Por Musa Ardem
En medio de la recesión mundial y la aceleración de las tendencias guerreristas de las potencias, el mercado de criptomonedas volvió a sufrir un temblor, que parece señalar una tendencia. El Grupo FTX anunció hoy que comenzó de forma voluntaria el procedimiento que indica el capítulo 11 de la ley de bancarrotas de los Estados Unidos.Tras esto, la plataforma que ahora está en bancarrota comenzó a reportar sus problemas de liquidez hasta que finalmente tuvo que congelar las cuentas de sus usuarios -en un proceso que se conoce como "corralitos cripto"[1].
El grado actual de entrelazamiento del capital y la volatilidad de este tipo de mercados, hace que el menor sismo en una empresa provoque un contagio inmediato. En ese contexto, hoy el bitcoin se vende a US$16.853, un 4% menos que la jornada anterior. Dos días atrás, cuando Binance decidió dar marcha atrás con la compra de la compañía, llegó a tocar los US$15.700. Son los valores más bajos desde finales de 2020. El ether, de la red Ethereum, cotiza a US$1257 por unidad. Es un retroceso de 3% menos que la jornada anterior, mientras que al observar el recorrido que realizó a lo largo del año el desplome es de casi un 67%[2].
La cuestión de fondo es que las monedas virtuales son todo lo contrario de las monedas físicas, que circulan como expresión del desarrollo del capitalismo en un país determinado y que expresan -a través de la forma monetaria- un cierto grado de desarrollo productivo. Las criptomonedas son lo más cercano al capital financiero, aunque mucho más distanciadas de la industria que este (que tiene vínculos más directos con la producción industrial).
Son, en definitiva, burbujas de capital “gaseoso”, a las que acude la masa de capitales que no pueden acumularse en la industria. Por eso, el crecimiento vertiginoso de las monedas virtuales, al igual que las otras burbujas financieras, es un síntoma de la gravedad de la crisis del capitalismo y no un nuevo negocio que le da oxígeno al sistema. Estos temblores y caídas son expresiones de su agotamiento como medio de atesoramiento de capitales, producto de la recesión mundial.
Al retroceder todos los medios con los que los grandes capitalistas intentan darle una sobrevida a sus ganancias, se acelera y vuelve más brutal la explotación sobre la clase obrera, que es el único medio real con el que la burguesía puede acumular riqueza. Las monedas físicas o virtuales, por sí mismas, no crean ningún valor nuevo, ya que, como siempre lo ha sido, lo único que agrega valor a todo es el trabajo humano, o capital vivo.
Por todas estas razones, la burguesía mundial está tratando de poner en marcha una serie de profundos ataques contra la clase trabajadora, ataques que pegaron un salto a través del período de pandemia, donde los de arriba, aprovechándose del miedo generalizado al contagio, se jugaron a imponer la política del “quédate en casa”, línea que aún se sigue implementando en China con la táctica del “Covid cero”. Esta ofensiva, que a pesar del retroceso de la contrarrevolución Covid, sigue en pie, vendrá acompañada de una reacción fenomenal de los y las de abajo, dando lugar a situaciones revolucionarias inéditas.
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