Por Claudio Colombo
Jorge Capitanich, uno de los referentes importantes del kirchnerismo,
acaba de perder las elecciones en Chaco. Esta derrota, que profundiza la tendencia
general, ya que es la sexta provincia que el peronismo pierde, preanuncia la
más que segura catástrofe electoral que se avecina en términos nacionales para
el peronismo.
A la derrota de Capitanich frente al radical Leandro
Zdero -que no estaba en las previsiones ni estimaciones de los encuestadores-
se le suma la caída previa de los gobiernos de Omar Perotti, en
Santa Fe; Alicia Kirchner, en Santa Cruz; Mariano Arcioni,
en Chubut; Alberto Rodríguez Saá, en San Luis; y Sergio
Uñac, en San Juan. (Infobae,
18 de setiembre)
El movimiento de masas castiga al oficialismo con votos provinciales para las listas de Juntos por el Cambio y para Milei, en términos generales. Una demostración de que
los millones que rechazan al PJ no están casados con otra opción
política. Lo que existe es un enorme vacío político, que la izquierda
revolucionaria debe jugarse a llenar, a pesar de que, hasta el momento, no supo ni pudo
hacerlo.
En octubre, los partidos del FITu tienen que aparecer como una opción distinta a la que encarnan las distintas variantes
del capitalismo local. Pero, más allá de lo que suceda en estas elecciones, los y las
revolucionarias deberán jugar un papel de vanguardia en las luchas que explotarán
contra el ajuste del próximo gobierno, de manera de
conquistar el liderazgo de amplios sectores de las masas.
La izquierda tendrá la oportunidad de disputarle la
dirección de la clase trabajadora a los burócratas peronistas, porque estos, como siempre, continuarán actuando como tapón de las luchas. La mayoría, más o menos explícitamente,
seguirá el camino de Barrionuevo y Gerardo Martínez, que ya están transando con
Milei, de manera de quedar bien parados frente al recambio presidencial.
Para avanzar en ese sentido no alcanza con marchas testimoniales a la Plaza de Mayo o declaraciones combativas, será necesario impulsar en serio la construcción de una nueva dirección obrera que organice las luchas parciales y apueste con todo a su unificación regional y nacional, a través de un Centro Coordinador de las luchas. Desde CS nos ponemos a disposición de esta tarea, que tiene un carácter estratégico.

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