Que el FITu y otros partidos de izquierda pongan en pie un Comité de Solidaridad con el pueblo chino que lucha contra la dictadura del PCch


Por Comité Ejecutivo de Convergencia Socialista

La revuelta de más de 200.000 trabajadores de la fábrica de iPhone más grande del mundo (Foxconn), en Zhengzhou, abrió las puertas de una nueva situación política y social en China, luego de que millones vieran y se conmoviera por lo sucedido a través de las redes sociales, a pesar de los intentos de censurar la información por parte de los funcionarios de la dictadura del Partido Comunista Chino.

Otra elemento que golpeó la consciencia del movimiento de masas del gigante asiático, ha sido el comienzo del Mundial de fútbol en Qatar. La vista de grandes multitudes sin máscaras o restricciones visibles de Covid hizo que algunos preguntaran “¿China está en el mismo planeta?” (Li Yong y Vincent Kolo, chinaworker.info)

Esta situación de odio profundo y generalizado hacia el régimen, debido a las restricciones draconianas impuestas con la supuesta finalidad de “combatir al Covid”, explotó entre los días 26 y 27 de noviembre, con la movilización de cientos de miles de chinos y chinas en varias importantes ciudades y cerca de 85 universidades.

La gota que desbordó el vaso fue el incendio, con por lo menos una decena de víctimas fatales, en un bloque de apartamentos en un distrito de la etnia uigur de Urumqi, la capital de la provincia de Xinjiang. Urumqi es una ciudad donde esta etnia oprimida por el régimen stalinista, ocupa el 80 por ciento de la población.

Según informan fuentes de la resistencia china, los bomberos no llegaron a tiempo para apagar el fuego debido a las vallas erigidas para imponer el confinamiento. Las imágenes de video de personas que gritaban para que se abrieran sus puertas circularon ampliamente en la red antes de ser eliminadas por los censores. (Li Yong yVincent Kolo, chinaworker.info)

Diez personas, todas uigures, murieron en el siniestro, aunque muchos vecinos dicen que fueron más. Esto avivó aún más la ira pública y esa noche un gran número de ciudadanos de Urumqi, tanto uigures como han, rompieron las barreras contra la pandemia y marcharon hacia las oficinas del gobierno de la ciudad para protestar. (LiYong y Vincent Kolo, chinaworker.info)

La misma fuente indica que: En las últimas semanas, personas y trabajadores en lugares como Zhengzhou y Guangzhou rompieron las barreras pandémicas y se enfrentaron a la policía. En Chongqing, un video de jóvenes gritando “libertad o muerte” frente a las líneas policiales conmovió a mucha gente. Las protestas en Urumqi desencadenaron una ola que se extendió por todo el país en dos días, encendiendo la ira y el descontento.

En la noche del 26 de noviembre, los habitantes de Shanghái rompieron el cordón pandémico y marcharon por la calle Wulumuqi, que lleva el nombre de la ciudad de Urumqi, para rendir homenaje a las víctimas del incendio y desahogar su ira. Días después, la policía retiró todos los letreros de las calles de Wulumuqi Road como parte de sus medidas para evitar más protestas. La multitud en Shanghái se unió al grito de “¡Abajo el Partido Comunista! ¡Renuncia Xi Jinping!”.

También bloquearon físicamente los coches de policía y lucharon para liberar a los manifestantes que habían sido detenidos por la policía. Las manifestaciones continuaron durante todo el día y la noche del 27 de noviembre, y la gente exigía la liberación de los manifestantes detenidos. Además de Shanghai, estallaron grandes protestas en Beijing, Nanjing, Guangzhou, Chengdu, Wuhan y otras ciudades.

Desde 1989 no existen en China este tipo de movilizaciones, que tienden a profundizarse y extenderse a escala nacional, ya que los efectos de la crisis económica combinados con la durísima política represiva del régimen empujan a los trabajadores y al pueblo a pelear por sus reivindicaciones elementales insatisfechas, empezando por la más básica, que es su libertad.

Las protestas incluyen a trabajadores inmigrantes, estudiantes, minorías étnicas -como los uigures- y muchas mujeres jóvenes que están la vanguardia de las movilizaciones, que ya están superando las demandas “antibloqueo”, para convertirse en un amplio movimiento en contra de la dictadura del Partido Comunista y por la destitución de Xi Jinping.

Tanta fuerza tiene esta lucha, que desde el gobierno han lanzado una serie de promesas con el propósito de frenarla o quitarle fuerza. Sin embargo, el régimen tiene una larga  y nefasta historia de maniobras dilatorias como estas, cuyo único propósito es ganar tiempo, desmovilizar y confundir, para después reprimir de manera salvaje.

El movimiento de masas ha aprendido de otras experiencias, no dejándose engañar tan fácilmente. Por eso, una de las características que diferencia a esta ola de luchas con las anteriores, es un cambio hacia una oposición más explícita a la dictadura, con eslóganes directos contra el PCCh y Xi Jinping que se han adoptado ampliamente. Nuevamente, hay que recordar que esta es la primera vez que algo así ocurre desde 1989. (Li Yong y Vincent Kolo, chinaworker.info)

Las organizaciones de izquierda tienen que colaborar con esta gran lucha en contra de la dictadura de Xi Xin Ping, organizando movilizaciones de apoyo. Desde Convergencia Socialista hacemos un llamado a los partidos que se reclaman socialistas, comenzando por el Frente de Izquierda, a reunirnos de manera inmediata para poner en pie un Comité de Solidaridad con el pueblo en lucha de China, con el propósito de motorizar todo tipo de acciones solidarias.

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