jueves, 5 de enero de 2017

La legitimidad de la autodefensa obrera y popular

Por León Gómez

Los piquetes y las huelgas son algunos de los recursos obreros para desarticular el sistema productivo, financiero o del transporte, obligando a los patrones a sentarse a la mesa de las negociaciones. Por supuesto que incomodan -y así debe ser- tanto a los patrones como al estado patronal. Por esa razón el intento de reglamentarlas para que otros no se hagan cargo de las molestias ocasionadas, es lo mismo que intentar prohibirlas.   Esta actitud pasiva -que esperan los de arriba de los trabajadores- no la extienden a sus lacayos gubernamentales, que cuentan con impunidad para ejercer la peor de las violencias, cerrando empresas y dejando en la calle a miles, matando de hambre a otros tantos o entregando los recursos a los monopolios, reprimiendo, matando, torturando y encarcelando  a quienes enfrentan estos planes de ajuste, saqueo y explotación.  La burguesía, que critica a los “encapuchados” que se ponen al frente de las movilizaciones para evitar accidentes de tránsito o impedir el accionar de provocadores, no tiene prejuicios a la hora de utilizar a la policía para apalear a estas marchas o armar esas modernas patotas - denominadas empresas de “seguridad” privadas- que son dirigidas por personajes impresentables y violadores seriales de los derechos humanos. (Leer todo)

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