La fuga de Siberia en un trineos de renos, hermoso libro de Trotsky


Por Samuel Noyola 

Se editó, por primera vez en español, el libro de Trotsky “La fuga de Siberia en un trineo de renos”, un texto que defraudará a quienes pretendan encontrar un manifiesto político, pleno de consignas agitadas a diestra y siniestra por el dirigente del Ejército Rojo. En cambio, en esta magnífica obra hallarán el relato de una auténtica fuga, escrita con trabajados detalles, que ubican al principal exponente de los soviets revolucionarios, a la altura de los grandes literatos.

Por la monumental estepa Siberiana, un Trotsky, de apenas 27 años, es empujado a marchar hacia la deportación -de por vida- debido a su intervención en la revolución de 1905, donde se había puesto al frente del proletariado de San Petersburgo, desde su lugar, como líder “soviético”.

La primera parte, La ida, consta de una serie de cartas que intercambia con su compañera Natalia Sedova. La segunda, La vuelta, a modo de crónica y, como diría Padura en su presentación, es un texto cargado de suspenso… en el que Trotsky va aportando detalles con sus notas tomadas ¡en el momento mismo de la fuga!

El relato empieza con su salida, desde la cárcel de la Fortaleza de Pedro y Pablo -en San Petersburgo, el 3 de enero de 1907- donde permaneció durante todo 1906, dedicándose a escribir. Continúa con su llegada al poblado de Beriozov, el 12 de febrero de 1907, la penúltima parada de un tránsito que tenía que haber terminado en el lugar en el que tenía que cumplir la condena, la remota localidad de Obdorsk.

Este no era otra cosa que un sórdido paraje, ubicado algunos grados al norte del Círculo Polar Ártico, a más de 1500 verstas -unidad de longitud rusa, que equivale a l066,8 metros- de la estación del ferrocarril más cercana y a 800 de un puesto telegráfico.

Sus compañeros de viaje eran, un conductor de trineo borracho, que, empapado permanentemente en vodka y vino, sería su puerta hacia la libertad, además de los renos, que arrastraban su trineo. El autor resaltará las destrezas y bondades de estos nobles animales.

En ese periplo, Trotsky se zambulle hacia el interior de la cultura de una Rusia inhóspita y lanzada al abandono, indagando sus costumbres e idiomas y encontrándose, de vez en cuando, con algún socialdemócrata, ya que, la primera revolución rusa tenía sus expresiones aún en estos lugares tan recónditos, deparándole grandes sorpresas.

Las ideas de la muerte y de la cárcel acecharon a Trotsky durante todo el relato, aunque él y sus compañeros consiguieron sobrevivir a una casi segura muerte, a la que, en los hechos, habían sido condenados por el zarismo. Lo lograron, gracias a la valentía de sus actos, que los ubicaron -incluso para sus enemigos de clase- como representantes auténticos de un pueblo, que, durante el traslado y posterior fuga, expresó diferentes grados de solidaridad y admiración.

Siendo consecuentes con la caracterización, no debemos analizar este texto por la ausencia de caracterizaciones y consignas, sino a través de la lupa con la que Trotsky describió al arte en su obra “Literatura y Revolución”: El arte no es un campo en que el partido esté llamado a comandar. Puede y debe proteger, ayudar y solo indirectamente dirigir” (…) “Porque es bueno que en el mundo exista no solo la política, sino también el arte. Es bueno que el arte sea inagotable en sus posibilidades, como la vida misma. En cierto sentido el arte es más rico que la vida, ya que puede aumentar y disminuir, aplicar colores brillantes o, al contrario, limitarse a un lápiz gris, puede presentar un mismo objeto desde diferentes ángulos e iluminarlo con diferentes luces. Napoleón hubo uno solo. Pero sus representaciones artísticas son innumerables”.

Mientras Trotsky se fuga de Siberia, comenzando una dura batalla contra el destierro, vamos sintiendo que viajamos con él arriba de ese trineo. Que nos enojamos con su conductor, Nikiflor, cada vez que parece no poder mantenerse en pie debido a su borrachera. También, por momentos, queremos convertirnos en reno para empujar más rápido -¡acelerando el escape!- y terminamos emocionándonos por su reencuentro con Natalia Sedova.

Zambulléndonos en este magnífico relato, sentimos la manera de soplar de aquel viento helado y, cómo todo lo que rodeaba al gran revolucionario y sus compañeros, estaba inmerso en tinieblas. Finalmente, terminamos con un grito incontenible que se escapa del pecho, que es un grito de Libertad y alegría, cuando Trotsky escribe “Mientras tanto el tren de la línea Perm- Kotlas me lleva adelante, adelante, siempre adelante”

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