Por Damián Quevedo
La fragmentación política es cada vez más grande y se produce con mayor velocidad. A la grieta, entre Alberto y Cristina, ahora se suma la que tiene lugar en los "movimientos sociales", con Grabois a la cabeza. Es que el intento de la vicepresidenta de sacarlos de la ecuación, porque conforman la única base del presidente, se transformó en un disparo en el pie.
Tanto los grupos
de la UTEP -afines al gobierno- como aquellos que se organizan en torno al Polo
Obrero, se unieron en la defensa corporativa de los planes sociales, inmediatamente
después de que Cristina saliera a cuestionarlos. En ese marco, el monaguillo Grabois
se mete de lleno en la interna oficialista, reclamando el "salario
universal" y quejándose de la pobreza, que generó su propio gobierno.
La aparición de
este agente eclesiástico exaltado, en otro contexto no pasaría de lo anecdótico.
Pero, en las actuales circunstancias, con una crisis del régimen gravísima, hasta
los movimientos sociales son capaces de agravar la situación política y social.
Los intendentes peronistas del conurbano también
están alertas, saben que la posibilidad de enfrentar un agosto con alta
conflictividad social está latente, ellos enfrentan varios dilemas que les hace
cuesta arriba la posibilidad de retener su poder territorial. El primero es la
falta de un líder que empuje sus boletas en las elecciones del año próximo.
“Electoralmente Alberto es un salvavidas de
plomo, pero tenemos que ser cautelosos y sostenerlo porque si nos agarra
divididos y con cada uno en la suya, un estallido social nos lleva puestos a
todos”, dijo un jefe comunal del conurbano preocupado por el avance de La Cámpora
y la interna descarnada entre los Movimientos Sociales.
Es que la posibilidad de que un conflicto
político por el poder interno, y también por el manejo de la ayuda social que
enfrenta a intendentes con las organizaciones sociales, se traslade a las calles
y los jefes políticos pierdan el control sobre la misma es cada vez más fuerte[1].
La razón de fondo de estas peleas es el barco que se hunde y la búsqueda de un posicionamiento más firme para encarar las elecciones del año próximo. Según las últimas encuestas de consultoras privadas, ni la mayor unidad podría salvar al peronismo de una derrota estrepitosa en 2023, ya que la mayoría de la sociedad sabe que es el responsable de la crisis.
Tampoco el macrismo está en las mejores condiciones, aunque es probable que ganen las elecciones, por lo menos con los números de hoy. Sus principales referentes han perdido un inmenso caudal electoral, que parecía ser aprovechado por Javier Miles. Sin embargo, el fenómeno “libertario” duró muy poco, por lo menos a nivel mediático, ya que los capitalistas no apostarán a alguien con un claro desequilibrio emocional y sin una estructura partidaria que pueda garantizar la gobernabilidad.
Las patronales no tienen ninguna carta segura, por eso, la sangría de votos del kirchnerismo puede llegar a girar hacia la izquierda. Este contexto implica un desafío para el FITu, que, en medio de una enorme crisis política y económica, se verá empujado a tener una orientación aún más electoralista que la actual. ¡No debemos descartar, para nada, el adelantamiento de las elecciones presidenciales!
Por todo esto, la izquierda tiene que empezar a presentarse como alternativa para gobernar, pero no como un simple recambio institucional, sino metiendo la discusión sobre qué clase social -y con qué métodos- debería gobernar. La candidatura de Alejandro Vilca -un trabajador de Jujuy que ocupa el puesto de diputado nacional- puede expresar, de forma sencilla y comprensible para la mayoría, lo que pretendemos los y las socialistas: un gobierno de los trabajadores.
Para eso, repetimos lo que hemos dicho en una nota anterior: la mejor campaña de Vilca sería metiéndose de lleno en las luchas, apostando con todo a su centralización, mediante la coordinación, desde las bases, de estas. Vilca, y quienes lo acompañen, deben impulsar la organización desde las bases, de un Argentinazo que dé lugar al gobierno obrero y socialista.
[1] La Nación 21/07/2022
Vilca, presidente obrero... ¿Por qué no? (Nota publicada en nuestro periódico, días atrás)
A pesar de que aún falta mucho para las elecciones, ya se está discutiendo quien debería ser el próximo presidente, para lo cual se postula una cantidad muy grande de candidatos y candidatas, como Alberto, Cristina, Macri, Milei, Bullrich, etc. Los grandes medios hablan de todos ellos, pero no dicen nada sobre otro candidato, Alejandro Vilca, que fue presentado días atrás por el PTS -integrante del FITu junto con Myrian Bregman, una gran luchadora de los derechos humanos.
Alejandro, que trabaja en la recolección de basura de la capital de Jujuy, tiene 46 años y proviene de una familia muy humilde. En 2006 formó parte de la Coordinadora Provincial de Trabajadores en Negro, que exigía mejores condiciones laborales y el pase a planta permanente del personal contratado. Luego de ese conflicto, él y un grupo de trabajadores precarizados fueron transferidos a la recolección de residuos en el barrio Alto Comedero, después de varios años, consiguieron la efectivización dentro del gremio municipal.
En 2021, como primer candidato a diputado nacional del Frente de Izquierda -por Jujuy- conquistó más del 23% de los votos, logrando la mejor elección provincial de la izquierda de toda su historia. Desde Convergencia Socialista saludamos su candidatura, porque estamos convencidos y convencidas de que deben gobernar representantes de la clase obrera, nunca más los capitalistas, que nos llevaron a esta crisis sin salida. Hacen falta muchos y muchas como Vilca, que se pongan al frente de sus conflictos y que se jueguen a representar políticamente a sus bases.
Desde nuestro punto de vista, la mejor campaña que tendría que hacer el compañero Alejandro Vilca, es recorriendo todas las luchas, para ponerse a disposición, ayudar a que triunfen y a que coordinen entre sí, organizando un gran combate contra el ajuste y los ajustadores. Allí, en cada trinchera de esta tremenda resistencia que están librando los y las de abajo, él y sus camaradas deben agitar las ideas de la revolución, del Socialismo.

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