Por Juan Giglio
El apagón
generalizado fue el marco justo para el discurso de Alberto, ya que el corte
abrupto de la electricidad, que afectó a millones, puso de manifiesto la crisis
terminal en la que se encuentra el capitalismo semi colonial argentino,
situación que el presidente, con su pésima gestión, no ha hecho más que
profundizar.
Por esa
razón, todas las “obras” que reivindicó pasarán a la historia como parte del
humo que vendió a lo largo y a lo ancho de su mandato, ya que nada de lo que
hizo sirvió para elevar la calidad de vida de la mayoría del pueblo, que vive
cada vez peor, sufriendo, entre otras calamidades, la falta de luz y agua cada
vez que las temperaturas se vuelven extremas.
Por otra
parte, Alberto salió a pegarles a sus rivales de la interna peronista, tratando
de mostrar una fuerza que no tiene, de manera de posicionarse para una eventual
reelección. ¡La situación del resto de sus compañeros y compañeras del Frente
de Todos es tan mala, que, a pesar de que su gobierno está “atado con alambre”,
Alberto sacó pecho dentro de la interna partidaria!
Queda claro
que se aproxima una verdadera catástrofe electoral para el oficialismo,
catástrofe que probablemente también afecte a la principal fuerza patronal de la
oposición, Juntos por el Cambio. Es por eso que avanzan en las encuestas personajes
estrafalarios, como Milei, que serán, seguramente, una expresión del voto
castigo que prima en este tipo de circunstancias.
La izquierda, si se lo propone, puede ser un canal a través del cual el movimiento de masas no sólo “castigue” a los de arriba,
sino que, además, comience a buscar un rumbo revolucionario, una perspectiva
socialista. Para eso, los partidos que integran el Frente de Izquierda deben presentarse
frente a la clase trabajadora con decisión y audacia, demostrando que nada
tienen que ver con la política burguesa tradicional, el régimen y todas sus
podridas instituciones.
Los partidos que se reclaman socialistas deben aprovechar las elecciones para convocar a los trabajadores y al pueblo a rebelarse contra el capitalismo y sus agentes, convocando a luchar por una verdadera y profunda revolución social, que imponga un gobierno de los que nunca gobernaron, los trabajadores y el pueblo pobre. ¡El capitalismo no tiene cura, debe ser liquidado por la movilización de los y las de abajo!
Hay que reestatizar las empresas energéticas, bajo control de sus trabajadores
Millones de habitantes de todo el país se vieron afectadas por un tremendo corte del suministro eléctrico, que provocó la falta de luz y agua potable, en medio de las temperaturas más altas en décadas. Ante esta situación, que se repite año tras año, pero que es cada vez peor, el gobierno, ya ni siquiera volvió a amenazar a las empresas con la posibilidad de sacarle la concesión, imponerle multas u otras sanciones. ¡Sergio Massa, para tratar de cubrir la crisis en el sector, salió a denunciar un supuesto "atentado!
Massa, como representante consecuente de los intereses capitalistas más concentrados, trató, con esa denuncia, de tapar el cielo con las manos, ya que Edesur y las otras empresas del sector son responsables directas de lo que ha sucedido, porque, a pesar de las enormes fortunas que ganaron desde la privatización, no han invertido prácticamente nada. Ninguna de estas ha puesto un mango en la modernización de sus estructuras, sino que se dedicaron a saquear los bolsillos del pueblo aprovechando su situación.
“Hay conexiones de la década de 1940, 1950. Con Edesur y Edenor un poco se modernizaron, pero con parches”, agrega Bassano, partidario de avanzar en una rápida estatización de Edesur, que al igual que Edenor tiene la concesión del servicio hasta 2087[2]. ¡En ese marco, entre enero y septiembre de 2022, Edesur obtuvo ganancias por 5011 millones de pesos, un ingreso incluso anterior a los tarifazos de este año! Esto da cuenta de la connivencia entre las empresas y el Estado, que bajo el capitalismo está al servicio de los grandes monopolios.
La única solución posible a esta crisis energética, es que las empresas de distribución eléctrica sean reestatizadas y puestas a funcionar bajo el control de sus trabajadores y comisiones de usuarios de los barrios obreros y populares, que son los principales afectados por las trapisondas de las privatizadas. De esa manera, y con fondos provenientes del no pago de la deuda externa e impuestos a las grandes empresas, se podría planificar un desarrollo del sistema de distribución de energía al servicio de la sociedad y no en beneficio del capital.
[2] Página12 13/02/2023

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