Por Damián Quevedo
Las elecciones en
Brasil fueron una sorpresa para muchos, sobre todo para los sectores
progresistas y buena parte de la izquierda que se reivindica trotskista o
revolucionaria, que esperaba un triunfo en primera vuelta del candidato del PT.
Ahora, esos sectores de izquierda se aprestan a apoyar “críticamente” a Lula da
Silva, agitando el peligro del “fascismo” bolsonarista.
Este último, que deja al país sumergido en una gran crisis económica, está más cerca de expresar -con cierta distancia- lo mismo que Trump en EE.UU., Meloni en Italia, Milei en Argentina y otros bizarros personajes. Esta gente aprovecha la creciente tendencia a rechazar a los políticos tradicionales, una dinámica que mina las bases sobre las que se sustentan los regímenes democrático burgueses.
Esta tendencia generalizada, que años atrás era representada por la izquierda revolucionaria, hoy está siendo canalizada -en los procesos electorales- por candidatos o partidos, liberales en lo económico y fuertemente conservadores en el plano político. Parte de ese discurso -histriónico y agresivo- fue el que sostuvo Jair Bolsonaro durante la pandemia, rechazando algunas de las políticas de la OMS, lo cual le valió simpatías en el movimiento de masas que rechazó encierros y pases sanitarios.
En ese plano, el PT y Lula son vistos -por una gran parte de la población- como el partido del orden, contrariamente a lo que sostienen los relatos, tanto desde el populismo como desde las filas del Bolsonarismo. ¡Sin embargo, más allá de los discursos y las formas, ambos representan o buscan representar a la misma clase social, los capitalistas más concentrados del planeta y de su país!
El PT hizo una alianza entre los más pobres y los súper ricos. Los millonarios ganaron plata como jamás habían ganado antes, porque no se alteró su stock de riquezas ni su renta. Y los más pobres crecieron mucho gracias a la transferencia de ingresos que tenía como fuente a los impuestos que salían de las capas medias[1].
En este marco, a diferencia de sus inicios, el Partido de los Trabajadores perdió su anclaje en la clase obrera. Ya no tiene dirigentes que vivan en las mismas condiciones que la mayoría de los trabajadores y trabajadoras de Brasil y su política, desde que comenzó a ganar elecciones, no es otra que la de garantizar las ganancias de los grandes monopolios, locales y extranjeros.
Los votos a Lula provienen, centralmente, de las capas medias progresistas y las poblaciones más empobrecidas, aunque menos proletarias del norte del Brasil. La pequeño burguesía progre, igual que casi toda la izquierda, se asusta de los dichos de Bolsonaro, aunque olvidan que fueron Lula y Dilma quienes militarizaron las favelas y no tuvieron ningún empacho en reprimir a los trabajadores que decían representar.
Probablemente Lula termine triunfando, ya que son muchos los votos que tendría que capturar Bolsonaro para descontar la diferencia. Cuando asuma el poder tendrá que lidiar con un parlamento copado por la oposición patronal, que, sumado a la crisis económica, no le otorgan ningún margen para encarar medidas populistas. ¡Él, o cualquiera que se haga cargo de la presidencia, tendrá que profundizar el plan de ajuste y saqueo que actualmente aplican los del Partido Liberal!
Este proceso
electoral no es particular de Brasil, ya que el peronismo -que tiene características
similares a las del PT- está en camino a una derrota electoral el año próximo,
razón por la cual todos sus dirigentes, haciendo un esfuerzo para ayudar a cambiar la tendencia
general, han apostado todo en favor de Lula.
El gobernador
bonaerense, Axel Kicillof, cerró el sábado 24 de septiembre la campaña de apoyo
a Luiz Inácio Da Silva en Argentina y aseguró que "Lula va ser el próximo
presidente de Brasil", en un evento que se llevó a cabo en el edificio
Néstor Kirchner de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad
Nacional de La Plata. "Hemos visto
una campaña extraordinaria, un Lula con un esfuerzo como si fuera más joven que
nosotros; Lula está con fuerza, viene con todo y va aganar las elecciones en
Brasil, Lula va a ser el próximo presidente de Brasil", afirmó el
mandatario en el acto organizado por el Comité Argentino Lula presidente[1].
También la base social K está conformada por las capas medias progresistas -vinculadas al aparato de Estado- y parte los sectores más pauperizados. La clase obrera, que desconfía tanto de unos como de otros partidos patronales, a diferencia de décadas atrás ya no tiene una identidad política clara y permanente. Esta situación puede ser aprovechada por la izquierda para ganar liderazgo político en las filas del sujeto social capaz de transformar la realidad.
Para eso, quienes
sostenemos las banderas del Socialismo, debemos presentarnos, con audacia y de cara al movimiento de
masas, como una alternativa totalmente distinta a la del kirchnerismo. Tenemos que trazar rayas con todos los partidos patronales
por igual, sin dar lugar a dudas o confundir nuestro programa con el de aquellos, que, amagando con la izquierda, siempre terminan pegando con la derecha.
[1] Revista Crisis 02/10/2022

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