Luego de que el “súper ministro”, Sergio Massa, completara
su gira por los Estados Unidos, comprometiéndose a cumplir el plan de ajuste
que diseñaron los funcionarios del FMI y el gobierno yanqui, los burócratas de
la CTA se ubicaron a la vanguardia del acatamiento de estas directivas
coloniales, para lo cual visitaron al embajador yanqui en Argentina, Marc
Stanley.
El embajador de los Estados Unidos en Buenos Aires, Marc
Stanley, recibió esta tarde en la sede diplomática a Roberto Baradel y Hugo
Yasky, dos sindicalistas cercanos al gobierno del Frente de Todos. El
representante diplomático compartió en sus redes sociales una imagen del
encuentro que giró en torno al sindicalismo, según detalló.
Stanley, como cualquier diplomático, evitó hablar de los verdaderos
motivos de la visita, cubriéndoles las espaldas a estos cipayos gremiales, que todavía
tienen la caradurez de presentarse como “nacionales y populares”: Conversamos
con Hugo Yasky y Roberto Baradel sobre avances y desafíos de los
sindicatos hoy, y del trabajo conjunto de EE.UU. y la Argentina en materia de
derechos laborales”, tuiteó Stanley y acompañó el mensaje con una foto junto a
los gremialistas oficialistas. (La Nación, 13 de setiembre)
Desde el gobierno han decidido apretar las clavijas del
ajuste, aumentando precios y profundizando la aplicación del impuesto más
reaccionario de todos, el inflacionario. Sin embargo, para ir a fondo,
necesitan de los servicios de la burocracia sindical peronista, porque, por un
lado, esta gente les garantiza la firma de convenios salariales a la baja, y,
por el otro, la contención, el desvío o, directamente, la traición, de las
luchas.
Todos ellos saben, más que nadie, que el panorama es cada
vez más oscuro para sus políticas antiobreras, porque los trabajadores y el
pueblo pobre, que los odia, se prepara para llevar adelante durísimas batallas.
Para enfrentarlas, no les basta con la represión, necesitan a los que, para
preservar sus privilegios, siempre están dispuestos a echarle agua fría a la
combatividad del movimiento de masas.
La izquierda y los sectores combativos consecuentes, deben impulsar,
más que nunca, la autoconvocatoria de las bases, a través de asambleas,
coordinadoras y otros espacios democráticos, a través de los cuales se pueda ir
organizando la resistencia. Desde allí, y con un centro coordinador de las
luchas a nivel nacional, se puede y se debe poner en marcha el Argentinazo que
reclaman las actuales circunstancias. ¡Hoy más que nunca es necesario aplicar ese viejo dicho: con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes!

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