Por Juan Giglio
La candidatura de Juan Grabois fue impuesta por el PJ para
contener por izquierda la fuga de votantes provenientes de los sectores
progresistas ligados al ex Frente de Todos. Queda claro que es una jugada al
servicio de Massa, ya que Grabois no presenta candidatos en el resto de los
rubros electivos y buena parte de sus referentes principales van en todas las
boletas del peronismo oficial.
Sin embargo, y más allá de esta maniobra, todavía tiene cierto peso
un argumento por el cual cientos de honestos militantes de base están
discutiendo la posibilidad de votar a Massa, aunque “tapándose la nariz”. Estos compañeros y compañeras,
que asumen el carácter pro imperialista del súper ministro, piensan honestamente que lo “peor que
le puede ocurrir a la clase trabajadora y al pueblo es otro gobierno de Juntos
por el Cambio”.
De acuerdo a este razonamiento existirían diferencias
cualitativas entre las políticas “neoliberales” del frente fundado por Macri y las
del peronismo liderado por Cristina Fernández de Kirchner, algo parecido a las
que existen entre una dictadura y un régimen democrático. Desde nuestro punto
de vista, este es un argumento tan mentiroso como equivocado, ya que ambas
formaciones capitalistas defienden los mismos intereses con métodos parecidos.
Esto lo han aclarado varios representantes del capitalismo
local o del propio FMI, que declararon su satisfacción en cuanto a la
presentación de los cuatro candidatos principales, ya que todos ellos “defienden
políticas de mercado”. Aunque estas definiciones son importantísimas, los
luchadores y las luchadoras que tienen ciertas expectativas con el peronismo,
deben tener en cuenta que sus gobiernos han ido más a fondo contra las
conquistas obreras que el propio Macri.
No porque Macri no lo haya querido, sino porque el PJ ha
contado con una estructura más fuerte y mejores condiciones políticas para
implementar -entre otras políticas- un avance histórico de medidas al servicio
de la flexibilización y precarización laboral. Entre los trabajadores bajo
convenio, esta línea se concretó a través de las paritarias o los acuerdos por
empresa, siendo los burócratas peronistas los encargados de implementarla.
Por otra parte, la precarización avanzó como nunca, con la organización de cuadrillas de decenas de
miles de laburantes que cobran planes sociales y ocupan los puestos que
antes realizaban compañeros y compañeras municipales encuadrados en los convenios de
distintos gremios, como el propio muncipal o el de los camioneros. Fueron y continúan siendo vanguardia de esta
reconversión laboral ultra reaccionaria, la provincia de Buenos Aires y todas las que
están conducidas por el PJ.
Estas medidas anti obreras forman parte de la agenda que se discute en las distintas reuniones entre funcionarios “nacionales
y populares” el FMI y los representantes de las grandes potencias. La otra política
estratégica, que negociaron Massa y sus antecesores, tiene
que ver con la entrega de los recursos a las patronales extractivistas.
¡Ningún gobierno, ni siquiera la dictadura, ha permitido semejante saqueo
por parte de las megamineras, situación que se llevó hasta el límite en
las provincias comandadas por caudillos del PJ, como Catamarca o La Rioja!
Ni qué hablar de la apertura del mercado nacional a las
grandes productoras de semillas transgénicas o agrotóxicos, que son las
verdaderas dueñas del agro. Cristina negoció directamente con Monsanto, de la
misma manera que lo hizo con Peter Munk, dueño de la Barrick Gold y los CEOs de
Chevron, cuando impuso el acuerdo con esta multinacional, para entregarle buena parte de Vaca Muerta. Este negocio fue denunciado por las comunidades mapuche
de Neuquén y una infinidad de organizaciones sindicales y sociales.
En cuanto a la represión, el peronismo, que tiene al “Rambo”
de Kicillof, Sergio Berni, como uno de sus principales
estrellas, fue más a fondo que el macrismo, por la misma razón que
planteamos al principio: cuenta con una estructura más entrenada y la colaboración de la burocracia sindical. Ejemplos de estos hay a
montones, basta con recordar el desalojo violento de cientos de vecinos que
tomaron tierras en Guernica por parte de Berni, o la represión de docentes y
ambientalistas en Chubut por parte del gobernador Arcioni.
Pero si para “muestra basta un botón”, este gobierno, el de
Alberto, Cristina, Kicillof y la “Cámpora”, hizo lo que ni la mismísima
Bullrich se hubiese atrevido: legalizó la participación de tropas del ejército para
custodiar a las empresas extractivistas en aquellas zonas que se definieron
como “estratégicas”.
Las Fuerzas Armadas
argentinas están preparando un nuevo despliegue de tropas y equipamiento hacia
zonas de “valor estratégico” para la matriz económica dominante. Así lo
anticipó el jefe del Estado Mayor Conjunto, Juan Martín Paleo, quien reveló que
se han diseñado “ocho planes de campaña” para reubicar a las fuerzas militares
en función de los intereses nacionales.
Entre las áreas
incluidas en la hoja de ruta de los uniformes se encuentran Vaca Muerta, el
complejo industrial y de comunicaciones de Bahía Blanca y el Atlántico sur.
Estas zonas son consideradas como “fronteras a través de las cuales ingresan
divisas al país” y requieren de una mayor presencia y protección militar. Paleo
también mencionó a los yacimientos donde se explota el litio como otro punto
estratégico para el desarrollo nacional y que también se vería alcanzado por el
nuevo despliegue militar preestablecido.
El militar brindó
estos detalles en el marco de un ciclo de debates que se vienen llevando a cabo
para el desarrollo del Libro Blanco de la Defensa Argentina 2023. Se trata de
un documento que busca definir los lineamientos y objetivos de la política de
defensa nacional para los próximos años. (El Patagónico, 27 de marzo 2023)
El peronismo es el partido del “órden”, papel que jugó en varias épocas de nuestra historia, como cuando impuso la intervención militar a través del Operativo Independencia en Tucumán, un ensayo que después se convirtió en golpe de Estado,el 24 de marzo de 1976. No casualmente, la Triple A, creada
por Perón para "masacrar a la juventud maravillosa", se incorporó a las filas de las patotas militares que secuestraron,
torturaron y asesinaron a miles de luchadores y luchadoras.
Varios años después, fue Menem quien completó la tarea, al privatizar la mayoría de las empresas estatales y liquidar buena parte de las conquistas
obreras. El trabajo del “riojano más famoso” fue seguido por el kirchnerismo, que aprovechó el “viento de cola” chino, para dar algunas consesiones que le sirvieron para tapar la implementación de la más brutal precarización laboral y la entrega de los recursos a las patronales
extractivistas.
El gobierno de Alberto no hizo más que continuar la “obra”
de sus antecesores, aquella que Macri, por debilidad, no pudo llevar a fondo. Hoy, el salario obrero, debido al impuesto inflacionario, cayó a niveles nunca
vistos, mientras que la mayor parte de la clase trabajadora cumple sus tareas
en total y absoluta informalidad. El súper ministro Massa es quien mejor
representa esta orientación, razón por la cual Cristina y el FMI lo impusieron
como candidato presidencial.
Los luchadores y las luchadoras que piensan que “hay que
frenar a la derecha” votando al PJ con la “nariz tapada”, deben asumir que la
derecha gobierna hace mucho tiempo, con la alternancia entre
macristas y peronistas, que en casi nada difieren a la hora de defender a sus
jefes patronales. Estos honestos compañeros y compañeras, mayoritariamente
jóvenes, deben romper con el peronismo y comenzar a construir una
alternativa revolucionaria, en unidad de acción con la izquierda clasista.
Esto no implica, necesariamene, que deban sumarse al FITu, sino poner en pie una organización que articule con los partidos que lo integran y aporte sus propias propuestas e ideas. Este paso, que debe comenzar con la discusión
del programa -con un carácter antiimperialista y socialista- será, en caso de concretarse, un hecho político significativo, ya que les mostrará el camino a otros compañeros y compañeras
que aún no se han decidido a pegar ese salto.

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