Por Damián Quevedo
En medio de la ilusión y la euforia por la final del mundial, contrastando con el ascenso y el éxito de la selección liderada por Messi, el gobierno nacional se sigue desmembrando lentamente. Como señalamos en notas recientes, el Frente de Todos no ha logrado capitalizar en absoluto la fiebre mundialista y los funcionarios más cercanos a Alberto Fernández escapan al derrumbe.
El asesor presidencial Alejandro Grimson, uno de
los integrantes del Grupo Callao convocados por Alberto Fernández el día uno
para que integrara su equipo de colaboradores estrechos, renunció anoche a su
cargo. Su dimisión se suma a otras salidas que se registraron en los últimos
meses y que profundizaron el goteo en el círculo de confianza del Presidente[1].
Esta salida, aunque no tuvo una gran repercusión, es parte de un proceso profundo de quiebre y fragmentación del peronismo. La renuncia, real o no, de Cristina Fernández a una candidatura hundió en las encuestas al partido gobernante. La vicepresidenta aún conserva la mayor intención de voto, dentro de los escasos porcentajes a los que aspiran todos los partidos patronales.
La salida de la jefa de la banda abrió una nueva pelea por la sucesión, con el ingrediente de que el FdT no tiene un candidato que mida bien en las encuestas. Alberto Fernández ya renunció a la idea de la reelección, Manzur apuesta a una candidatura propia y a unificar al peronismo. Mientras tanto, los de La Cámpora, que quedarían afuera de ese armado, especulan con la aparición de algún candidato del kirchnerismo de “paladar negro”…
No se encuentra mejor la oposición patronal, también atravesada por peleas internas, que si bien aún no llegan a los escándalos de Perú, parecen ir en ese camino. Macri intentó catapultarse con el mundial de fútbol, aprovechando sus contactos en la FIFA, pero los resultados le han sido, hasta ahora, adversos. El otro polo de Cambiemos, cuyo líder es Rodríguez Larreta y está siendo salpicado por la filtración de inteligencia sobre la reunión de jueces, políticos y empresarios en el sur, tampoco avanza.
Esta crisis permanente, a la que la situación económica aviva, debería ser aprobada por la izquierda, con denuncias de fondo contra un régimen político putrefacto y la necesidad de romper con todos los partidos patronales. Sin embargo, persiste incluso en partidos y organizaciones socialistas, un apoyo vergonzante al peronismo, en sus versiones más edulcoradas.
Como sucedió con la el proceso por corrupción a la corrupta vicepresidenta, ahora, nuevamente, desde el PTS y otros partidos de izquierda, en vez de diferenciarse rotundamente, han salido a repudiar la condena a 13 años de prisión impuesta a Milagro Sala, por asociación ilícita, como una persecución política.[2]
Este tipo de caracterizaciones lleva a la izquierda, a ser vista por la mayoría, que repudia todo lo que viene desde arriba, como ladera del progresismo vernáculo o algo muy parecido al kirchnerismo. Ensalzar a personajes repudiados por el movimiento de masas, como Cristina o Milagro Sala, jefa de una patota al servicio del kirchnerismo en Jujuy, es como pegarse un tiro en los pies. ¡Hay que construir una izquierda que rompa con esta lógica, que la lleva a hundirse con el peronismo!

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