Por Samuel Noyola
Jack London
tiene su lugar ganado entre los literatos más reconocidos de Norteamérica y el
mundo, con una obra que ha deleitado a varias generaciones de lectores, desde
la aventura y lo fantástico hasta textos crudos y realistas con anclaje en la
lucha de clases. No es casualidad, que Lenin y Trotsky hayan tenido como
uno de sus favoritos a este escritor, que con una vida muy corta -falleció a
los 40 años- vivió experiencias maravillosas mirando al mundo desde el punto de
vista del proletariado y sus nobles causas.
Jack fue
marinero, vagabundo, pirata, obrero de fábrica, minero, buscador de oro en
Alaska y defensor de las luchas obreras a partir de su adhesión al Socialismo.
Entre sus influencias literarias están Kipling, Spencer, Darwin, Stevenson,
Malthus, Marx, Poe, y Nietzsche. Considerado el primer autor de “Best
Sellers” del siglo XX, su libro “La llamada de la selva”, traducido también
como “La llamada de la naturaleza” o “La llamada de lo salvaje”, fue
considerado desde el primer momento de su publicación, en 1903, como una obra
clásica de la literatura estadounidense.
Tiempo
después produciría otras historias fascinantes, como Lobo de mar, Colmillo
Blanco o Martin Eden, llegando a escribir veinte novelas, dieciocho colecciones
de cuentos y más de ciento cincuenta artículos. London respondía todas las
cartas que le enviaban, se publicó una recopilación de estas en tres volúmenes,
despidiéndose con un “Tuyo por la Revolución”. La compañera de Lenin,
Nadezhda Krúpskaya, cuenta que el líder de la revolución soviética murió
mientras leía una suya, "El amor a la vida".
Cuentos,
como La huelga general, La fuerza de los fuertes o El Apóstata, expresan el
decidido cuestionamiento hacia el capitalismo por parte de London. La
solidaridad, la amistad, la perseverancia, lo salvaje y la aventura forman
parte de sus temas predilectos, pero también la lucha por una sociedad
distinta, perspectiva que fluye en su máxima expresión en "El Talón de
Hierro”, escrita en 1907, donde habla del “manuscrito de Everhard”, que contiene
la historia de un socialista que pretende organizar una revolución contra la
oligarquía, o el “Talón de Hierro”.
Esta obra tuvo
un carácter visionario, ya que fue escrita antes de que triunfara la primera gran revolución
obrera en Rusia, con los soviets a la cabeza. Además, London ejerció una fuerte
influencia en otros textos relacionados con gobiernos totalitarios, como 1984 de
George Orwell. Jack desenfunda denuncia con brillantez las injusticias a
las que son sometidas las masas bajo el yugo del capital y, al mismo tiempo,
cómo sus luchas se abren paso con sus métodos más eficaces, como la huelga
general, la autodefensa, las asambleas o la construcción de partidos
revolucionarios.
Ernest
Everhard, el protagonista de la novela, es un orador extraordinario y
autodidacta, un boxeador profesional que terminó siendo ejecutado en 1932,
luego de una frustrada rebelión. Capítulo a capítulo, London desnuda la
naturaleza de un régimen de hambre y explotación, en el que la Iglesia y el
Ejército juegan el papel de principales sostenedores de esta maquinaria al
servicio de garantizar las ganancias capitalistas. La denuncia del trabajo
infantil y los crímenes provocados por la anarquía del capital, lo convierten
en un gran agitador de la causa de clase trabajadora.
En su obra
“Cómo me hice socialista”, dice: Yo era el más fiel esclavo a sueldo
que un capitalista haya explotado jamás. Protestar o fingirme enfermo con el
hombre que pagaba mis jornales era un pecado; primero contra mí mismo y segundo
contra él. Consideraba esto un crimen comparable a la traición. En síntesis, mi
satisfecho individualismo estaba dominado por ortodoxas éticas burguesas. Leía
diarios burgueses, oía a oradores burgueses y aclamaba las sonoras
perogrulladas de políticos burgueses.
Me abrí
paso, por los caminos y oculto en vagones, desde el inmenso oeste donde los
hombres eran indios vigorosos y el trabajo los perseguía, hasta los
congestionados centros laborales del este, donde los hombres eran como pequeñas
papas y perseguían el trabajo que podían. En esta nueva aventura de
bestia-rubia me encontré mirando al mundo desde un ángulo totalmente
distinto. Había saltado del proletariado a lo que los sociólogos adoran
llamar “la décima parte sumergida” (...) Me arrastré miserablemente, mendigando
con ellos en negros portales, tiritando en parques o vagones, mientras
escuchaba historias que comenzaban con perspectivas tan hermosas como las mías,
con digestiones y cuerpos iguales y mejores que los míos y terminaban allí,
ante mis ojos, en el matadero del Pozo Social.
Pero, así
como yo había sido un individualista sin saberlo, ahora era un socialista
también sin saberlo. Nacido nuevamente, sin bautizar, busqué descubrir quién
era. Volví a California y me volqué a los libros. No recuerdo cuáles fueron los
primeros, de todos modos, es un detalle poco importante. Yo, fuera lo que
fuese, ya era ESO. Por los libros descubrí que ESO era un socialista. Desde ese
día he abierto muchos libros, pero ningún argumento económico, ninguna lúcida
demostración de la lógica inevitabilidad del socialismo me llegó tan profunda y
convincentemente cómo aquel día en que vi por primera vez levantarse a mí
alrededor las paredes del Pozo Social y me sentí deslizar hacia abajo, abajo,
hasta el matadero del fondo.
Trotsky en
una carta a Joan London, hija de Jack diría: El talón de hierro lleva,
por otra parte, la marca indudable del año 1905. La victoria de la
contrarrevolución se afirmaba ya en Rusia en el momento en que apareció este
libro admirable. En la arena mundial, la derrota del proletariado ruso dio al
reformismo no sólo la posibilidad de recuperar posiciones perdidas un instante,
sino incluso los medios de someter completamente al movimiento obrero
organizado. Basta recordar que fue precisamente en el curso de los siete años
siguientes (de 1907 a 1914) cuando la socialdemocracia internacional alcanzó al
fin la madurez suficiente para jugar el bajo y vergonzoso papel que fue el suyo
durante la guerra mundial.
Jack
London ha sabido traducir, como verdadero creador, el impulso dado por la
primera revolución rusa, y también ha sabido repensar en su totalidad el
destino de la sociedad capitalista a la luz de esta revolución. Se ha asomado
más particularmente a los problemas que el socialismo oficial de hoy considera
como definitivamente enterrados: el crecimiento de la riqueza y de la potencia
de uno de los polos de la sociedad, de la miseria y de los sufrimientos en el
otro polo, la acumulación del odio social el ascenso irreversible de
cataclismos sangrientos. Todas estas cuestiones las ha sentido Jack London con
una intrepidez que incesantemente nos obliga a preguntarnos con asombro: pero
¿Cuándo fueron escritas estas líneas? ¿Fue acaso antes de la guerra?
El corazón de London, que dejó de latir un 22 de noviembre de 1916, perteneció a un hombre que anduvo por el mundo plagado de vértigo, aventura y pasión. Su obra, la que desafío al Talón de Hierro, quedará grabada para las futuras generaciones que quieran abrirse paso a la lucha por un mundo distinto, más justo y equitativo. Sus textos alentarán a otros y otras a asumir lo que él sentía y pensaba, cuando escribió en “El principio del final” del Talón: Que el proletariado militante les arrebate los gobiernos y que por fin se consume la frase clásica de Karl Marx: Suenan las campanadas mortuorias del capitalismo…

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