martes, 20 de diciembre de 2022

Alberto, Cristina y una copa que les quedó grande y les pesa un montón


Por Damián Quevedo

Si faltaba un hecho que demostrara la ausencia de autoridad del gobierno de Alberto Fernández, es el desaire del seleccionado argentino de  fútbol, cuyos integrantes, por unanimidad, decidieron no asistir a la invitación para festejar en la Casa Rosada, como hicieron otros campeones años atrás.   

A esto se debe sumar la insistencia de los jugadores a presentarse en el Obelisco, continuando la fiesta popular iniciada el domingo, esto también contra la voluntad del presidente, que teme a las  grandes concentraciones de masas. Pero todo esto no expresa solamente la caída de la imagen presidencial, es la decadencia del populismo en general y del partido que representó esa política durante décadas. 

El peronismo está ahora quizás en su punto más bajo. La energía, la gracia y el trabajo en equipo de los futbolistas argentinos no encuentran eco en su gobierno. Alberto Fernández, presidente de Argentina desde 2019, encabeza una administración débil, dividida y fracasada. El 17 de octubre, Día de la Lealtad Peronista, como se denomina en homenaje a aquella manifestación de 1945, tuvo tres conmemoraciones rivales en 2022. Fernández no asistió a ninguna de ellas. Tampoco Cristina Fernández de Kirchner[1]. 

El desgaste, la agonía política de las instituciones, acelera el ocaso del partido patronal que había sobrevivido al 2001 y que se presentó siempre como el único garante del orden y del ajuste. El campeonato mundial de fútbol y la victoria del seleccionado nacional, que hubiera sido una tabla, no de salvación pero al menos para mantenerse a flote unos meses más, terminó por hundir aún más al gobierno y a los principales partidos patronales. 

Aunque este proceso de larga crisis de las instituciones va más allá de la coyuntura económica, esta situación ayuda a profundizar la grieta entre los trabajadores y el gobierno. Uno de los aspectos básicos del populismo, es la posibilidad de otorgar alguna concesión a los trabajadores, que los ubique, en cierta medida, por encima de la línea de pobreza, algo que los Fernández ya no están en condiciones de realizar. 

Por eso este Diciembre, que hasta ahora no tuvo grandes conflictos, termina golpeando fuertemente al gobierno, no de la manera clásica, como podría lograrlo un paro general. Hizo esto una movilización espontánea que derribó todos los obstáculos, ya que la gran mayoría del pueblo se acercó al Obelisco o a las plazas y centros de cada barrio, sin transporte público. ¡Igual que en el 17 de octubre de 1945, pero ya no a favor del peronismo! 

La izquierda debe analizar en profundidad este proceso y ver que, en las actuales circunstancias, debe desplegar una política independiente, que vaya a fondo contra el peronismo, como gradualmente lo están haciendo los trabajadores, de lo contrario terminará de perder los lazos que todavía la ligan a la clase obrera, convirtiéndose mero aparato electoral. Desde Convergencia Socialista queremos aportar nuestro “granito de arena” para construir esa alternativa, que será posible a partir de la unidad de los revolucionarios y revolucionarias consecuentes.



[1] The Economist 18/12/2022

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