martes, 1 de noviembre de 2022

Luchemos en serio contra el impuesto inflacionario: ¡Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes!


Por Juan Giglio y Damián Quevedo

El ministro de economía Sergio Massa anunció un nuevo acuerdo de precios, que, según fuentes oficiales, regiría entre los meses de diciembre y marzo. La intención evidente de este funcionario es garantizar una situación de relativa “paz social” a fin de año, aprovechando, además, la realización del Mundial de Qatar.  

Es muy difícil, si no ocurre ningún cambio sustancial en la situación económica, que una medida de estas características, que se viene tomando prácticamente desde que asumió este gobierno, funcione. Por lo tanto, lo más probable, es que Massa y los suyos pongan varias velas a “San Messi”, rogando que sus goles sirvan para desviar la atención obrera y popular.  

No es la primera vez que el gobierno busca concretar un pacto con los supuestos “formadores de precios”, ya lo hizo y fracaso cada vez que lo intentó. Ahora, lo único novedoso del asunto, es que, supuestamente, esta nueva arremetida contaría con cierto aval por parte del FMI, cuyos funcionarios están más que asustados frente a la posibilidad de que la economía argentina estalle.  

Las políticas utilizadas serán las pactadas con el FMI: fiscal, monetaria y cambiaria. Consistirá en mayor control en los gastos públicos, baja de la emisión monetaria y cuidado de los u$s 6.000 millones de reservas acumuladas con el dólar soja, mediante el mayor control de las importaciones.[1] 

Sin embargo, y más allá de las preocupaciones fondomonetaristas, todo esto no es más que una fabulosa venta de humo, de todos los colores habidos y por haber, que no frenará la inflación. El impuesto inflacionario es el medio de ajuste más eficiente que tienen, tanto el gobierno como las empresas, que lo utilizan para licuar el poder adquisitivo de los salarios y conseguir una mayor súper explotación de la clase trabajadora.  

Por pura especulación electoral, Massa puede tener interés en frenar las subas de precios por un pequeño tiempo, lo cual es, a todas luces, incompatible con el cumplimiento del plan del FMI, que necesita que la inflación cumpla con los objetivos fiscales pautados. ¡Por eso, independientemente de todos los tejes y manejes que esta gente realice, la realidad es que para lo que queda de este año, la inflación continuará erosionando los salarios!  

Mientras el presupuesto prevé una inflación del 60% para 2023 consultoras privadas y el FMI la proyectan entre 90% y 95%. Aún quedan muchos precios relativos de la economía a corregir entre ellos el tipo de cambio oficial que aceleró en el último mes su proceso devaluatorio al 6% aún por debajo de la inflación del período. Mientras la inflación estará cercana al 90% interanual en octubre el tipo de cambio se devaluó 55%[2] 

La burocracia sindical, que es, hoy por hoy, el socio principal del gobierno, sabe bien que todo esto es así. Por eso, aunque anuncie “acuerdos salariales por encima del 100%”, estos son mentirosos, porque, además de ser en cuotas, la mayoría están subordinados a los básicos de principio de año y, por lo tanto, de manera real, nunca llegan a empardar, mucho menos a superar, los aumentos de precios y tarifas.  

La perspectiva, más allá del mundial y de todas las bombas de humo que tiren desde el gobierno, será, por lo tanto, de nuevos y más potentes conflictos salariales, ya que la clase trabajadora no necesita de cifras para saber que su poder adquisitivo disminuye día a día. ¡La mejor encuesta, es, en ese sentido, el supermercado y las tarifas, que muestran crudamente que la inflación pega cada vez más duro!  

Teniendo en cuenta que los dirigentes sindicales seguirán frenando la combatividad obrera, tratando de acomodarla en función de este tipo de acuerdos, crecerán, como en la docencia, los paros autoconvocados o la presión de las bases sobre los burócratas, obligándolos a salir a pelear o, cuando esto no suceda, pasándolos por encima. Por eso, tendrá mucha vigencia esa vieja consigna, que dice: “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”.  

La izquierda y las organizaciones combativas tienen que tomarla como propia, agitando la necesidad de luchar por un salario digno, reajustable mensualmente de acuerdo al costo de vida. Esta consigna debe ir de la mano de otras, como la reducción de la jornada laboral, para bajar los niveles de explotación y conseguir nuevas vacantes para los compañeros y compañeras que están sin trabajo.  

Será necesario, para concretar un plan de lucha que vaya a fondo contra el ajuste y los ajustadores, desembocando en la huelga general o Argentinazo –que reclaman las circunstancias- impulsar la organización de un centro coordinador de la resistencia, que se apoye en la realización de miles de asambleas de base y autoconvocatorias. 


[1] Ámbito financiero 31/10/2022

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