martes, 15 de febrero de 2022

Burócratas stalinistas y violencia de género, otra expresión de la crisis

Por Damián Quevedo

La despreciable agresión que perpetró el dirigente kirchnerista y presidente de la Liga Argentina por los Derechos Humanos (imagen de arriba) no es un incidente aislado, ni para el kirchnerismo, ni para la organización stalinista -el Partido Comunista- de la cual Schulman es miembro.

Después de haberle pegado una cachetada a una empleada de una terminal de ómnibus de Santa Clara, que quedó registrada en la cámara de seguridad de la boletería, el presidente de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, José Schulman, intentó un pedido de disculpas en su Facebook, donde habló de lo que hizo como una “conducta reprochable” y contó que “se desencajó”. Luego, desde la entidad que conduce emitieron un escueto comunicado en el que informaron que el hombre se tomó licencia y “se puso a disposición”[1] 

No es el primer acto de violencia por parte de un dirigente kirchnerista, hace unos años Juan Cabandie había amenazado a una empleada de tránsito de la provincia de Buenos Aires, por intentar multarlo por una infracción.  

Sostenemos que no se trata de casos aislados o de exabruptos de algunos dirigentes, sino que es una conducta propia de una clase social que está en plena descomposición. En ese sentido, el  Kirchnerismo es la fracción más decadente de esa burguesía, porque a diferencia de los otros capitalistas, estos hicieron su fortuna parasitando al Estado, desde los negocios inmobiliarios durante la última dictadura hasta los curros a gran escala de la obra pública, donde pulularon personajes de la "talla" de Lázaro Báez.  

El Partido Comunista Argentino tiene una trayectoria mucho más grande en este terreno, aprendida en la ex Unión Soviética -posterior a la muerte de Lenin- donde la burocracia que se encaramó al poder, viviendo también del Estado, se perfeccionó a un nivel que sorprendería al mismísimo Maquiavelo. Por eso, no es casual, que el PCA, con una extensa historia de dirigentes parecidos a Schulman, desde Victorio Codovilla hasta Fernando Nadra, haya sido una de las organizaciones políticas que apoyó a la dictadura de Videla.

Hoy estos burócratas profesionales están nerviosos porque saben que se les está terminando el negocio, ya que la crisis capitalista es tan grande que no quedan recursos para sostener sus trapisondas. El "ajuste" que se viene dejará por fuera del reparto a estos, junto con sus pares del PCR y otros ex izquierdistas que capitularon a los encantos de la caja estatal.  

La izquierda revolucionaria no solo debe denunciar estos terribles actos de violencia machista, sino que tiene la obligación de trazar una raya infranqueable con toda esa putrefacta burocracia, señalando que tanto los liberales -como aquellos que se denominan progresistas- son responsables directos de la miseria y la opresión a la que es sometida la clase obrera y la mayoría del pueblo.

Más temprano que tarde, tribunales populares, surgidos en las entrañas de las fábricas y los barrios más pobres, saldarán cuentas con todas estas alimañas, dando paso a la construcción de una sociedad en la cual no podrán asomar sus sucias cabezas. Una sociedad socialista, como la que imaginaron Lenin, Trotsky, Rosa, el Che Guevara y otros y otras que entregaron sus vidas a la Revolución, rechazando caer en las garras del capital, como esta gente.



[1] La Nación 14/02/2022

 

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