miércoles, 13 de julio de 2022

Tres años después, cinco artículos sobre la crisis del PO

Cinco artículos escritos en 2019, mientras se producía la crisis del que era, en esa época, el principal partido de la izquierda revolucionaria argentina. Estos textos tienen gran vigencia, porque, la hecatombe del Partido Obrero, adelanta otras crisis, que se producirán en otras organizaciones socialistas, debido a una combinación parecida de elementos.

Por Damián Vekelo

La situación crítica que está atravesando el Partido Obrero, no puede sino ser entendida como parte de un proceso que viene golpeando al conjunto de las organizaciones que se reivindican socialistas y revolucionarias, como el PSTu brasilero, que sufrió una gran ruptura o nuestro partido, que tres años atrás se dividió alrededor de debates parecidos a las que se están desarrollando dentro del grupo fundado por Jorge Altamira.  

En ese sentido, es necesario entender que estas crisis no son “metodológicas”, aunque el tema de los métodos adquiera una gran relevancia, ni producto de la mala o buena voluntad de ciertos dirigentes, sino el producto de la lucha de clases, que golpea de manera implacable sobre las organizaciones, o fracciones internas, que no son capaces de ubicarse a la altura de las circunstancias.  

Así sucedió antes del estallido revolucionario de 2001, que fue parte de una crisis económica que se arrastraba desde hacía años en el mundo y que todavía las grandes potencias capitalistas podían empujarla hacia la periferia. Pero ya desde mediados de los noventa, se puede avizorar un fenómeno nuevo, una profunda crisis en la institucionalidad burguesa, que comenzó a emerger con el ascenso del movimiento revolucionario de masas que provocó la caída de la URSS.  

El derrumbe del muro de Berlín constituyó el símbolo de la debacle de la burocracia de los partidos comunistas de todo el mundo, proceso que luego de dos décadas está terminando de madurar. La desaparición o la pérdida de la dirección del movimiento de masas que detentaba el stalinismo, implicó la liberación de una inmensa fuerza -antes contenida- dentro de los causes permitidos por el capitalismo, bajo la égida de estas organizaciones.  

Las condiciones históricas maduran, no en términos abstractos, sino en tanto y en cuanto las fuerzas productivas alcanzan un desarrollo suficiente como para crear las bases del advenimiento de una nueva sociedad. Cuando esto sucede, las instituciones del antiguo régimen se desmoronan y es posible destruirlas, ya que la clase de vanguardia comienza a crear los organismos para reemplazarlas, sus herramientas de poder.  

En este momento histórico y político, donde la crisis del régimen burgués se expresa en la debacle de los partidos patronales (son las primeras elecciones en las que a UCR no lleva candidatos a presidente ni vice), el radicalismo está prácticamente desaparecido cómo corriente política y el peronismo no es ya un partido sino una suma de candidatos, lo que demuestra un profundo rechazo de las masas hacia determinadas formas de hacer política o mejor dicho de las formas que asumió la política burguesa  en las últimas décadas.  

Este rechazo, es la oposición a las formas burocráticas de dominación, que fueron centrales en todo el desarrollo del capitalismo y su sostenimiento ante la revolución proletaria. Todavía esa negación de lo viejo es mucho mayor que el desarrollo de lo nuevo -que sin embargo comenzó a surgir y la tendencia más fuerte es a que continúe desarrollándose- el rechazo a la burocracia lleva a las masas a la auto organización, en oposición a la burocracia la democracia directa.  

Quienes militamos en las filas del socialismo, debemos ver con entusiasmo este proceso, porque significa un avance en el camino a la emancipación de la clase obrera. Al igual que la caída de la URSS fue la derrota del dique de contención al desarrollo de la conciencia de millones de obreros en el mundo, la desaparición (aún en proceso) de los partidos patronales es profundamente progresiva. 

La lucha en los partidos revolucionarios  

Ningún partido revolucionario está exento de la burocratización, como le sucedió a los bolcheviques y al primer Estado obrero, a pesar de que logró sostenerse más que la comuna de París. Por lo tanto, no podemos negar que esta enfermedad puede atacar a cualquier organización revolucionaria.  

La actual crisis en el Partido Obrero es, en cierta medida, una réplica del avance de la conciencia de la clase obrera en el mundo, más allá de lo que se pone de manifiesto en las declaraciones, tanto de la dirección como de la fracción, porque en el fondo, lo están en debate dos concepciones antagónicas, como son la burocracia y la auto organización, aunque todo esto se ponga de manifiesto de manera larvada y contradictoria.  

Los revolucionarios y las revolucionarias no podemos permanecer ajenos a este debate y mucho menos dejar de tomar partido o “mirar para otra lado”. La situación revolucionaria inédita que está desarrollando, hace temblar todo lo viejo, el podrido régimen burgués pero también todo lo que hay de anquilosado y burocrático en la izquierda revolucionaria. Para estar a la altura de la situación no debemos temer en destruir todo lo que deba ser destruido, en última instancia de eso se trata la revolución. 

 

El progresivo debate que explotó en el Partido Obrero

Artículo publicado el 15 de mayo

Por Damián Vekelo 

En una nota de Prensa Obrera titulada “Las elecciones en Córdoba y la propuesta del Congreso del Frente de Izquierda”[1], los compañeros de ese partido, esbozan un primer balance sobre el resultado de los comicios de la provincia de Córdoba, en el que por fuera de cualquier autocrítica -esencial para el desarrollo y fortalecimiento de cualquier partido revolucionario- atribuyen los pésimos resultados obtenidos al “atraso” de la clase trabajadora, por haber votado masivamente una opción reaccionaria como es Schiaretti.

Coherentemente con este planteo, y a modo de justificación, en la misma nota se sostiene que el resultado de una elección indica “con qué subjetividad política han intervenido los trabajadores y el conjunto del pueblo golpeado por la crisis, víctimas directas del ajuste, de la inflación, de la recesión económica, del deterioro de sus condiciones de vida”[2].

Si bien comprendemos que las elecciones permiten apreciar en cierto grado a adhesión de la clase obrera a un programa revolucionario, en nuestra apreciación hay dos elementos que se deben poner sobre la mesa. Uno es que el proceso electoral no demuestra, siempre y en cualquier circunstancia, el grado de conciencia de los trabajadores o la simpatía hacia un partido revolucionario:

“…las simpatías de la mayoría de los trabajadores no pueden ser demostradas muchas veces por ninguna votación (sin hablar ya de las votaciones organizadas por los explotadores, a base de la “igualdad” entre explotadores y explotados) Muy a menudo, “las simpatías de la mayoría de los trabajadores”, se demuestran no en votaciones, sino por el crecimiento de uno de sus partidos,  por el éxito de una huelga, que debido a una u otra razón, adquiere enorme importancia…”[3].

El otro aspecto es que desde hace tiempo el FIT viene haciendo una campaña -como ya se lo hemos señalado a los compañeros- que no está a la altura de la actividad que deben llevar adelante los revolucionarios en la situación actual. Una parte de esto, sin asumir sus responsabilidades, es reconocida por Jorge Altamira en una nota propia de balance de las elecciones en Córdoba: “Fue dejada de lado la línea estratégica expuesta en el Manifiesto Político del FIT, en 2013. Al confinarse a las elecciones y no tomar a la lucha de clases en su conjunto, el FIT ha quedado preso de las presiones electorales y democratizantes”[4] 

Podríamos agregarle a esto que el perfil desdibujado con el que se presentaron los candidatos del FIT, sin plantarse frente a los candidatos de la burguesía como algo total y absolutamente diferente. En ese sentido una expresión lateral de esta política fueron las condolencias dadas por los compañeros Bregman y Del Caño a la familia del diputado de la UCR -partido del gobierno- asesinado. ¡Los representantes parlamentarios de la Revolución Socialista deben hacer todo lo contrario, destilando, en cada uno de sus gestos o discursos, odio de clase, en tal grado que no pase inadvertido! 

Entre las causas, que siempre son múltiples, de esta desviación parlamentarista y pacifista socialdemocratizante, está la caracterización de que la situación política y social no resultaría favorable para levantar las banderas más radicalizadas, o, en otras palabras, de que existiría un proceso de reflujo del movimiento de masas y un consecuente avance de la reacción, tal como lo demostraron todos los partidos del Frente de Izquierda en sus posicionamientos sobre Venezuela y Brasil, donde terminaron a apoyando a un ala burguesa con la excusa del “golpe”. 

Pero, más allá de esas divergencias, entendemos que existe en los/as compañeros/as del FIT, una voluntad mayoritaria el sentido de desempeñar el rol que le compete a un frente de organizaciones revolucionarias, de manera de no comportarse como un mero aparato electoral de características oportunistas. Es entonces que nos preocupa el devenir de la principal referencia de la izquierda en nuestro país. 

¿Hacia dónde vamos? 

En la nota citada al comienzo de este artículo, el PO llama a “reforzar nuestra campaña electoral”, así como llamamos a acelerar el acuerdo electoral porque “si bien se ha avanzado en el acuerdo, con la postulación de Romina Del Plá, por el Partido Obrero, y Nicolás del Caño, por el PTS, como integrantes de la fórmula presidencial, no se terminan de tomar las definiciones para largar la campaña. Un acuerdo del FIT permitirá encarar la discusión con el resto de las fuerzas de la izquierda para evaluar la formación de una lista común” (“Convoquemos en común un congreso del Frente de Izquierda”, en Prensa Obrera #1547, 9/5). 

Como señalamos, en otras notas, no negamos la importancia de una campaña electoral. ¡Sin embargo, en las actuales circunstancias esta no puede ni debe ser el eje sobre el que fluctúe la línea de quienes levantan las banderas del socialismo! 

Vemos con expectativa la pretendida realización de un congreso del FIT, que debería ampliarse al aporte de todos los y las luchadoras/es que hoy aportamos a la organización y a la lucha de la clase obrera. No obstante esto, entendemos que el centro del debate tendría que ser, junto con corregir los errores mencionados, en arbitrar los medios para impulsar con decisión y audacia la coordinación real de los conflictos en curso al servicio de concretar un Plan de lucha Independiente, o sea el inicio de un camino hacia el Argentinazo que será necesario para echarlos a todos.

¡En definitiva, hay que hacer como en el 30A, cuando los choferes del Expreso Lomas, los terciarios y trabajadores de diferentes sectores de la zona sur y la izquierda, nos unimos por abajo, organizando una Enorme y Combativa Jornada Activa, que nada tuvo que ver con el parito dominguero y el acto electoralista de la burocracia, aliada del PJ y Cristina! 

El debate abierto en el seno del PO, y por lo tanto de todo el FIT, es muy progresivo, razón más que suficiente para que todas las organizaciones que queremos fortalecer y agrandar la unidad de acción de la izquierda, participemos aportando nuestras ideas y propuestas. 

[1] https://prensaobrera.com/politicas/63849-las-elecciones-en-cordoba-y-la-propuesta-del-congreso-del-frente-de-izquierda

[2]  https://prensaobrera.com/politicas/63849-las-elecciones-en-cordoba-y-la-propuesta-del-congreso-del-frente-de-izquierda

[3] Lenin; Obras T  X (1919-1920)

[4] http://pt.org.uy/argentina-los-resultados-en-condoba-acentuan-la-crisis-del-proceso-electoral/? 

 

El PO, su adaptación al régimen y las críticas de Altamira

Artículo publicado el 17 de mayo

Por Juan Giglio

La discusión que estalló en el Partido Obrero, cuya dirección salió con los “tapones de punta” a enfrentar a quien fuera su máximo referente, Jorge Altamira, puso en el centro del debate la política que deberían tener los revolucionarios en el terreno más desfavorable para quienes levantamos las banderas del Socialismo, las elecciones burguesas. 

En ese sentido, Altamira puso el “dedo en la llaga”, cuestionando el carácter de la campaña realizada por el PO, aunque sus críticas resultaron un verdadero tiro por elevación contra el resto de los partidos que integran el Frente de Izquierda y los Trabajadores. Desde nuestra organización le advertimos al FIT sobre el peligro de adaptación al régimen en varias notas, como está que adjuntamos, escrita en 2013: 

La enorme elección realizada por el Frente de Izquierda expresa, aunque de manera distorsionada -porque sucede en el peor de los terrenos para los revolucionarios, como es el de las elecciones burguesas- un gran avance en el nivel de la conciencia de amplísimas capas de la clase obrera y del pueblo, que vienen luchando contra los efectos del Plan de Ajuste, Saqueo y Represión del gobierno kirchnerista. 

Por primera vez en la historia de nuestro país, cientos de miles empezaron a optar por una salida política electoral diferente a la que ofrecen los distintos partidos patronales, votando luchadores obreros y socialistas. Este también es el resultado de muchos años de paciente y sistemática militancia, llevada adelante por los partidos revolucionarios, principalmente por las organizaciones trotskistas. 

Semejante realidad pone a los dirigentes del Frente de Izquierda ante un enorme desafío. O se contentan con mantenerse como un simple fenómeno electoral, dentro de la cual cada partido gana cierto espacio mediante la obtención de algunas bancas en el Congreso; o revolucionan al FIT, transformándolo en una herramienta para la organización de la nueva dirección política y sindical de la clase trabajadora, incorporando a todos los activistas, personalidades y partidos dispuestos a sostener su programa. 

Si las conducciones del Partido Obrero, al PTS e Izquierda Socialista se disponen a tomar este rumbo, “abriendo las puertas” del FIT, miles de luchadores y luchadoras de la nueva vanguardia que emerge en cada una de las luchas fabriles, universitarias y populares, se incorporarán a la militancia socialista. Lo mismo harán decenas de pequeñas y medianas organizaciones de izquierda y cientos de personalidades, que coinciden con la necesidad de unir a la izquierda revolucionaria. 

De esa manera, el Frente de Izquierda podrá convertirse en una verdadera alternativa de dirección para el conjunto del movimiento obrero y popular, que está reclamando a gritos la posibilidad de dotarse de una política distinta a la de quienes lo condujeron -durante años- a enormes frustraciones y derrotas. 

Una política, revolucionaria y socialista que le sirva, no solo para ganar las próximas batallas parciales contra las patronales y el gobierno, sino para preparar la pelea de fondo contra el conjunto de las instituciones del régimen capitalista semicolonial que impera en nuestro país al servicio del saqueo y la explotación imperialista: La lucha por imponer un gobierno obrero y popular que inicie el camino hacia el Socialismo. 

Desde Convergencia Socialista, en función de esta tarea, continuaremos militando leal y fraternalmente dentro del FIT, aportando nuestras propuestas y críticas, como lo han demostrado todos nuestros militantes a lo largo de la campaña electoral.  

El peligro de la adaptación al régimen 

Sin embargo, el gran triunfo del FIT significa que, de acá en más el conjunto del régimen democrático burgués presionará aún más que antes sobre sus partidos para minar la posibilidad de que se ubique como una herramienta al servicio de las luchas y los luchadores y termine, como sucedió con el viejo MAS y otras organizaciones, transformándose en un apéndice izquierdista del sistema al cual dice combatir. 

Esta advertencia que estamos planteando no es un invento de un grupo de "sectarios" incurables, sino parte fundamental de la elaboración política y programática que han realizado los maestros del marxismo, previendo situaciones como esta. Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo y demás "próceres" del socialismo revolucionario advertían sobre estas presiones, ya que vivían en países en los cuales sus respectivas organizaciones llegaron a contar con bloques parlamentarios importantísimos.  

Lenin no solo no subestimaba el trabajo en ese terreno, sino que lo consideraba “como uno de los medios para ilustrar, educar y organizar al proletariado como partido de clase independiente, como uno de los medios de lucha por la liberación de la clase obrera.” (Obras Completas, tomo XI, página 273) 

Coherentemente con este análisis y con la práctica de años de los Bolcheviques, los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista -fundada después del triunfo de la revolución de 1917, reafirmaron esta premisa, tal como lo explica el siguiente párrafo, que hemos extraído de sus documentos: 

“…el estado mayor revolucionario de la clase obrera está profundamente interesado en contar, en las instituciones parlamentarias de la burguesía, con exploradores que facilitarán su obra de destrucción... el método fundamental de la lucha del proletariado contra la burguesía, es decir contra su poder gubernamental, es ante todo el de las acciones de masas…” 

Esta concepción, defendida por quienes tuvieron el mérito de dirigir la primer revolución proletaria triunfante, se construyó al calor de una activa militancia parlamentaria, del debate durísimo con otras organizaciones de izquierda  y de un estudio minucioso de los textos escritos por Marx, Engels y demás maestros del marxismo. 

Era el mismo punto de vista que tenía Rosa Luxemburgo: “Desde el punto de vista de una movilización por el socialismo, la lucha sindical y nuestra actividad parlamentaria poseen una importancia inmensa en la medida en que despiertan en el proletariado la comprensión, la conciencia socialista y lo ayudan a organizarse como clase.”

Quien parece no sintonizar con esa misma frecuencia es Jorge Altamira, que unos días antes de las elecciones dijo, refiriéndose a la crisis producida por el apartamiento temporario de la presidenta: “Si el Congreso sigue en manos exclusivas de los partidos tradicionales… el desenlace del vacío de poder que ha quedado al desnudo será decidido contra los mejores intereses de los trabajadores”. 

Este razonamiento, que conduce necesariamente a la conclusión de que si el congreso estuviese en manos de partidos “no tradicionales” resultaría beneficioso para los trabajadores no fue un "lapsus" de Altamira, sino el mismo análisis que sostuvieron varios de sus compañeros del PO, ya que fue repetido por varios candidatos importantes de este partido en distintos reportajes concedidos durante la campaña electoral. 

Coherentemente con ese punto de vista, en uno de sus materiales electorales más difundidos, el Partido Obrero fue aún más allá afirmando que: “…una votación importante de la izquierda le hará poner las barbas en remojo a los que pretenden descargar la crisis sobre el pueblo, porque mostrará su disposición de que la historia no se vuelva a repetir.” 

¡Compañeros del Partido Obrero… ninguna votación importante le pondrá las barbas en remojo a los que pretenden descargar la crisis sobre el pueblo… esto solo sucederá cuando las movilizaciones obreras y populares los derroten!  

La campaña electoral llevada adelante por el PO y sus aliados no tuvo el perfil que recomendaban Lenin, Trotsky y Rosa, ya que no existieron denuncias contra el régimen democrático burgués ni un sistemático llamamiento a la lucha obrera y popular por fuera de los estrictos límites del régimen democrático burgués. ¡Una orientación que las direcciones del PO, PTS e IS deberían cambiar, de manera de evitar sucumbir a los cantos de sirena de la democracia burguesa!   

El parlamento burgués jugará un papel significativo en el período que se avecina, obviamente sosteniendo al régimen capitalista semicolonial en crisis; apoyando al gobierno para que continúe aplicando el plan de ajuste, saqueo y explotación, que es compartido por la mayoría aplastante de los diputados y senadores. ¡Cuando caractericen que el gobierno "no da más", se jugarán a imponer cambios dentro de la institucionalidad, con el propósito de seguir con el mismo rumbo económico y social aunque con otros protagonistas!

Los diputados obreros tienen que combatir la política de los legisladores burgueses, denunciando sus planes reaccionarios y presentando debates y proyectos alternativos. Sin embargo lo más importante no pasa por esto, sino por llamar permanentemente a las masas a movilizarse y a enfrentar con dureza al conjunto de las instituciones capitalistas. 

Hay que utilizar todos los espacios legales para sembrar desconfianza en los mecanismos institucionales burgueses e impulsar decididamente el método de la acción directa (huelgas, marchas, cortes, tomas, etc.) que es la principal herramienta con que cuenta la clase obrera para obtener sus reivindicaciones insatisfechas. 

Los revolucionarios deben poner en la mira de las masas en lucha al gobierno, al ejército, al parlamento y la justicia, proponiendo -a través de consignas sencillas y entendibles- la necesidad de reemplazarlos por órganos del poder obrero y popular, asentados en el régimen de la democracia directa de la clase obrera y el pueblo movilizado. 

Si los dirigentes del PO y del resto de los partidos del FIT no lo hacen, contribuirán a crear la falsa consciencia de que a través del parlamento burgués se puede llegar a conseguir algún tipo de conquistas. ¡Así, en vez de contribuir a la necesaria destrucción de este escollo para la revolución, lo estarán apuntalando! 

En definitiva, hacer grande al Frente de Izquierda significa apoyarlo para que se consolide como un punto de referencia nacional frente de las luchas y los luchadores, reclamarle que abra las puertas para que incorpore a todos los activistas, dirigentes y partidos que coincidan con su programa general y, también, presentar batalla contra estas tendencias, objetivas, a adaptarse al régimen de la democracia burguesa.  

Como anexo de este artículo, publicamos las recomendaciones de la Tercera Internacional para sus parlamentarios, un texto que, hoy más que nunca, deberíamos leer. 

 

Liderará Altamira la lucha contra el electoralismo del FIT

Artículo publicado el 19 de mayo

Por Juan Giglio

Jorge Altamira acaba de “patear el tablero” de la izquierda argentina, con fuertísimas críticas a la política del FIT, cuestionando su orientación electoralista y la negativa de los partidos que integran la coalición en el sentido de organizar un frente único, que además de participar en las elecciones burguesas se postule como dirección alternativa de las luchas.

El debate encarado por el fundador y hasta hace poco máximo referente del PO, va más allá de esto, ya que plantea profundas diferencias metodológicas con su organización. No sabemos si Altamira se pondrá al frente de una fracción interna, aceptará finalmente la disciplina partidaria -alineándose con la mayoría de su dirección- o quedará por fuera, liderando un grupo de adherentes.

No es nuestra intención meternos en la “interna” del PO, ni proponer un curso faccioso o fraccional, que le corresponde a sus militantes. Lo que sí nos atañe es opinar en relación a las posiciones políticas del compañero, ya que más allá de ciertos matices y elementos de balance con los que no coincidimos, estamos en general de acuerdo con el punto nodal de su crítica, que apunta en contra del electoralismo del FIT.

Si Altamira fuera consecuente con esta idea, debería jugarse a construir un polo militante con todas las organizaciones y activistas que, apoyando al FIT, estén dispuestos/as a batallar para que el Frente de Izquierda deje de ser una cooperativa electoral y se meta de lleno en la lucha de clases, impulsando la cada vez más necesaria unificación de los conflictos, dinámica que acaba de pegar un salto con la jornada activa de Puente La Noria del 30 de Abril, en el marco del paro convocado por el moyanismo.

Ese día, distintos sectores obreros y de estudiantes terciarios -apoyándose en la resolución de sus respectivas asambleas- organizaron un corte multitudinario y combativo, un ejemplo de lo que debería promover el FIT. ¡Qué mejor que aparecer al frente de de estas fenomenales manifestaciones de protesta, levantando las banderas del Socialismo! Sus diputados o legisladores podrían ser los portavoces de esta orientación, agitándola desde las bancas del Congreso.

Por otra parte, en diferentes conflictos -como Electrolux o Autobuses Santa Fe- la burocracia peronista comenzó a utilizar sus patotas para amedrentar luchadores, postulándose de esa manera para continuar haciéndolo en un próximo y eventual gobierno del PJ. Junto con solidarizarse con los agredidos, el FIT debería alentar la necesidad de organizar los piquetes de autodefensa que enfrenten a estos gangsters, que tratarán de imponer el futuro “Pacto Social” a fuerza balas.

Si Altamira es consecuente con la caracterización de que existe una situación favorable para la lucha de los trabajadores -en el marco de profunda debacle del régimen- y con su planteo de lograr que el FIT se transforme en la herramienta política que le dé un curso progresivo a los combates obreros que se avecinan, debería ponerse al frente de la pelea política que anunció, convocando con amplitud y sin sectarismos a sostenerla y profundizarla. 

 

Sobre las cuestiones metodológicas

Nota publicada el 4 de julio

Por Comité Ejecutivo de Convergencia Socialista de Combate 

La crisis que está atravesando el Partido Obrero ya tomó estado público, a tal punto que los medios de la burguesía se han dedicado a entrevistar a representantes de las diferentes fracciones, aprovechando las circunstancias para criticar a toda la izquierda. Esta situación obliga a la militancia obrera y socialista a emitir opiniones al respecto, tanto a nivel de las cuestiones político programáticas que han trascendido, como de las  metodológicas, que lamentablemente están tiñendo todo lo que acontece en el PO.

En este marco, cada paso que den las fracciones en pugna, principalmente la mayoría -que tiene la responsabilidad principal por el simple hecho de estar al frente del partido- constituirá una tremenda acción de propaganda hacia el conjunto de la vanguardia, que objetivamente está siendo educada por todo lo que sucede dentro del Partido Obrero ¡Insistimos, tanto a nivel político, programático como en el ámbito moral y metodológico!

En otros textos, ya hemos opinado acerca del debate político, caracterizándolo como muy importante, porque expresa diferentes posiciones que hoy por hoy están cruzando a la izquierda, en el marco de lo que para nosotros/as es una Situación Revolucionaria Inédita, que debería ser capitalizada con un programa audaz que se plantee la pelea por poder. En este caso, nos referiremos a problemas relacionados a la metodología de las discusiones, que como dijimos al principio, han tomado estado público.

En los 90, la organización de la que provienen varios/as camaradas que actualmente integran las filas de Convergencia Socialista -el viejo MAS- sufrió una crisis parecida, porque su dirección, en vez de jerarquizar las grandes diferencias políticas que subyacían entre las tendencias y fracciones que se fueron desarrollando luego de la muerte de Nahuel Moreno, jerarquizó la utilización de acusaciones de carácter metodológico o moral, la intervención de locales partidarios o regionales y también las expulsiones.

En este caso, la minoría, dentro de la cual milita uno de los principales referentes de la izquierda argentina e internacional, Jorge Altamira, ha salido a denunciar a la mayoría por actitudes similares a estas. Por esa misma razón, nos parece que la conducción del Partido Obrero -que tanto criticó a Nahuel Moreno- no debería caer en las trampas que la historia le puso al principal partido “morenista”.

Sin ánimo de meter debates facciosos, creemos que más allá de las razones estatutarias que los/as dirigentes del PO esgrimen -probablemente sean ciertas- deberían otorgarle a la tendencia minoritaria el derecho a permanecer en el partido y, en ese marco, a desarrollar una gran discusión política. Una decisión de estas características rompería con la lógica que primó en el viejo MAS y que continuó siendo utilizada en otras situaciones críticas por otros grupos o partidos.

La crisis puso a la actual dirección del PO frente al desafío de trazar una raya y plantear un “antes y un después” dentro de la riquísima historia de la izquierda argentina, educando a miles y miles con una metodología similar a la que utilizaron Lenin y Trotsky en el Partido Bolchevique, que hasta su burocratización estuvo siempre cruzado por la explosión de grandes debates políticos y programáticos, que dieron lugar a la constitución de diferentes fracciones.

El Comité Central del PO debería presentarse como una dirección, que lejos de pretender imponerse a través de la proclamación de los estatutos o recurriendo a la justicia burguesa -para defender lo que considera propio- está dispuesta a convencer, un camino que no es sencillo pero que a la larga es el mejor. De esa manera ganaría una autoridad fenomenal frente al resto de las organizaciones revolucionarias, dando por tierra con todas las maniobras mediáticas de la burguesía, que quiere aprovecharse de la crisis del PO para minar las fuerzas obreras y socialistas.

Como lo demostró la debacle del viejo MAS, la utilización mecanicista, de los estatutos o el hecho de contar con una mayoría clara de delegados a la hora del congreso partidario, no sirve para enfrentar positivamente este tipo de situaciones, que cuando no se resuelven dejan un tendal de militantes y activistas obreros fundidos y desmoralizados, situación que repercutió, lamentablemente, en las filas de la clase trabajadora y el pueblo. ¡Más allá de nuestras profundas diferencias con el PO, no queremos que esto vuelva a repetirse, porque nos golpearía a todos/as!

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