viernes, 16 de junio de 2023

El Congreso de los Pueblos Libres de junio de 1815 declaró la independencia, boicoteada en 1816 en Tucumán

Artigas presidiendo el Congreso de los Pueblos Libres, o del Arroyo de la China el 29 de junio de 1815

Por Ernesto Buenaventura 

El Congreso de los Pueblos Libres, de Oriente o del Arroyo de la China, reunido el 29 de junio de 1815 en Concepción del Uruguay -provincia de Entre Ríos- constituyó la primera y más progresista declaración de independencia del Río de la Plata. Bajo la conducción de Artigas, participaron allí los delegados de las provincias “federales”, como Banda Oriental -Uruguay-, Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, a los que se agregaron varios de una parte de Córdoba.
Aunque las actas se perdieron, se sabe que una de sus resoluciones fue declarar la “independencia no solo de España sino de todo poder extranjero”, y que las Provincias Unidas debían organizarse “según el sistema republicano y federal”.
De esa manera se materializaban algunas de las “instrucciones” encomendadas por Artigas a sus delegados, cuando estos viajaron a la Asamblea del Año XIII en Buenos Aires, de donde fueron expulsados por los representantes de la oligarquía porteña y sus aliados. Por esto no es casual que en 1814 el Director Supremo Gervasio Posadas -el mismo que envió a Manuel Belgrano a España para negociar una salida negociada con el imperio- haya declarado “traidor” a Artigas.
Las resoluciones revolucionarias del Congreso de los Pueblos Libres
La elección de los delegados al Congreso del Arroyo de la China se regía por una circular en la que se imponía -por primera vez en la región- el voto universal sin distinción de clases, un método opuesto al del elitismo de las “clases decentes” del puerto de Buenos Aires. ¡Es necesario aclarar, que en aquellos tiempos no existía el método del sufragio universal en ninguno de los países más “avanzados” y “democráticos” del mundo, como Estados Unidos, Francia o Inglaterra!
Consecuentemente con las resoluciones del Congreso 1815, Artigas decretó el 10 de setiembre de ese mismo año el “Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados”. Este fue el primer intento de reforma agraria latinoamericano, ya que promovía la confiscación de propiedades de los “malos europeos y peores americanos”, para distribuirlas entre las bases populares que constituían la fuerza del artiguismo.
El artículo sexto decía: “En consecuencia los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia, si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad, y a la de la Provincia”. Para dar cumplimiento a lo dispuesto se debían repartir las propiedades en parcelas de legua y media junto con cuatrocientas cabezas de ganado a cada favorecido, con la prohibición de revender y la obligación de montar el establecimiento rural en dos meses.
Guerra de la oligarquía porteña contra Artigas 
Estas medidas revolucionarias fueron rechazadas por la mayoría de las conducciones políticas porteñas, que no querían ni la total y absoluta “independencia” ni la reforma agraria, ya que estas perjudicarían a la burguesía comercial y a la oligarquía ganadera. Los sectores más acomodados de Buenos Aires, relacionados al comercio, la especulación financiera y la ganadería, querían desentenderse de España, pero para negociar con Inglaterra, cuyo poder político, militar y económico crecía en desmedro del viejo imperio español.
Artigas representaba un peligro enorme para sus ambiciones. Por esta razón, luego de las sesiones del Congreso de la “Independencia” -en agosto de 1816- se produjo la segunda invasión portuguesa a la Banda Oriental, pactada en secreto con los “patriotas” de Tucumán. El objetivo de la incursión no era otra que el de acabar con el artiguismo y sus pretensiones revolucionarias. Luego de una guerra extremadamente violenta y plena de traiciones, el caudillo oriental fue derrotado en 1820 y obligado a exilarse en Paraguay.
Tucumán, lejos de las influencia revolucionarias
El Congreso de 1816 fue convocado por el Directorio -controlaba las provincias desde Buenos Aires- que se decidió por Tucumán porque además de ser “neutral” para los caudillos del interior quedaba lejos de la influencia de Artigas. En ese contexto, las provincias que habían participado en el Congreso de 1815 no enviaron representantes, salvo Córdoba. En cambio, se invitó al Alto Perú (actual Bolivia) que estaban en manos de los realistas.
Para asegurar una mayoría favorable a los intereses porteños, muchos delegados del norte eran exiliados que vivían en Buenos Aires. El caso más emblemático fue del porteño Pueyrredón, que luego de actuar como representante de San Luis fue elegido Director Supremo. Tan poco consecuentes eran estos personajes, que la primera declaración de Independencia era solo de España y sin decir nada en relación a cualquier otra potencia extranjera, como sí lo había resuelto el Congreso de 1815 presidido por Artigas.
Es que varios de los protagonistas de Tucumán estaban pensando en anexar al naciente país a España o incluso, a Portugal, que eran las dos potencias imperialistas que disputaban el poder y los negocios del conjunto de la región. Las presiones de algunos delegados, como los de Cuyo -donde estaba organizándose el ejército libertador de San Martín- impusieron que este “detalle” se terminara corrigiendo el 19 de julio, cuando se le agregó a las actas la frase “independiente de toda dominación extranjera”.
Una burguesía débil y dependiente 
Estos hechos expresan la inconsecuencia de una burguesía “nacional” incapaz de luchar en serio por la independencia. Una clase muy débil, que se vio obligada a declarar la “Independencia” no para liberar a la patria sino para cambiar las cadenas de la dominación española por otras: las del imperialismo Inglés y Yanqui, sucesivamente. La historia de nuestro país tiene mucho que ver con esta marca de nacimiento, ya que nunca pudo desarrollarse un fuerte capitalismo autóctono, como en Estados Unidos o algunos países de Europa, dispuesto y capaz de impulsar el desarrollo independiente de la industria, la ciencia y la tecnología.
Este límite, debido a razones materiales muy bien explicadas por Milcíades Peña en su “Historia del Pueblo Argentino”, hizo que la independencia -que figura en las actas del Congreso de Tucumán- no fuera más que una declamación abstracta. La tarea de concretar la Liberación Nacional para frenar el saqueo de los recursos naturales y riquezas, de manera de ponerlos al servicio de la mayoría de su pueblo, está más vigente que nunca, ya que la continuidad de la dominación imperialista significa la profundización de las políticas de hambre, ajuste y explotación, aplicadas por los gobiernos cipayos.
Queda claro que no serán los representantes de la casi inexistente “burguesía nacional” quienes podrán llevar adelante ese objetivo, ya que hoy, más que nunca, están subordinados a los intereses de los dueños del mundo, que son más poderosos y peligrosos que antes. Solo la clase trabajadora -con sus métodos y organización independiente- está en condiciones de consumar semejante desafío, liderando al conjunto de los/as explotados/as y oprimidos/as e imponiendo su propio gobierno, apoyado en modernos “Cabildos Abiertos” o asambleas populares desde las cuales las masas ejerzan la democracia directa.

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