Por Damián Quevedo
La perspectiva inmediata para quien asuma la
presidencia, es más que preocupante, ya que además de la exorbitante deuda -tanto
con el FMI como con China- hay síntomas claros de estancamiento de la industria.
Esto sucede principalmente en la agro industria, que es la de mayor
productividad y la que ha sostenido a los capitales más chicos desde hace
décadas.
La molienda de
soja alcanzó solo 1,9 millones de toneladas en septiembre pasado y tuvo el peor
registro para ese mes en lo que va del siglo, según advirtió la Bolsa de
Comercio de Rosario (BCR). En rigor, se trata de la molienda más baja en 22
años para este mes, producto de la sequía que azotó a gran parte de la región
de la zona núcleo y repercutió en el “escaso” volumen de cosecha de la
oleaginosa y, por ende, se sintió de lleno en la agroindustria.
Por otra
parte, en la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el
Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC) informaron que la industria
sigue en su peor momento con una fuerte caída. La molienda acumulada entre
enero y septiembre fue de 21,453 millones toneladas, versus 29,600 millones en
2022 y 33,200 millones en el 2021. Una caída de 8,147 y 11.747 millones
toneladas, respectivamente[1].
Esto implica un descenso del flujo de dólares que
ingresan al Estado, vía retenciones, con las consecuencias que esa merma de
ingresos trae en relación a la deuda externa, ya que acelera la posibilidad de un
default. Por otro lado, esa reducción tiene repercusión en otros sectores de la
industria que son apalancados por el Estado, vía subsidios, directos o
indirectos.
A raíz de esta realidad, la recesión en esta rama de
la producción arrastrará a otras fracciones de la industria, aquellos capitales,
que, más allá de su volumen, no pueden subsistir sin esa transferencia de parte
de la plusvalía extraída a los obreros de la agroindustria.
Quien asuma a partir de diciembre, se encontrará con
un país económicamente estancado y una inflación fuera de control, un proceso
que los economistas llaman estanflación, estancamiento con inflación. Además, el
nuevo presidente gobernará con una deuda pública imposible de pagar (lo que
restringirá la capacidad de endeudamiento futuro) en un contexto mundial de
crisis.
Este panorama se asemeja al que existió durante las
crisis del 89 y del 2001, con la diferencia de que, ahora, el contexto
internacional es desfavorable, ya que no existe ninguna potencia que oficie de
locomotora de un ciclo de expansión, como lo fue el imperialismo chino de las
últimas décadas.
Por esto, la clase obrera debe prepararse para grandes combates, ya que gane quien gane estará obligado a implementar un durísimo plan de ajuste, que es la única forma que tienen los capitalistas de resolver sus crisis.
En ese marco, tanto Milei como Massa, adhieren al programa económico
del FMI, que propone seguir bajando la capacidad de comprar de los salarios y
un aumento exorbitante de la súper explotación obrera, mediante la imposición
de pautas de flexibilización y precarización laboral nunca vistas.
[1] https://www.lanacion.com.ar/economia/campo/el-peor-del-siglo-la-principal-industria-del-pais-tuvo-un-septiembre-negro-nid06112023/

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