Por Damián Quevedo
El domingo
hubo elecciones presidenciales en Colombia, donde todos los sondeos previos caracterizaban
un seguro triunfo del populista Gustavo Petro, no tan amplio como para ganar en
primera vuelta. Sin embargo, los analistas de la burguesía se equivocaron en
cuanto a quién resultaría segundo, creyendo, en general, que ese puesto terminaría
siendo ocupado por el candidato del ex presidente Uribe, el oficialista Federico
Gutiérrez.
La sorpresa,
para todos estos, fue la obtención de este lugar por parte de un “outsider” de
la política, el empresario Rodolfo Hernández, que, aunque llegó a ser alcalde,
no está identificado con ninguno de los partidos tradicionales de Colombia y se
presenta con un discurso “anti corrupción”, siguiendo un camino populista de
derecha, parecido al que llevó a la presidencia a Donald Trump.
Se llama Rodolfo
Hernández, tiene 77 años, es un empresario que
fue alcalde de la localidad de Bucaramanga y que aparece como el candidato
favorito para ganar las elecciones que se van a celebrar en junio. Él sacó
solamente el 28,2% de los votos, pero se calcula que gran parte de los votantes
del candidato oficialista, que son un 24% de los sufragios, van a ir a votarlo
a él para impedir que llegue Petro a la presidencia[1].
En los
últimos tramos de la campaña, Petro intentó presentarse ante los capitalistas como
la opción moderada, sosteniendo un tibio discurso populista, a través del cual prometió
cumplir con reclamos históricos del movimiento de masas de Colombia, incluso
algunos de los que levantaba las FARC, como la reforma agraria.
“Un clave en este marco es la puesta
en marcha de una reforma agraria que ataque la desigualdad en la propiedad y el
uso de la tierra, garantizando el derecho a la tierra de las familias rurales
(con las mujeres como prioridad) y la formalización de la propiedad, entre otras
medidas[2].
En abril Petro y Márquez firmaron en una notaría un documento en que se
comprometieron a
no expropiar[3].
Esta consigna,
bajo las condiciones actuales del capitalismo, no solo no significa ningún
cambio radical, sino que hasta tiene un carácter reaccionario, ya que, las grandes
multinacionales extractivistas no tienen la intención de contar con el
monopolio de la tierra, convirtiéndose en latifundistas. La mayoría prefiere
arrendar, incluso pequeñas parcelas que luego unifican para producir en gran
escala, de manera de ahorrarse el costo de la degradación de la tierra que
implica llevar adelante este tipo de emprendimientos.
Hoy los grandes capitales volcados a
la agro industria, no acaparan tierras, sino que prefieren arrendarlas, incluso
sumando pequeñas porciones que alquilan a pequeños propietarios, a diferencia
de los primeros años del capitalismo en el agro, en el que los terratenientes
veían incrementarse su capital, con las mejoras introducidas por los
arrendatarios[7] El proceso actual es inverso, la
degradación del suelo implica una pérdida de capital que las mejoras
parciales realizadas por los
arrendatarios no llegan a amortizar, el resultado es la tendencia a la
eliminación paulatina de estos pequeños terratenientes[4].
El populismo colombiano
no tiene margen para maniobrar, razón por la cual los cambios parciales o
reformas, por derecha o por izquierda, que agitan estos dos candidatos, no son
más que testimoniales. Eso hizo Hernández, que valiéndose de una retórica
similar a la de Milei, no presentó ningún programa real. Es que, en el fondo, cualquiera
que gane terminará administrando el Estado al servicio de las grandes
multinacionales, que son, en definitiva, los verdaderos electores, los dueños
de Colombia.
La principal
señal que dejan estas elecciones es el creciente rechazo del movimiento de
masas hacia los partidos tradicionales, expresando el crecimiento de una
tendencia “anti régimen”, que tiene un alcance continental. La izquierda
revolucionaria debe aprovechar esta dinámica, denunciado a los dos candidatos
por igual y jugándose a aparecer como la única opción capaz de ir a fondo,
impulsando una revolución obrera y popular que acabe con la actual
institucionalidad capitalista.

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