Por Damián Quevedo
Los socialistas siempre denunciamos, que en la sociedad capitalista en la que vivimos, la democracia representativa no es otra cosa que una farsa, porque el verdadero poder no está en quienes votan sino en manos de una pequeña minoría privilegiada, los capitalistas, que ejercen una dictadura con formas democráticas, al servicio de sus mezquinos intereses de clase.
Por esa razón, el Estado, con todas sus instituciones y los partidos patronales, son instrumentos creados para defender las ganancias de las grandes empresas nacionales e internacionales. Esta realidad se torna irrefutable, cuando son los mismos funcionarios del gobierno quienes reconocen que están al servicio de las grandes multinacionales.
Esto acaba de hacer la ministra de salud,
Carla Vizzotti, al responderle a un reclamo de la oposición patronal por la
política de compras de "vacunas" para el Covid. Convencida de que la adquisición de vacunas en su gestión fue “absolutamente
transparente” pese a una situación de “compra extraordinaria” de dosis que
estaban en fase de investigación, Vizzotti justificó en radio La Red:
“En un marco extraordinario y con una negociación que requirió tener una ley que cambiara la modalidad de contratación, con todos los pasos seguidos, la Argentina cumplió y lo hizo con un pedido de confidencialidad de la industria farmacéutica. Si nosotros pudiéramos, sería lo mejor que nos podría pasar poder explicar y contar exactamente la negociación. No podemos por pedido de la industria farmacéutica[1].
La ministra dejó en claro que la industria farmacéutica está por encima del Estado nacional. La democracia representativa muestra su verdadera cara, la de una dictadura de los grandes capitalistas, que permiten la pantomima electoral haciéndonos creer que decidimos. Sin embargo son siempre ellos los que ejercen el poder, modificando o pasando por encima de sus propias leyes.
Esta realidad, señalada y demostrada magistralmente por Carlos Marx en el siglo XIX, es hoy mucho más cruda y evidente que en los inicios del capitalismo. Esto lo sabe y lo vive en carne propia la clase obrera, que desconfía cada vez más de todas las instituciones, comenzando por los partidos políticos y los sindicatos. Por esto, los de abajo tienden a organizarse por fuera de esos aparatos, en un proceso que aunque es lento y embrionario, avanza con firmeza.
El desarrollo de esta dinámica de democracia directa, debe ser abonado por los y las socialistas, comenzando por impulsar las asambleas de base, la columna de apoyo sobre la que se podrá construir una nueva sociedad -socialista- en la que no se “delegue” la representatividad a nadie, ya que la mayoría le ejercerá de manera directa.
[1] La Nación 01/12/2022

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