viernes, 17 de noviembre de 2023

Cualquiera que gane este domingo, asumirá con absoluta debilidad ¡Debilitémoslo aún más, votando en blanco o anulando el voto!

Por Damián Quevedo

Los dos candidatos patronales cerraron sus campañas, Milei en Córdoba ante una multitud y Massa en una escuela, en la que insistió con la campaña del miedo. Los números de la mayoría de las encuestas le siguen dando unos puntos arriba a La Libertad Avanza, con un margen menor después del debate, pero aún arriba del oficialismo. 

El peronismo está tratando desesperadamente de dar vuelta esta tendencia, en una situación bastante difícil, por lo tanto, no sería extraño que recurra al fraude en varias secciones electorales, algo habitual en la historia de la “democracia” capitalista, ya que, si algo no tienen sus representantes, son escrúpulos. Pero, más allá de quien gane, la realidad es que ninguno de los dos candidatos podrá sacar al país de la crisis. 

Tan pronto como en enero, además, el nuevo gobierno enfrentará vencimientos en moneda extranjera por US$3983 millones: US$1945 millones con el FMI, y US$1579 millones por bonos en poder del mercado. Se trata de una millonada para un Gobierno que llegará a diciembre con reservas netas negativas, con un acuerdo con el FMI caído, y sin acceso a los mercados de deuda. 

A esto se suman, según datos de Facimex, vencimientos de obligaciones de deuda emitidas por empresas privadas por casi US$1500 millones de acá a abril. Una devaluación no sólo pone en jaque a los consumidores, sino que tiene a varias grandes empresas -entre ellas, YPF- en alerta. Quien quiera que gane el domingo deberá desarmar una bomba. Tocar el cable equivocado en el momento equivocado puede ser mortal[1]. 

El que asuma, junto con esta gravísima situación económica, tendrá una pasmosa debilidad política. Por una parte, porque es muy probable que la asistencia al sufragio sea baja, pero también, porque la banda de delincuentes que gane se tendrá que sostener en base a una coalición inestable, con muchas contradicciones internas. En el caso de Milei, una alianza aún más débil, organizada pocos días antes del balotaje. 

Esto hará imposible la gobernabilidad, con una situación económica cada día más crítica y sin ningún espacio político para ir a fondo con las duras medidas de ajuste que pretenden los grandes capitalistas. La cuestión de fondo es, si Milei gana, quién o quiénes lo acompañarán para llevar adelante sus políticas antiobreras y antipopulares, que en poco se diferencian de las que pretende imponer, más bien profundizar, Massa. 

No es una cuestión menor, ya que los capitalistas no solo quieren avanzar sobre los salarios y conquistas obreras, sino que necesitan hacerlo sin que se modifiquen los aspectos esenciales que hacen al funcionamiento del actual régimen. Esto será muy difícil de lograr, para uno u otro candidato, ya que, para ir con todo por estos objetivos, el nuevo presidente tendrá que recortar libertades y reprimir a mansalva, algo que preanunció uno de los laderos de Milei, el hijo del genocida Bussi. 

Por todo esto, la clase obrera tiene que debilitar, desde ahora mismo, al nuevo gobierno, rechazando -con el voto en blanco o nulo- a los dos candidatos, y, en ese marco, prepararse para los próximos combates, que serán decisivos. Para encararlos con éxito, deberá contar con una nueva conducción, sindical y política, porque el peronismo hace rato que se pasó al otro lado del mostrador, actuando como capataz de las patronales. 



[1] La Nación 16/10/2023

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