Por Juan Giglio
En un artículo anterior, decíamos que la conducción del
SUTNA no logró aprovechar el prestigio ganado durante los 5 meses de lucha,
para rodear el conflicto y convertirlo en un “caso testigo”. Para eso,
las asambleas del gremio podrían haber resuelto la organización y puesta en
marcha de decenas de piquetes de compañeros, dispuestos a recorrer los cordones
industriales y las grandes empresas, de manera de dialogar con los trabajadores
de otros gremios e invitarlos a participar en esta fenomenal pelea.
La conducción del SUTNA, influenciada por el Partido
Obrero, en vez de orientarse con esta línea, se limitó a rodear el conflicto
con sectores de izquierda y piqueteros, lo cual no está mal, pero no alcanza
para convertir al gremio en una poderosa alternativa del conjunto… la oportunidad
de transformar la lucha del neumático en un punto de apoyo, sobre el cual podría
haber comenzado el proceso de construcción de una nueva dirección, política y
sindical, de la clase trabajadora, que es lo que hace falta.
Sin embargo, con la autoridad que le otorgó el triunfo sobre
las patronales y el gobierno, el SUTNA todavía está en condiciones de convertirse
en el eje alrededor del cual se podría conformar esa nueva dirección obrera, clasista,
combativa y democrática.
Para eso, sus dirigentes podrían convocar a un encuentro o
asamblea de luchadores y luchadoras, en donde se discuta y resuelva organizar
un amplio espacio, que no solo incluya a militantes de los partidos de izquierda,
sino también, y principalmente, a delegados y activistas independientes o a
quienes incluso conserven ciertas expectativas en el peronismo u otras alternativas
patronales.
En las luchas contra las consecuencias del Plan de Ajuste del
gobierno, está surgiendo una nueva camada de activistas que rompió hace tiempo con
los métodos de la burocracia sindical y está a favor de impulsar la
organización de asambleas democráticas y listas gremiales de oposición, coincidiendo
de este modo con la acción directa y la democracia obrera que caracterizan al
clasismo.
Esta realidad conforma el terreno fértil en el que puede
germinar y crecer vigorosamente un nuevo proceso de reorganización -hacia la
izquierda- del movimiento obrero argentino. Están dadas las condiciones
objetivas y subjetivas para pensar en la construcción de un amplio espacio político
gremial, que empuje hacia el clasismo a sectores muy diversos, para lo cual se requiere
evitar caer en actitudes sectarias y autoproclamatorias.
De este modo, todas las corrientes revolucionarias deberíamos intervenir en este proceso y hacer un gran esfuerzo para mantener la unidad alrededor de políticas concretas. Esto no significa dejar de lado las diferencias o diluir nuestras identidades, para nada es así, ya que los debates constituyen el sustento de la politización de las luchas y de la construcción unitaria. Desde Convergencia Socialista nos ponemos a disposición de esta perspectiva, aportando la experiencia y práctica de nuestros delegados y activistas obreros.

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