Por Hernán Reid
Este 10 de diciembre se cumplieron 39 años desde que asumió el primer presidente elegido mediante el voto popular -Ricardo Alfonsín- después de la caída de la última dictadura militar, producida por un proceso de movilizaciones obreras y populares. En ese momento, la situación política y social, obligó a la burguesía a reinstalar la “democracia representativa”, con el propósito de garantizar la continuidad del sistema capitalista semicolonial, siendo este régimen una de las formas fundamentales en las que se materializa el dominio sobre el conjunto de la sociedad por parte de los capitalistas.
La imposición de este nuevo andamiaje institucional constituyó una gran victoria para el movimiento de masas, ya que no es lo mismo organizar las luchas o las peleas políticas en el actual contexto -en el que rigen ciertas libertades, como el derecho a reunión o a la protesta- que en medio de una dictadura militar, que obliga a los luchadores y las luchadoras socialistas a actuar en la clandestinidad, tratando de preservar sus vidas y su propia libertad.
En ese sentido, los revolucionarios y las revolucionarias no dudamos: ¡Cuando un régimen democrático burgués corre el riesgo de ser reemplazado por una dictadura militar, nos ponemos al frente de la movilización para defenderlo! Sin embargo, nuestro objetivo estratégico no es consolidar o perfeccionar este régimen, sino impulsar la conquista del poder por parte de los trabajadores y el pueblo para construir el sistema más democrático de todos: el Socialismo, apoyado en nuevas y vigorosas instituciones en las que se ejercite la democracia directa.
La “democracia burguesa” funciona para que los representantes de los verdaderos dueños del país -los monopolios- debatan entre sí y resuelvan dentro de la Cámara de Diputados y Senadores los planes que pretenden aplicar para defender y mantener en pie lo único que les interesa: la continuidad del proceso de explotación de la mayoría de la población, los trabajadores y trabajadoras, al servicio de su propio enriquecimiento.
Aunque los socialistas revolucionarios podemos aprovechar este mecanismo, haciendo campaña y metiendo algunos legisladores en el Congreso -para propagandizar nuestras posiciones- son los grandes patrones los únicos capaces de realizar las costosísimas campañas electorales que les permiten ganar las elecciones, utilizando todos los recursos con que cuentan, como el manejo de los medios de difusión o el aparato represivo para presionar o amedrentar a los/as votantes.
Debido a la crisis cada vez más profunda del Sistema Capitalista global y al incremento y radicalización de la resistencia obrera, a los patrones se les hace cada vez más difícil gobernar mediante este gran engaño "democrático". Por eso, cada vez más recurren a la principal herramienta que tienen para defender sus intereses -la represión- a través de sus fuerzas “oficiales”-policía, gendarmería, prefectura, etc.- o las bandas parapoliciales.
Esto es lo que está sucediendo en la mayoría de los regímenes “democráticos” latinoamericanos, que colapsan como en Perú, o aparecen figuras que expresan una perspectiva mucho más represiva, como Bolsonaro o la ex ministra de “seguridad” Patricia Bullrich. Estos personajes de la “derecha” nada tienen que envidiarles a quienes, desde la “izquierda” capitalista hacen exactamente lo mismo: Maduro, Ortega y compañía, que reprimen salvajemente a sus trabajadores, asesinando y torturando a decenas para imponer los planes del FMI y las multinacionales del petróleo.
La democracia de los capitalistas no es otra cosa que la dictadura del capital, razón más que suficiente para que los/as de abajo luchemos por otro sistema en el cual las masas gobiernen de manera directa, discutiendo todo en organismos de base -como las asambleas populares- para que a ningún gobierno se le ocurra traicionar la voluntad de la mayoría. Ese mecanismo es muy parecido al que rigió durante los primeros años de la Revolución Rusa, a través de los soviets, que actuaban como grandes asambleas obreras, de soldados y campesinos.
Sólo a través de la democracia directa, se podrá discutir lo que verdaderamente le importa a la mayoría. Sólo allí y sin ninguna distorsión "parlamentaria", los trabajadores y el pueblo podrán votar las medidas que cuestionen el poder e interese de los grandes saqueadores de las riquezas naturales, para ponerlas al servicio de las mayorías y distribuir su producción de manera equitativa. Sólo allí se podrá impartir justicia, castigando a los que durante años lucraron explotando a millones.
La situación de crisis, guerras entre las potencias y de luchas obreras en todo el mundo, ha puesto nuevamente sobre el tapete la necesidad de acabar con el capitalismo y construir, sobre sus cenizas, el socialismo. Los revolucionarios y las revolucionarias consecuentes debemos unirnos para impulsar con todo esta perspectiva en cada uno de los conflictos y movilizaciones, mostrándole al movimiento de masas que la satisfacción de sus reclamos más elementales está directamente relacionada a la conquista del poder por parte de la clase obrera.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario