Por Ernesto Buenaventura
Desde 1970 hasta el 11 de setiembre de 1973, gobernó Chile Salvador Allende, de la Unidad Popular, un frente integrado por el Partido Socialista -del presidente- el Partido Comunista y el Partido Radical. Esta era una alianza para la conciliación con la burguesía, ya que a pesar de varias medidas progresistas -como la expropiación de la industria textil, los latifundios y las empresas de cobre- mantuvo en pie las instituciones capitalistas, principalmente sus fuerzas armadas.
Mientras gobernaba la UP, la burguesía chilena y el imperialismo yanqui presionaban y conspiraban, a través de la movilización reaccionaria de sectores de la clase media, que ganaban las calles agitando contra estas medidas. Las conducciones del PC y el PS, en vez de movilizar y armar a la clase trabajadora para enfrentar a los conspiradores e imponer la socialización de la economía y la destrucción del aparato represivo, alentaban expectativas en lo que denominaron “inédita vía pacífica hacia el Socialismo”.
Cuando se produjo la primera gran huelga, contrarrevolucionaria, de propietarios de camiones, las masas respondieron organizando los “cordones industriales”, que funcionaban como organismos independientes de poder, cuestionando -en los hechos el dominio de las instituciones burguesas. Allende y sus aliados, en vez de apoyarse en estas instituciones de base de la clase obrera, convocó a confiar en la “institucionalidad” e incorporó en el gobierno a varios militares “patriotas” o “progresistas”.
¡De esa manera les contestaron a los trabajadores y al pueblo, que les reclamaban “armas”! Los soldados que se animaban a denunciar a los golpistas eran apresados y torturados, sin que el gobierno los defendiera. Por esto, aunque miles de obreros estaban dispuestos a enfrentar a las fuerzas armadas, cuando el golpe llegó ya era demasiado tarde. El 11 de setiembre culminaba, trágicamente, la “Vía Pacífica al Socialismo”.
Los stalinistas, socialdemócratas y centristas habían cumplido su papel, ya que desmoralizaron y desmovilizaron al movimiento de masas, que, de esa manera, quedó indefenso frente al monstruo fascista ¡Ahora le tocaba el turno a las Fuerzas Armadas, comandadas por Augusto Pinochet Ugarte, quien, según las propias palabras de Allende, en un discurso que dio en el Palacio de la Moneda, era un “general democrático”!
El PST, una política principista hacia el gobierno de la UP
En diciembre de 1973 se realizó el Primer Congreso Nacional del PST -Partido Socialista de los Trabajadores- organización de la cual provienen algunos de los compañeros que fundaron CS y la mayoría de los partidos que se reivindican trotskistas en Argentina. En su intervención final, el fundador de la corriente y principal dirigente de esta organización, Nahuel Moreno, dijo lo siguiente:
"Acá tenemos que estar todos unidos para defender a los mártires de la siniestra dictadura gorila chilena, sean de la posición que sean, centristas, oportunistas, de derecha. Acá no hay peros; nosotros los trotskistas llamamos a un solo frente único de repudio a la dictadura gorila y defensa de los luchadores chilenos sin ningún tipo de sectarismo..."
“Pero hay dos aspectos más: con Chile tenemos la prueba de cuál línea es la correcta. El stalinismo, desde 1935, viene insistiendo en que la solución de todos los problemas del mundo se van a dar a través de «frentes populares». A escala internacional, a esto lo llaman «coexistencia pacífica»; a escala de cada país, los «frentes populares». Es decir, la unidad con las burguesías «progresistas» y los militares «progresistas».
“Y después de tantos años de hablar, el reformismo y el stalinismo mundial dijeron: «acá tienen el ejemplo»; «Chile es el ejemplo, ésta es la vía pacífica». Este es el ejemplo más categórico de que se puede unir un partido obrero con la burguesía «progresista» y «llegar al socialismo poquito a poquito, con mucha paciencia, sin destruir al estado burgués ni al aparato militar del régimen, sin ofender los unos a los otros».
“Y el trotskismo, desde que surge viene combatiendo esa concepción del «frente popular». Los trotskistas vaticinamos que la «vía pacífica» del «frente popular» que se estaba aplicando en Chile iba a llevar a la vía violenta del fascismo y de la reacción pro imperialista... Y ese era el principio fundamental del trotskismo, que el stalinismo, todos los reformistas o el nacionalismo burgués niegan completamente... Entonces, todo el movimiento de izquierda mundial estuvo pendiente de esa experiencia chilena... Tenemos nuestros muertos... aunque fueran stalinistas, son nuestros muertos…"
“Ante esta derrota del proletariado chileno, con Rosa Luxemburgo decimos: es una gran derrota, pero el camino de los trabajadores está plagado de derrotas que tienen un solo fin: ¡el triunfo de la revolución socialista!... Es decir, compañeros que, en su tercer aspecto, la experiencia chilena que presidió este congreso, confirmó total y absolutamente las premisas, la política, el programa, la teoría de la revolución permanente y de nuestro movimiento mundial; confirmó la necesidad del partido y la Internacional.”
Desde CS hacemos propias estas palabras, porque luchamos por una Revolución Obrera y Popular, que triunfe derrotando a todas las variantes de la burguesía -liberales, fascistas, desarrollistas, populistas, etc.- y a todas las trampas de "izquierda" que se pongan en el camino para desviar a los trabajadores y al pueblo de sus objetivos estratégicos. No habrá manera de satisfacer las necesidades insatisfechas del movimiento de masas, sin acabar con el Sistema Capitalista y construir una nueva sociedad, por la clase trabajadora, a través de sus órganos democráticos de autoorganización y autodefensa.

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