lunes, 16 de noviembre de 2020

¿Impuesto? a la riqueza, para tapar el ajuste y financiar a los más ricos


 Por Damián Quevedo

El relato terminó o mejor dicho cambió, ya que ahora el peronismo debe explicar -en términos “progres”- un paquete de ajuste cocinado y servido a gusto del FMI, es decir un ajuste que no es ajuste o que no se puede llamar así, porque suena a Macri o a Menem y este plan, de acuerdo al "relato" oficialista, continúa siendo nacional y popular… 

Con el fin de contener el dólar en el cortísimo plazo, Economía emitió un bono en dólares para canjearles por el que tenían en pesos grandes fondos de inversión globales. Además, hizo malvender bonos en manos de Anses y presionó al BCRA para que suba las tasas de interés. Se vuelve a cambiar la fórmula para aumentar las jubilaciones para que no acompañen a la inflación. Ahorro estatal en perjuicio de los mayores. 

Trabajo convalidó todas las paritarias por debajo de la tasa inflacionaria, en especial la de los empleados públicos. Se pone fin a los Precios Máximos y volverán los Cuidados, con mayores costos para los consumidores. Como para compensar este giro súbito hacia la ortodoxia liberal, el FdT desempolvó el casi marchito proyecto de impuesto a la riqueza para intentar aprobarlo este martes 17 en Diputados[i].

¿Impuesto? a la riqueza, que será por única vez, mientras que una parte del mismo se destinará a financiar Vaca Muerta, es decir el fracking, que lejos de estar en manos "nacionales y populares" le pertenece a las empresas multinacionales más concentradas del planeta. ¡Parece un chiste, pero esta política redistributiva, le cobraría un impuesto raquítico y excepcional a los capitalistas locales, para transferir parte de eso a unas multinacionales petroleras!

Entre la metralla de medidas "progresistas" están los proyectos de interrupción del embarazo y cultivo de cannabis. En el primer caso, por sus límites, resultará otra decepción para el movimiento de mujeres, un nuevo canto de sirena. En el segundo, emulando al otro ícono del progresismo rioplatense, Pepe Mujica, la legalización del cultivo y la venta de aceite de cannabis en farmacias, termine siendo un nuevo espacio para el negocio de las farmacéuticas y los transgénicos. 

Chile, Perú, rebelión y después…

Pareciera que Alberto y Cristina, a pesar de las rispideces entre sí, encuentran pocos escollos para avanzar en lo que sí coinciden, que es atacar a los salarios y las condiciones de vida de la clase obrera. Si bien da la impresión que, a diferencia de los demás países -casi todos- podría decirse que en Argentina los planes del imperialismo y sus empleados están pasando "sin pena ni gloria" es necesario poner el ojo en el bosque para que el árbol no tape lo que realmente sucede, que no es otra cosa que una rebelión en curso, aunque con un formato distinto. 

En notas anteriores hemos sostenido que aquí, mucho antes que en otros lugares, cayó la principal estrategia de guerra implementada por el imperialismo contra lxs de abajo: la cuarentena, el uso del bozal y el "quedate en casa", para abortar las luchas obreras. ¡Esta línea, que constituye un caso inédito en términos internacionales, ya que ha sido llevada adelante por prácticamente toda la clase capitalista, aquí cayó mucho más fácilmente que en otros lugares, debido al poderío de nuestra clase trabajadora. 

En Argentina esa estrategia duró muy poco, ya que, los y las trabajadoras la dieron por tierra, ganando las calles para ir a changuear, ocupando las plazas para ir a tomar mate o divertirse, movilizándose en cada uno de los conflictos que protagonizaron durante este período -Penta, Gate Gourmet, Cresta Roja, La Serenísima, etc.- obligando al gobierno a pasar de una fase a la otra, contrariando las justificaciones "científicas" con las que inicialmente justificaron el pretendido aislamiento.  

Esta derrota fue el producto directo de un movimiento que objetivamente y sin ninguna dirección visible, practicó la "desobediencia civil", que aunque no tuvo las características explosivas de las luchas que explotaron en Colombia, Chile o Perú, forma parte del mismo proceso. Sin embargo, muchxs activistas se preguntan: ¿Por qué nuestra clase obrera aún no se anima a ganar el centro del cuadrilátero y noquear al gobierno, siguiendo el camino de sus vecinos? 

Esto tiene que ver, de manera directa, con las verdaderas relaciones de fuerza entre las clases, que son más que favorables para lxs de abajo, situación que conoce y asume la clase capitalista, que es consciente de que no está ganando la pelea, de que por lo tanto no ha podido imponer el ajuste que pretende, ni con Macri ni, mucho menos, con el debilísimo gobierno de los Fernández. La clase trabajadora, que intuye esto, todavía, con muy poco, han conseguido evitar que aquí suceda lo que pasó en otros países, donde la caída del nivel de vida ha sido tremenda. 

El salario, decía Marx, es el mínimo necesario para reproducir la fuerza de trabajo, para que los y las trabajadoras se recuperen y vuelvan  a producir plusvalía al otro día, que es la fuente de las ganancias patronales. Pero existe otro elemento que hace que el salario no sea el mismo en todos los países del mundo -LA LUCHA DE CLASES- cuya situación determina cuál es ese mínimo que el proletariado acepta para vivir. 

Teniendo en cuenta lo que dijimos, en cuanto a que la relación de fuerzas continúa siendo favorable para el movimiento de masas, las condiciones de vida y el nivel salarial -a pesar de su deterioro- siguen estando muy por arriba del resto de América Latina. ¡Los capitalistas locales y el FMI han querido, en todos estos años, equiparar la realidad argentina a la que sufren otros pueblos de la región, como el venezolano, porque es la manera a través de la cual alcanzarían un "aumento cualitativo de la productividad laboral", que les brinde la "competitividad" deseada! 

Si no lo hicieron hasta ahora (aunque lo seguirán intentando) es justamente porque tienen miedo, más bien pánico, a la respuesta del poderoso movimiento obrero argentino, acostumbrado a tumbar gobiernos y planes de ajuste. Los aterroriza la perspectiva de otra rebelión, como las que parieron el Cordobazo de 1969, el Argentinazo de 2001 o la que mostró sus garras, sin llegar a convertirse en tal, el pasado 18 de diciembre de 2017, obligando a Macri a cajonear el proyecto de Reforma Laboral, consensuado con el PJ. 

En este contexto, la tarea central de la izquierda que se reivindica revolucionaria, es agitar las aguas con audacia, planteando que no habrá salida sin acabar con el ajuste y los ajustadores a través de una nueva y más potente rebelión que imponga el gobierno de quienes están en condiciones más que concretas de "dar vuelta la tortilla", de una vez y para todas: la clase obrera y el pueblo, iniciando el camino hacia el Socialismo. 

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