complementariedad. Según datos de la Asociación de Fabricantes de
Automotores (Adefa), el acumulado de enero a julio de este año en la producción
de automóviles y comerciales livianos es 345.031 unidades; se exportaron
180.707 y solo a Brasil 111.877, es decir, casi el 62% de la producción, algo
que no debería ponerse en riesgo por las trabas a la importación[2].
Este nuevo viraje, que demuestra la existencia de una
gran contradicción entre las promesas de campaña y los hechos, pone de
manifiesto que el gobierno de Milei no podrá implementar ni una pequeña parte de lo
que dijo en su plataforma electoral. No va a dolarizar ni cerrar el Banco
Central, ni tampoco podrá reducir las áreas del Estado que prometió podar con la “motosierra”.
En ese sentido, el posible titular del Conicet en el nuevo Gobierno de Javier Milei,
Daniel Salamone, negó el cierre del organismo y aseguró que orientará "la
investigación en las áreas que necesita el país"[3].
Recordemos, que, tiempo atrás, los
dirigentes de Avanza la Libertad hablaban de acabar con este organismo.
Ni las fracciones más grandes de la burguesía local,
ni del imperialismo, pretenden esa clase de ajuste, porque necesitan que funcione
el Estado a su servicio, pero, también, porque una política de estas
características terminaría en un estallido social que puede poner en riesgo la
gobernabilidad y los negocios del capitalismo.
Más allá de esto, Milei tratará de profundizar el actual ajuste, para lo cual contará con el apoyo del peronismo. La reaparición de Daniel Scioli, "mediando" entre Lula y Milei, es una clara expresión de esta perspectiva. La supuesta "lucha contra el fascismo" de Unión por la Patria quedó atrás, porque a la hora de defender los intereses patronales, peronistas, radicales, libertarios, macristas y demás se ubican del mismo lado del mostrador.
Para eso, Milei ya incorporó a varios ex funcionarios de estos partidos a su gabinete. Uno de ellos, que asumirá como ministro del interior, es Guillermo Francos, un íntimo amigo de Scioli que formó parte de todos los gobiernos kirchneristas. Milei cuenta, además, con el apoyo -explícito o implícito- de la burocracia sindical peronista, que declaró una tregua, para que el nuevo gobierno pueda llevar adelante sus políticas antiobreras sin grandes complicaciones.
El activismo combativo debe hacer lo que no harán estos burócratas: unir a todos los sectores dispuestos a pelear en serio contra el ajuste a través de un Centro Coordinador de la Resistencia, que se apoye en cientos de asambleas por lugar de trabajo y coordinadoras locales. En esos organismos democráticos habrá que discutir y votar las medidas de acción directa que serán necesarias para derrotar las
políticas del nuevo gobierno y un Plan Obrero
Alternativo.
La clase trabajadora va a pelear con dureza, porque el ajuste la obligará a enfrentar al nuevo gobierno, pero lo hará con mucha más convicción si cuenta con una estrategia propia. De allí la necesidad
de contar con un plan independiente que se proponga dejar de pagar la deuda externa y expropiar las grandes empresas capitalistas -industria,
servicios, bancos, comercio exterior- para hacerlas funcionar bajo el control de
sus propios trabajadores.
[1] https://www.lanacion.com.ar/politica/diana-mondino-viajo-en-secreto-a-brasil-para-reunirse-con-el-canciller-de-lula-nid26112023/
[2]
https://www.lanacion.com.ar/economia/comercio-exterior/que-relacion-comercial-tiene-la-argentina-con-los-paises-del-bloque-nid31082023/

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