¿Hacia un nuevo Mayo del 68 y un cambio en las relaciones de fuerza a nivel mundial?

🔊 Escuchar audio

Una ola global de protestas masivas marca un giro en la situación mundial y abre importantes posibilidades para los socialistas.

Declaración de la Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (CCRI), 4 de noviembre de 2026, www.thecommunists.net

1.           Una ola global de protestas masivas está resquebrajando el orden mundial capitalista. Desde hace unas semanas, cientos de miles de personas —en su mayoría jóvenes— se manifiestan en las calles de Francia, España, Italia, Bélgica, Portugal, Alemania y Albania. Ante una brutal represión policial, las movilizaciones han derivado, en repetidas ocasiones, en batallas callejeras. Sin embargo, las protestas no se limitan a Europa. En las últimas semanas, la India también ha sido escenario de varias manifestaciones masivas; en Túnez han tenido lugar las mayores movilizaciones desde que el presidente Said instauró su dictadura en 2021; y se han producido importantes protestas en Argentina, Brasil y otros países latinoamericanos. Cabe mencionar, además, diversas protestas contra el aumento de los precios de la energía, así como la valiente huelga masiva de los trabajadores del sector textil en Bangladés, que comenzó el 31 de octubre.

2.           Estas protestas no tienen una causa única, sino que han sido desencadenadas por distintos aspectos de la crisis económica y política del sistema capitalista. Entre ellos figuran la precaria situación del sistema educativo y del sector público en general (por ejemplo, en Francia y Bélgica), así como la crisis en el sector de la vivienda (como en España); la naturaleza corrupta y autoritaria de los regímenes capitalistas (en Albania, Túnez, Argentina e incluso en la India, donde el gobierno de Modi pretende eliminar a 130 millones de votantes del censo electoral); y la amenaza de que gobiernos de extrema derecha lleguen al poder (como en Brasil). Más allá de sus causas específicas, todas ellas están unidas por un sentimiento compartido por las masas: para parafrasear a Hamlet de Shakespeare, “algo huele a podrido en el reino de Dinamarca”, es decir, en el sistema capitalista.

3.           El carácter del movimiento en Francia resulta especialmente interesante, ya que representa una etapa superior a la de los movimientos que han tenido lugar en el país durante las últimas décadas. Si bien los jóvenes desempeñan un papel crucial en las protestas, el movimiento no solo cuenta con la simpatía de la inmensa mayoría de la población, sino que a él se suma un número creciente de trabajadores; incluye a una parte considerable de migrantes, pero no se limita a las periferias urbanas; plantea importantes reivindicaciones económicas, pero posee también un claro componente político, al dirigirse contra el agónico régimen de Macron. Por último, el movimiento tiene un marcado carácter antiimperialista (solidaridad con Palestina, oposición al militarismo en Europa y rechazo a la islamofobia).

4.           La relevancia de este movimiento de masas a escala global se ve acentuada por la agudización de las contradicciones fundamentales del orden mundial capitalista. En particular, nos referimos a:

 i) La inminente Gran Recesión de la economía mundial capitalista, tras años de un “auge” tibio, que hasta ahora se había evitado gracias a una burbuja especulativa en torno a la inteligencia artificial; dicha burbuja está a punto de estallar, dado que las inversiones realizadas no han generado el aumento de beneficios esperado.

ii) La guerra con Irán, que el bloque estadounidense-sionista no ha logrado ganar a pesar de su clara superioridad tecnológica. Como respuesta, Irán cerró el estrecho de Ormuz —una ruta clave para el comercio mundial—, lo que ha provocado un alza en los precios de la energía. Además, los hutíes en Yemen han logrado ampliar considerablemente su territorio frente a los representantes locales de Arabia Saudita (un aliado importante de EE. UU.) y ahora tienen la capacidad de cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb, otra vía crucial para el comercio mundial.

iii) La masacre que el Estado colono sionista perpetra contra el pueblo palestino en Gaza y Cisjordania, la cual sigue provocando indignación a nivel mundial y aislando cada vez más a Israel.

iv) La guerra en Ucrania, que se prolonga ya desde hace cuatro años y medio. El giro en la política exterior de Estados Unidos —que supone un repliegue en su papel de potencia hegemónica global— ha generado profundas divisiones con sus aliados europeos, en un contexto en el que Trump busca una distensión con Putin y pretende forzar a Kiev a capitular.

v) Asimismo, la coyuntura mundial sigue marcada por la “Guerra Fría” entre las dos mayores potencias imperialistas —Estados Unidos y China— y los conflictos arancelarios derivados de ella.

vi) Por último, es muy probable que hayamos entrado en un periodo de inestabilidad política en Estados Unidos, después de que la “ola azul” otorgara a los demócratas mayorías claras en ambas cámaras del Congreso, convirtiendo a Trump en un “pato cojo” —o sin capacidad de maniobra— durante los dos años que le quedan en la Casa Blanca. Esto coincide con las derrotas electorales sufridas por otras fuerzas de extrema derecha en las últimas semanas (en Brasil, Serbia y, a principios de este año, en Hungría), así como con la pérdida de la mayoría de Netanyahu en las recientes elecciones a la Knéset.

5.           En resumen, observamos una ola global de protestas masivas que demuestra hasta qué punto las masas están hartas de las consecuencias del sistema capitalista. Nos parece que el mundo ha entrado en una fase similar a la del verano/otoño de 2019, cuando se produjeron levantamientos populares en todos los continentes: desde Chile hasta Cataluña, desde Colombia hasta Sudán, y desde Irak y Argelia hasta Hong Kong. En aquel entonces, esta ola de protestas masivas solo pudo ser frenada a principios de 2020 mediante la política reaccionaria de confinamientos, impuesta a escala mundial por la clase dominante bajo el pretexto de la pandemia de COVID.

6.           Si las luchas actuales avanzan, podrían desembocar en un nuevo “Mayo del 68” en uno o varios países, dando lugar a una situación mundial prerrevolucionaria. Sin embargo, plantear la cuestión del poder no es suficiente: si las masas no logran derrocar a la clase dominante, esta se reorganizará y preparará un contraataque. Dicho contraataque puede adoptar la forma de seudorreformismos y la integración de partidos populistas burgueses o reformistas, lo que conduce a la pacificación y al agotamiento del movimiento de masas. Esta peligrosa política suele manifestarse a través de un “frente popular”, es decir, la colaboración política entre fuerzas burguesas y reformistas —como se observa en el gobierno de Lula-Alckmin en Brasil; en la alianza de varios partidos comunistas de la India con el Partido del Congreso (de carácter burgués); en la coalición electoral entre el PSF, los Verdes, el PCF y la LFI en Francia; en el gobierno conjunto del ANC, el sindicato COSATU y el Partido Comunista de Sudáfrica; o en la integración de fuerzas de izquierda, como la DSA, dentro del Partido Demócrata estadounidense—. Otra variante de este contraataque por parte de los gobiernos burgueses es la represión brutal de las protestas masivas mediante la policía y el ejército, tal como ocurrió en Chile en 1973, durante la intervención militar de Arabia Saudita en Bahréin en 2011, o en Egipto en 2013.

7.           La Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (CCRI) apoya incondicionalmente la ola global de protestas masivas. Las tareas fundamentales en este momento consisten en profundizar y ampliar estos movimientos, de modo que logren derrotar a los regímenes en el poder. Para ello, es crucial integrar plenamente a la clase trabajadora en la lucha, no solo a nivel individual, sino también ganando para la causa a las organizaciones de masas del movimiento obrero. No es una tarea sencilla, ya que la burocracia sindical teme cualquier confrontación seria con el gobierno tanto como el diablo teme al agua bendita. Por ello, son necesarias campañas conjuntas entre los activistas del movimiento y los sindicatos, que puedan presionar a estas organizaciones para que se sumen a la lucha. Sin lograr esta integración de la clase trabajadora organizada en la lucha, el movimiento carecerá del peso social necesario para poner a los gobiernos de rodillas.

8.           Los socialistas defienden la táctica del frente único; es decir, la unidad en la acción de los revolucionarios con fuerzas reformistas, populistas o centristas dentro de la clase trabajadora y los sectores oprimidos. Esta unidad debe limitarse a actividades prácticas y, aunque puede conllevar un apoyo crítico a dichas fuerzas en procesos electorales, no debe derivar en la creación de alianzas políticas ni, mucho menos, de gobiernos conjuntos (como, por ejemplo, el gobierno burgués-reformista de Sánchez en España). Es fundamental que los socialistas defiendan la independencia de la clase trabajadora frente a cualquier fuerza burguesa, evitando sustituir un programa de lucha y revolución por un programa reformista de integración en el Estado capitalista.

9.           Asimismo, es importante que el movimiento se organice de la forma más democrática posible y con el grado de centralización que resulte necesario. Para ello, deben existir asambleas de base en escuelas, universidades, centros de trabajo y barrios, donde se debatan y decidan los próximos pasos de la lucha. Estas asambleas deben, además, elegir delegados para conformar consejos regionales y nacionales que dirijan la lucha desde la base.

10.         Otra tarea importante es la creación de unidades de autodefensa para proteger al movimiento frente a la represión policial y a los provocadores de extrema derecha, así como para evitar la destrucción indiscriminada de pequeños comercios y propiedades de ciudadanos particulares durante los disturbios.

11.         Solo podremos vencer si la lucha no se limita a jornadas de acción aisladas, que dan a los gobiernos tiempo suficiente para reorganizarse y atacar al movimiento. Para triunfar, es necesario construir una huelga general indefinida en la que las masas ocupen las empresas, las escuelas y las universidades. Tal lucha planteará inevitablemente la cuestión del poder, ante la cual los socialistas responden con la consigna de un gobierno obrero y popular, basado en consejos y en órganos de autodefensa armada de las masas; es decir, un gobierno que se proponga expropiar y desarmar a la clase dominante y abrir el camino para la construcción de una sociedad socialista.

12.         La CCRI llama a todos los revolucionarios a luchar conjuntamente, dentro del movimiento de masas, por una estrategia orientada a derrocar a los gobiernos capitalistas, oponerse al militarismo y combatir la agresión imperialista y sionista.

¡Abajo la política de austeridad! ¡Por un programa masivo de inversión pública para frenar el deterioro social (educación, salud, vivienda, comunidades, etc.)! ¡Que las escuelas queden bajo el control de los estudiantes, los docentes y los padres! 

¡No a la discriminación religiosa! ¡Por el derecho a llevar el hiyab en las escuelas, universidades y en todo el sector público! ¡Contra la islamofobia y la discriminación de las minorías musulmanas en Europa, la India y otros países!

¡Aumenten los salarios! ¡Impongan impuestos a los ricos! ¡No a los despidos! ¡Trabajo digno para todos! ¡Poner un tope a los precios de la energía! ¡Nacionalicen las empresas energéticas bajo control obrero! ¡No al armamentismo ni al militarismo en Europa! ¡Destinen el dinero a programas sociales, no a armas! ¡Abajo la OTAN y la UE! ¡No al belicismo chovinista en la India y Pakistán!

¡Expropiación a los superricos y nacionalización, bajo control obrero, de los sectores clave de la economía (industria, energía, finanzas, transporte, etc.)! ¡Abajo el monstruo sionista! ¡Solidaridad con la resistencia palestina! ¡Destrucción del Estado colono! ¡Por una Palestina roja y libre, desde el río hasta el mar! ¡Expulsión del imperialismo estadounidense de Oriente Medio! ¡Defender a Irán frente a la agresión de EE. UU. e Israel!

¡No al imperialismo ruso! ¡Defiender a Ucrania! ¡Abajo las alianzas imperialistas como la OCS, los BRICS y la UEEA, lideradas por Pekín y Moscú! ¡Abajo la rivalidad interimperialista! ¡Ningún apoyo a ninguna gran potencia (EE. UU., China, Europa Occidental, Rusia, Japón)! ¡Contra el proteccionismo imperialista y las guerras arancelarias! ¡Avanzar hacia la revolución permanente y la construcción de una federación mundial de repúblicas socialistas!

En los países con regímenes bonapartistas reaccionarios, o donde las cuestiones democráticas desempeñan un papel importante, los socialistas deben abogar por la elección de una Asamblea Constituyente Revolucionaria; es decir, una asamblea controlada por las masas que elabore una nueva constitución.

13.         La mayor debilidad de nuestro movimiento es la ausencia de un partido revolucionario de masas capaz de conducir a la clase trabajadora y a los oprimidos hacia la victoria frente al sistema capitalista en decadencia. Sin un partido de este tipo, que promueva una estrategia revolucionaria entre las masas, el movimiento corre el riesgo de perder fuerza —dado que ningún movimiento espontáneo puede perdurar indefinidamente— o de ser instrumentalizado por fuerzas reformistas burguesas o populistas, que suelen intentar aprovecharlo para sus propios fines electorales. Un partido revolucionario de esta índole debe construirse simultáneamente a escala nacional e internacional, buscando articular las luchas en distintos países para hacer frente a la coordinación contrarrevolucionaria transnacional de los regímenes.

Volver a página principal