Por Damián Quevedo
Existe una idea muy propagada por el sentido común, y recontra utilizada por el peronismo y sus acólitos, en torno a la posibilidad de salir de las crisis impulsando el desarrollo de un mercado interno pujante. Este ha sido uno de los caballitos de batalla del kirchnerismo, en la Argentina, y del neo keynesianismo en general, en el resto del planeta.
Una política parecida es la que impulsaron Juan Domingo Perón en los años cuarenta y los Kirchner desde el 2003, con subsidios a los capitales más chicos (menos productivos) y, en cierta forma, a los trabajadores, a través de ciertos aumentos -indirectos- de los salarios. Es que, tanto la parte de la ganancia de las fracciones más grandes de la burguesía local, más aquello que se termina repartiendo entre las fracciones más chicas del capital, que surge en última instancia del trabajo no pago a la clase obrera en su totalidad, no es otra cosa que reparto de plusvalía.
Ahora bien, las crisis en el capitalismo surgen por el exceso de mercancías que no encuentran lugar para realizarse, es decir ser vendidas, para, de esa manera, acrecentar las arcas de las patronales. Este incremento de mercancías producidas requiere, también llegado determinado punto, acrecentar los medios para su fabricación: las máquinas y eventualmente el empleo de más trabajadores, que cuando arriban estos procesos críticos son echados a la calle nuevamente.
“Para acumular, es forzoso convertir en capital una parte del trabajo excedente. Pero, sin hacer milagros, sólo se pueden convertir en capital los objetos susceptibles de ser empleados en el proceso de trabajo; es decir, los medios de producción, y aquellos otros con que pueden mantenerse los obreros, o sean, los medios de vida. Por consiguiente, una parte del trabajo excedente anual deberá invertirse en crear los medios de producción y de vida adicionales, rebasando la cantidad necesaria para reponer el capital desembolsado. En una palabra, la plusvalía sólo es susceptible de transformarse en capital, porque el producto excedente cuyo valor representa aquélla, encierra ya los elementos materiales de un nuevo capital.”[1]
La posibilidad de reproducir el ciclo de expansión del capitalismo, concediendo aumentos de salarios, que para el neo keynesianismo llevaría a incrementar la capacidad de consumo de la clase obrera, tiene un límite objetivo y es que la clase obrera consume solo medios de subsistencia, los cuales varían en épocas y lugares diferentes de acuerdo a las relaciones de fuerza entre obreros y patronos. Si los obreros de un país cualquiera acceden a consumir una variedad mayor de productos (los que puede comprar su salario) es porque lograron quitarle al capital una tajada mayor de su trabajo.
“Ciertamente, para el capitalista individual el obrero es tan buen consumidor, es decir, tan buen comprador de su mercancía (si puede pagar), como un capitalista o como cualquier otro miembro de la sociedad. En el precio de la mercancía que vende al obrero, el capitalista individual realiza su plusvalía exactamente igual que en el precio de cualquier mercancía vendida a otro comprador. Pero no sucede así desde el punto de vista de la clase capitalista en conjunto.
Ésta sólo da a la clase obrera un libramiento sobre una parte exactamente determinada del producto total por el importe del capital variable. Por tanto, si los obreros pueden comprar medios de subsistencia, le devuelven a la clase capitalista la suma de salarios que han recibido de ella hasta el total del capital variable”[2].
Entonces, queda una masa de productos que no están destinados estrictamente a la subsistencia de los trabajadores, aquella parte de la producción destinada a fabricar máquinas y herramientas sofisticadas, o mercancías como los aviones, barcos, coches de alta gama o elementos suntuarios muy caros, que no son consumidas por los obreros sino por otros capitalistas y que encuentran el mismo freno en un mercado siempre limitado. Esta realidad lleva a que entren en crisis algunas ramas de la producción, pero esto solo muestra el prólogo del estancamiento que tarde o temprano termina alcanzando al resto de los capitales, que se encuentran entrelazados en la producción social.
Como señalamos más arriba el aumento de salarios ya sea directo o indirecto, mediante subsidios, no permite a la clase obrera consumir más allá del producto socialmente destinado a su subsistencia, la parte destinada al capital variable[3], pero no le permite transformarse como clase, en consumidor del resto de las mercancías y, mucho menos, en el grado que el capital requiere para continuar su ciclo de crecimiento.
El desarrollo del
mercado interno como medio para la salida de las crisis y la prosperidad es uno de los mitos más comunes promovidos por peronismo y al que muchas veces
la izquierda concede cierta validez, razón por la cual vemos necesario
refrescar algunos conceptos elementales del marxismo que conservan total y absoluta actualidad a la hora del análisis, ya que estas caracterizaciones
contribuyen a la elaboración programática de un partido revolucionario y pueden
tener un peso sustancial en el desarrollo de una línea acertada o empujar a
graves errores políticos.
[1] K. Marx; El Capital TI.
[2] Rosa Luxemburgo; La acumulación de
capital.
[3] K Marx El Capital TI. “Las
mismas partes integrantes del capital, que se distinguen desde el punto de
vista del proceso de trabajo como factores objetivos y subjetivos, medios de
producción y fuerza de trabajo, se diferencian desde el punto de
vista del proceso de valorización como capital constante y capital
variable”.

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