Un fantasma recorre Europa... y todo el planeta
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Las
protestas que sacuden Francia desde hace varios días forman parte de un
escenario más amplio de malestar social en Europa. De Portugal a Italia,
pasando por España, Bélgica y Albania, miles de personas salieron a las calles
para denunciar el encarecimiento de la vida, las dificultades para acceder a
una vivienda, los bajos salarios y el deterioro de los servicios públicos.
Las
manifestaciones, sin embargo, no constituyen un movimiento unificado: en cada
país se combinan problemas económicos, conflictos políticos y demandas
específicas. Mientras en el sur europeo la crisis habitacional concentra buena
parte de los reclamos, en Francia las protestas estudiantiles se ampliaron
hacia una agenda contra la desigualdad y los recortes. En Albania, en cambio,
la movilización adquirió un carácter abiertamente antigubernamental. (Ámbito
Financiero, 18/10/2026)
Aunque
estas luchas no forman parte de un movimiento unificado, comparten varios
rasgos. El principal es la crisis del capitalismo y el ajuste que la clase
dominante intenta imponer, una política que provoca la reacción de amplios
sectores populares. Otro elemento central es el papel de la juventud —obrera y
estudiantil—, que está a la vanguardia de las movilizaciones en distintos
países.
Un
tercer rasgo de esta dinámica de rebeliones populares es su radicalización. Con
ritmos y características diferentes, luchas que comenzaron con un carácter
defensivo tienden a volverse ofensivas. Así ocurrió en Albania, donde las masas
pasaron de reclamar por el presupuesto educativo y contra la extranjerización
de la tierra a exigir la renuncia del presidente.
En
Francia, la combatividad del movimiento estudiantil es innegable. La protesta
se extiende en el tiempo y el espacio, y también avanza en sus métodos de
lucha. El movimiento se organiza para defenderse de la represión estatal y
comenzó a implementar formas novedosas de acción, como los piquetes de pequeños
grupos dispersos, que obligan a la policía a dividir sus fuerzas.
La
burguesía no está en condiciones de satisfacer prácticamente ninguna de estas
demandas. Atraviesa una crisis profunda, agravada en Europa por el desgaste
provocado por la guerra en Ucrania y por el encarecimiento de los combustibles,
en un contexto marcado también por la guerra de Estados Unidos e Israel contra
Irán. Los capitalistas europeos se resisten a hacer concesiones porque temen
que cualquier retroceso frente a las masas exhiba debilidad ante sus
competidores.
Esta situación empuja a las masas del viejo continente hacia una dinámica de enfrentamientos cada vez más agudos. Tarde o temprano, procesos semejantes alcanzarán también a los trabajadores y los pueblos de América Latina. La izquierda argentina debe prepararse para intervenir y disputar la dirección de esas luchas, apoyándose en la creciente popularidad que una de sus principales figuras, Myriam Bregman, está conquistando en el movimiento de masas.