Por Damián Quevedo
Existe una idea muy propagada por el sentido común, en torno a la posibilidad de salir de las crisis impulsando el mercado interno, que ha sido uno de los caballitos de batalla del peronismo en la Argentina y del neo keynesianismo en general. Ese es, en el fondo, uno de los debates que estaría motorizando Cristina contra Alberto y su ministro Guzmán, acusándolos de no tener una política que apunte en ese sentido.
Por eso, los kirchneristas del senado y diputados, empujados por CFK, están motorizando un nuevo "Plan Platita": La estrategia Plan Platita para que el plan económico vuele por los aires sigue en el Congreso: el jueves, en Diputados, se pidió adelantar los aumentos al salario mínimo. El viernes, senadores K pidieron incorporar al sistema jubilatorio a quienes no tengan los 30 años de aportes. Este martes, en Diputados otra vez, apareció un proyecto para el Salario Básico Universal. (Clarín, 11 de mayo)
En cuanto a esta línea, meses atrás hemos publicado un par de artículos (El mito del mercado interno) en los que, en los hechos, discutíamos con esta nueva versión del Plata "Platita" de Cristina y demás: La posibilidad de reproducir el ciclo de expansión del capitalismo, concediendo aumentos de salarios, que para el neo keynesianismo llevaría a incrementar la capacidad de consumo de la clase obrera, tiene un límite objetivo y es que la clase obrera consume solo medios de subsistencia, los cuales varían en épocas y lugares diferentes de acuerdo a las relaciones de fuerza entre obreros y patronos, ya que si los obreros de un país cualquiera acceden a consumir una variedad mayor de productos (los que puede comprar su salario) es porque lograron quitarle al capital una tajada mayor de su trabajo.
El mito del mercado interno (primera parte)
Los kirchneristas reivindican, por lo tanto, de la política que impulsaron Juan Domingo Perón en los años cuarenta y el kirchnerismo desde el 2003, con subsidios a los capitales más chicos (menos productivos) y a los trabajadores, a través de un aumento indirecto de salarios.Es que, tanto la parte de la ganancia de las fracciones más grandes de la burguesía local, repartida entre las fracciones más chicas del capital, surge en última instancia del trabajo no pago a la clase obrera en su totalidad, por lo tanto no es otra cosa que reparto de plusvalía.
Ahora bien, las crisis en el capitalismo surgen por el exceso de mercancías que no encuentran lugar para realizarse, es decir ser vendidas y con ello acrecentar las arcas de las patronales. Este incremento de mercancías producidas requiere, también llegado determinado punto, acrecentar los medios para su fabricación: las máquinas y eventualmente el empleo de más trabajadores, que cuando arriban estos procesos críticos son echados a la calle nuevamente.
“Para acumular, es forzoso convertir en capital una parte del trabajo excedente. Pero, sin hacer milagros, sólo se pueden convertir en capital los objetos susceptibles de ser empleados en el proceso de trabajo; es decir, los medios de producción, y aquellos otros con que pueden mantenerse los obreros, o sean, los medios de vida. Por consiguiente, una parte del trabajo excedente anual deberá invertirse en crear los medios de producción y de vida adicionales, rebasando la cantidad necesaria para reponer el capital desembolsado. En una palabra, la plusvalía sólo es susceptible de transformarse en capital, porque el producto excedente cuyo valor representa aquélla, encierra ya los elementos materiales de un nuevo capital.”[1]
La posibilidad de reproducir el ciclo de expansión del
capitalismo, concediendo aumentos de salarios, que para el neo keynesianismo
llevaría a incrementar la capacidad de consumo de la clase obrera, tiene un
límite objetivo y es que la clase obrera consume solo medios de subsistencia,
los cuales varían en épocas y lugares diferentes de acuerdo a las relaciones de
fuerza entre obreros y patronos, ya que si los obreros de un país cualquiera
acceden a consumir una variedad mayor de productos (los que puede comprar su
salario) es porque lograron quitarle al capital una tajada mayor de su trabajo.
Ésta sólo da a la clase obrera un libramiento sobre una parte exactamente determinada del producto total por el importe del capital variable. Por tanto, si los obreros pueden comprar medios de subsistencia, le devuelven a la clase capitalista la suma de salarios que han recibido de ella hasta el total del capital variable”[2].
Entonces queda una masa de productos que no están destinados estrictamente a la subsistencia de los trabajadores, aquella parte de la producción destinada a fabricar máquinas y herramientas sofisticadas, o mercancías como los aviones, barcos, coches de alta gama o elementos suntuarios muy caros, que no son consumidas por los obreros sino por otros capitalistas y que encuentran el mismo freno en un mercado siempre limitado. Esta realidad lleva a que entren en crisis algunas ramas de la producción, pero esto solo muestra el prólogo del estancamiento que tarde o temprano termina alcanzando al resto de los capitales, que se encuentran entrelazados en la producción social.
Como señalamos más arriba el aumento de salarios ya sea directo o indirecto, mediante subsidios, no permite a la clase obrera consumir más allá del producto socialmente destinado a su subsistencia, la parte destinada al capital variable[3], pero no le permite transformarse como clase, en consumidor del resto de las mercancías y mucho menos en el grado que el capital requiere para continuar su ciclo de crecimiento.
El desarrollo del mercado interno como medio para la salida de las crisis y la prosperidad es uno de los mitos más comunes promovidos por peronismo y al que muchas veces la izquierda concede cierta validez, razón por la cual vemos necesario refrescar algunos conceptos elementales del marxismo que conservan validez para el análisis de la sociedad capitalista, ya que estas caracterizaciones contribuyen a la elaboración programática de un partido revolucionario y pueden tener un peso sustancial en el desarrollo de una línea acertada o empujar a graves errores políticos.
[1] K. Marx; El Capital TI.
[2] Rosa Luxemburgo; La acumulación de capital.
[3] K Marx El Capital TI. “Las mismas
partes integrantes del capital, que se distinguen desde el punto de vista del
proceso de trabajo como factores objetivos y subjetivos, medios de producción
y fuerza de trabajo, se diferencian desde el punto de vista del proceso de
valorización como capital constante y capital variable”.
El mito del mercado interno (segunda parte)
Esta idea, desligada de otros elementos que hicieron al desarrollo de nuestra débil clase capitalista -en contraposición al de sus pares estadounidenses- relacionándola solo a las características de sus mercados internos, es insuficiente para comprender las razones por las que ciertos países han podido o no crecer, ya que el avance de la burguesía no responde a la vitalidad de esos pequeños capitales.
Lo que distinguió
al capitalismo naciente de la vieja sociedad feudal, de la que emergió; al
burgués del artesano, es justamente la capacidad de producir más mercancías en
un tiempo considerablemente menor. Para conseguirlo fue necesario el
surgimiento de la manufactura primero y de la gran industria después. ¡Fue el
tamaño productivo el que hizo la diferencia, porque este y la división del
trabajo crearon las condiciones objetivas para inundar de mercancías a las
sociedades que hasta entonces se fundaban en la pequeña producción artesanal!
“El régimen gremial de la edad media restringió a un máximo muy exiguo el número de trabajadores a los que podía emplear un solo maestro. El poseedor de dinero o de mercancías no se transforma realmente en capitalista sino allí donde la suma mínima adelantada para la producción excede con amplitud el máximo medieval. Se confirma aquí, como en las ciencias naturales, la ley descubierta por Hegel en su Lógica…”[1]
Esta misma relación, en cuanto a niveles de productividad, existe hoy por hoy entre los capitales más chicos y los más grandes y concentrados. El empleo de mayor fuerza de trabajo, en las pequeñas industrias, es porque son menos eficientes, ya que no cuentan con capitales y recursos tecnológicos como las más grandes. Existe una tendencia en el capitalismo a reducir la cantidad de trabajadores destinados a una producción, por eso cuando las empresas de ciertas ramas crecen allí aumenta la utilización de maquinarias, supliendo en gran medida el trabajo de los obreros, aunque sin llegar jamás a prescindir del trabajo humano, que es el que “valoriza” los productos.
Por esta razón los capitalistas pequeños tampoco pueden absorber la sobre producción derivada de las crisis, ya que esencialmente consumen materias primas, muchas veces importadas, pero no productos con un alto valor agregado, como las maquinarias pesadas. El otro elemento que hace que las llamadas Pymes no puedan constituirse en motor económico -mucho menos de un capitalismo tardío y dependiente como el de Argentina- es que no están en condiciones de subsistir por sí solas, ya que dependen de la gran producción, de la que son subsidiarios.
En ese marco no pueden sobrevivir a la competencia entre capitalistas, que tiende a eliminar a los capitales menos productivos, sin contar con la transferencia de parte de la plusvalía extraída a los obreros de las grandes empresas, capital que el Estado les otorga en forma de subsidios. En el caso argentino, existen quince programas diferentes de subsidios para Pymes[2], en el caso de la provincia de Buenos Aires son pocas las empresas que subsisten sin ayuda estatal.
Recientemente el gobierno provincial realizó un “convenio entre el Banco Provincia y el Fondo de Garantías Bonaerense (FOGABA) para el otorgamiento de garantías en los créditos emitidos por el BAPRO para pago de sueldos y capital de trabajo para MiPyMEs. Este convenio lo que busca es garantizar a las PyMEs que requieran de financiamiento reinsertar en el sistema financiero a las empresas que hayan tenido incumplimientos en el pago de los créditos con el aval de Fogaba y otorgar garantías por un monto mayor en un contexto de mayor estabilidad”[3].
Las pequeñas empresas son también las que mantienen la mayor parte de los trabajadores en “negro”, sin aportes jubilatorios o cobertura de salud, situación a la que recurren para poder competir con las empresas más grandes. Por eso siempre terminan siendo las que más exprimen a sus empleados, que trabajan allí en las peores condiciones.
Embellecer a los pequeños empresarios, como emprendedores honestos casi sin intereses mezquinos, como si los tendría el capital financiero, es una de las más burdas patrañas del populismo pequeño burgués, que en el fondo nunca asumirá que estas empresas no solo no pueden impulsar el desarrollo de un país, sino que constituyen una carga para la sociedad, siendo por lo tanto uno de los mayores síntomas del atraso social.
La izquierda revolucionaria no puede capitularle al mito de las Pymes “buenas”, debe señalar que el carácter reaccionario de estas es igual o mayor que el de las grandes, del capital financiero o cualquier otro, razón por la cual en las actuales circunstancias no habrá ningún tipo de salida progresiva en base a estas, sino a la expropiación del conjunto a través de un gobierno de trabajadores que inicie el camino hacia el Socialismo.
[1] El Capital, libro primero.
[2] https://www.argentina.gob.ar/tema/emprender/financiamiento
[3] https://www.infobae.com/economia/2020/04/29/kicillof-anuncio-credito-blando-para-las-pymes-y-el-comercio-electronico/

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