lunes, 14 de febrero de 2022

Un gobierno de tres cabezas, muy débil, pero cada vez más reaccionario


Por Damián Quevedo

Las idas y vueltas, la crisis política abierta luego de las últimas elecciones -profundizada en estos días- y el ocultamiento de la letra chica del acuerdo con el FMI, dejan en claro que lo que viene es un ajuste, montado sobre otro ya realizado que todas las fracciones del gobierno omiten mencionar, que no llevó a ninguna renuncia o crítica por parte de los aduladores progresistas del oficialismo.  

Según un informe del INDEC, el salario real cayó un promedio de cinco veces en los últimos cuatro años, dos de los cuales no pueden ser atribuidos a Macri, ya que desde 2019 gobierna el peronismo. En los últimos cuatro años, los asalariados privados perdieron el equivalente a 5,9 salarios y los del sector público, 7,5. Aún más golpeados estuvieron los trabajadores informales que perdieron 10,6[1] 

Este es el contexto en el que el gobierno busca acordar con el FMI, profundizando las políticas anti obreras y anti populares que ya se estaban implementando. Sin embargo, a pesar de las pruebas que Alberto les ha dado a los capitalistas en estos dos años, todavía no está garantizado un pacto, que será solo una forma de patear hacia adelante el default. Esa fue una de las razones de la gira presidencial, tratando de tapar agujeros mediante los llamados “Swaps” chinos.  

La recorrida mundial, por lo tanto, no es parte de un nuevo alineamiento internacional del gobierno argentino, sino más bien el producto de la desesperación por conseguir ayuda, que, en definitiva, con o sin el FMI, implica dependencia hacia una u otra potencia imperialista. Esta tipo de búsquedas es posible debido a la pasmosa debilidad de EEUU, que no puede más que quejarse, como en el conflicto de Ucrania.  

A estas quejas trató de responder el otro presidente, el que ejerce poder en los hechos no solo porque Fernández está afuera. Manzur, mientras Alberto coqueteaba con Xi y Putin, se reunió con emisarios de Joe Biden, para "aclarar el incidente”. La causa de fondo de estos chispazos es un gobierno partido en al menos tres fracciones y la ausencia de un plan para salir de la crisis. Cristina encabeza la otra banda, más ligada a los negocios turbios y manganetas estatales mediante el manejo de las cajas. 

La izquierda revolucionaria y el movimiento obrero, de conjunto, deben prepararse para golpear a un gobierno extremadamente débil, pero decidido a llevar adelante un ajuste salvaje. Semejante crisis puede empujar a una salida aún más reaccionaria, que no vendrá de ningún espacio fuera del peronismo. No casualmente, en estos días aparecieron las bandas fascistas que atacaron las columnas de la izquierda en Córdoba. 

No hay que minimizar ese acontecimiento, porque responde, en los hechos, a la necesidad del capitalismo de golpear a la clase trabajadora y la izquierda, mediante la única herramienta que le queda para garantizar “gobernabilidad”, que es la represión, institucional y parapolicial. ¡El Peronismo, como lo demostró con las 3A, está acostumbrado a ese tipo de salidas!  

Por todo esto, mientras se impulsa la construcción de un Centro Coordinador de las Luchas, que sirva para concretar lo que no harán los jefes burocráticos de la CGT y la CTA, habrá que ir poniendo en pie los piquetes de autodefensa. Estos no solo servirán para defender a las organizaciones combativas en sus marchas, sino para hacerles frente a las patotas y la policía en los conflictos obreros.  



[1] El Cronista 13/02/2022

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