Por Samuel Noyola
Días atrás, los principales partidos políticos (Frente de Todos, Juntos por el Cambio y otros) acordaron votar el presupuesto 2023. Como no podía ser de otra manera, los números delatan una política general de ajuste para seguir garantizando -con creces- los acuerdos con el FMI y las ganancias de las grandes patronales. La inflación -más bien impuesto inflacionario- continúa subiendo en el marco de una economía sumamente frágil, que podría desencadenar una fuerte devaluación, que profundizará la enorme crisis política que atraviesan los partidos del oficialismo y la oposición patronal.
En los últimos 12 meses, los precios aumentaron un 80% y un tercio de los trabajadores cayeron a niveles de pobreza inimaginables. En octubre, el peso nacional tuvo su mayor caída en 38 meses, es decir la más alta desde el final de la gestión de Macri. El triunfo de los trabajadores del neumático abrió la posibilidad del desarrollo de nuevas y más potentes luchas salariales, situación que puso contra la pared a los burócratas sindicales, que tuvieron que salir a pedir la reapertura de paritarias -por tres dígitos- como camioneros, que terminó sellando un aumento del107%.
La clave del triunfo del SUTNA fue su metodología, ya que para pelear se apoyaron en las asambleas, huelgas y movilizaciones, todo lo contrario de lo que hacen los burócratas de la CGT y la CTA, que se niegan a impulsar medidas de lucha por los salarios y las condiciones laborales, actuando como garantes de una gobernabilidad capitalista. Mientras tanto, continúan desarrollándose conflictos variados por aumento salarial, como en el hospital Garrahan, los médicos residentes y concurrentes de Caba y Gran Buenos Aires, la docencia bonaerense, Luz y Fuerza, ferroviarios del Sarmiento, choferes del interior y un largo etcétera.
Es necesario que impulsemos en nuestros lugares de trabajo asambleas, por sector y generales, en defensa de nuestras conquistas, por aumento con cláusulas gatillo –actualización mensual de acuerdo a la inflación- por el pase a planta permanente de todos, reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario, de manera de garantizar la creación de nuevos puestos de trabajo y condiciones laborales más dignas. Estas luchas tienen que incorporar en sus demandas, la defensa de la salud estatal, la educación pública y el medioambiente, el repudio a los aumentos de precios y tarifas y la necesidad de frenar el saqueo de los recursos por parte de los grandes monopolios, que se llevan todo sin dejar un peso en el país.
Sin embargo,
no se podrá derrotar el ajuste del gobierno, de este y del que viene, con
luchas aisladas, hay que unirlas a través de un Centro Coordinador, donde se
vote -de manera democrática- un Programa Obrero que proponga medidas de fondo,
como la nacionalización de las grandes empresas, para hacerlas funcionar al
servicio de las mayorías, bajo control de sus propios laburantes. Estas
empresas deben ser financiadas con fondos provenientes del no pago de las deudas
e impuestos progresivos a los monopolios y oligarcas.
Urge la
necesidad de impulsar y construir desde las bases, una gran Huelga General que
retome y enriquezca las históricas banderas del 2001, para que se vayan todos
de una vez y para siempre y gobiernen los únicos interesados en sacar al país
de la crisis, los trabajadores. La izquierda y las organizaciones combativas, deben
jugarse a concretar esta estratégica tarea, convirtiéndose en canales para la organización
y unidad de las luchas en curso.
Impuesto inflacionario, herramienta
del ajuste
El ministro de economía Sergio Massa anunció un nuevo acuerdo de precios, que regirá entre diciembre y marzo. La intención de este funcionario es garantizar la existencia de una relativa “paz social” para fin de año, aprovechando la realización del Mundial de Qatar. Es muy difícil, si no ocurre ningún cambio importante en la situación económica, que esta medida, que se viene tomando desde que asumió el gobierno, funcione. Por lo tanto, lo más probable, es que Massa encienda varias velas a “San Messi”, rogando que sus goles sirvan para desviar la atención del pueblo.
No es la primera vez que el gobierno busca concretar un pacto con los supuestos “formadores de precios”, ya lo hizo y fracasó. Lo único novedoso del asunto, es que, supuestamente, este nuevo intento contaría con el aval del FMI, cuyos funcionarios están asustados frente a la posibilidad de que la economía argentina estalle y desencadene una “reacción en cadena”. Sin embargo, todo esto no es más que otra venta de humo que no frenará la inflación, porque el impuesto inflacionario continúa siendo el método de ajuste más eficiente que tienen los de arriba, que lo aprovechan para disminuir el poder adquisitivo de los salarios y hacer trabajar a la clase trabajadora por una miseria.
¡Mas allá de los tejes y manejes de Massa y el FMI, la inflación seguirá ganándole la carrera a los sueldos obreros! La burocracia sindical, que es el socio principal del gobierno, sabe que esto es así, por eso, aunque anuncie “acuerdos salariales superiores al 100%”, miente. En primer lugar, porque los acuerdos no son sobre los sueldos actuales, sino sobre los básicos de principio de año, pero, además, porque al ser en cuotas siempre van por detrás de la suba de los precios y tarifas, que es constante.
Esta realidad provocará, como siempre, la explosión de nuevos y más potentes conflictos salariales, ya que la clase trabajadora no necesita de cifras para saber que su poder adquisitivo disminuye día a día. ¡La mejor encuesta, es, en ese sentido, el supermercado y las tarifas, que muestran crudamente que la inflación pega cada vez más duro!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario