¿Qué viene a hacer el Papa a la Argentina?
El próximo mes de noviembre, el papa León XIV llegará a
la Argentina en una visita que, aunque será presentada como pastoral, tendrá un
contenido profundamente político. El sucesor de Francisco buscará mantener
algunos de los ejes sociales y diplomáticos de su antecesor, interviniendo en
un país atravesado por la crisis, el ajuste y las crecientes disputas entre las
grandes potencias.
León XIV llegará a la Argentina el domingo 8 de
noviembre, como parte de una gira por Uruguay, nuestro país y Perú. Su
permanencia se extenderá hasta el día 11 e incluirá actividades en Buenos
Aires, Córdoba y Luján. ([vaticannews.va][1])
Según la agenda difundida por la prensa, el pontífice
arribará a Buenos Aires durante la tarde. Luego de la recepción oficial se
trasladará hasta la Plaza San Martín, donde realizará una ofrenda floral. Este
acto, cargado de simbolismo patriótico, será el punto de partida de una gira
cuidadosamente diseñada para combinar ceremonias religiosas, reuniones
políticas y gestos dirigidos a intervenir sobre la situación nacional.[i]
Entre las actividades previstas se encuentra el encuentro
protocolar con Javier Milei. También se menciona una reunión con el gobernador
bonaerense Axel Kicillof. La presencia de ambos expresa la intención del
Vaticano de dialogar tanto con el gobierno como con una de las principales
variantes burguesas de recambio.
Kicillof intenta presentarse como la alternativa
“progresista” frente al gobierno libertario, aunque su política no rompe con el
capitalismo dependiente ni con los intereses de las potencias extranjeras. Su
orientación apunta a negociar mejores condiciones para la burguesía nacional y
los gobernadores, manteniendo vínculos económicos cada vez más estrechos con
China.
El encuentro entre León XIV y Milei estará atravesado por
las tensiones existentes entre el Vaticano y el gobierno de Donald Trump.
Aunque el nuevo pontífice nació en Estados Unidos, ha cuestionado aspectos
centrales de la política trumpista, particularmente su ofensiva contra los
inmigrantes y su negacionismo climático.
Como cardenal, Robert Prevost defendió varias posiciones
sostenidas por Francisco sobre la inmigración y el medioambiente. Incluso
reivindicó la encíclica “Laudato si’”, en la que su antecesor cuestionaba las
consecuencias sociales y ambientales del actual modelo económico.[ii]
Sin embargo, estas diferencias no convierten al Vaticano
en una institución antiimperialista ni mucho menos revolucionaria. Expresan,
fundamentalmente, las contradicciones existentes dentro del propio orden
capitalista y las tensiones entre distintas potencias y sectores de las clases
dominantes, ya que la Iglesia Católica, Apostólica y Romana es una institución
que representa y defiende los intereses de los grandes capitalistas de Italia y
buena parte de Europa.
Milei entre Washington y el Vaticano
La visita papal llegará en un momento incómodo para el
gobierno. Milei ha convertido el alineamiento incondicional con Estados Unidos
e Israel en uno de los pilares de su política exterior. Su pretendida “batalla
cultural” combina el ataque contra el movimiento obrero, el feminismo y las
organizaciones populares con la subordinación económica, diplomática y militar
a Washington.
El Vaticano mantiene diferencias con esta orientación. Su
diplomacia procura sostener una política “multilateral” que preserve la
influencia de la Iglesia como agente de las burguesías europeas. Por eso,
cuando critica al trumpismo, lo que realmente pretende es contener, frenar o
desviar el crecimiento de las fuerzas políticas más alineadas con los yanquis.
Por todo esto, León XIV intentará aparecer como una
figura moderadora frente a la brutalidad de Milei, agitando la necesidad del “diálogo,
la justicia social, la solidaridad y la defensa de los más pobres”. Estas
palabras podrán irritar al gobierno, pero no cuestionarán las bases del régimen
capitalista que produce la pobreza, la explotación y la desigualdad y que es el
mismo, en definitiva, que quieren mantener, a su servicio, los grandes
capitalistas europeos.
Además, la Iglesia, que caracteriza mejor que nadie la
dinámica revolucionaria de la actual situación mundial, pretende evitar que
esta desemboque en revoluciones anticapitalistas victoriosas con políticas
menos brutales que las que llevan adelante los libertarios, para amortiguar la
lucha de clases y evitar que el descontento de las masas se vuelta explosivo e
incontrolable.
La Iglesia y la defensa del orden social
La Iglesia Católica es una de las instituciones más
antiguas del mundo. Durante siglos actuó como sostén ideológico, político y
material de monarquías, imperios y clases explotadoras. Con la caída del
feudalismo perdió parte de aquel poder, pero supo adaptarse al capitalismo y
conservar una enorme influencia.
Su jerarquía acompañó conquistas coloniales, bendijo
ejércitos genocidas, legitimó dictaduras y colaboró con gobiernos responsables
de masacrar a trabajadores y pueblos enteros. En América Latina fue parte
fundamental del aparato cultural y político de la colonización, aunque dentro
de ella hayan surgido sacerdotes y corrientes que cuestionaron esta línea, como
Camilo Torres y otros.
Una política marxista debe distinguir entre los
sentimientos religiosos de millones de trabajadores —que deben ser respetados—
y la Iglesia como institución ligada al poder económico y estatal. Nuestra
crítica no está dirigida contra quienes profesan una fe, sino contra una
jerarquía que utiliza esa fe para defender el orden existente y contener la
rebelión de los explotados.
La oposición del Vaticano a ciertos aspectos de la
política de Milei no modifica esta caracterización. Tampoco transforma al Papa
en aliado estratégico de la clase trabajadora, ya que la Iglesia combate la
posibilidad de que los trabajadores se independicen de la burguesía y
construyan su propio poder.
Ni Milei ni el falso progresismo clerical y pejotista
Sectores del peronismo y del progresismo intentarán
aprovechar la visita para presentar a León XIV como una contracara humanitaria
del gobierno libertario. Buscarán utilizar su figura para reconstruir una
oposición patronal incapaz de ofrecer una salida real a la crisis.
Pero los trabajadores no deben elegir entre la motosierra
de Milei y la conciliación social promovida por el Vaticano. Tampoco entre la
subordinación a Washington y los acuerdos con China o las potencias europeas.
Todos estos bloques actúan en función de sus propios capitales, mercados y
áreas de influencia.
La lucha contra Milei exige la más amplia movilización
obrera y popular, pero también una completa independencia política respecto del
peronismo, la burocracia sindical, la Iglesia y todas las variantes patronales.
La Argentina solo podrá conquistar una segunda y
definitiva independencia rompiendo con el imperialismo estadounidense, chino,
europeo, ruso y japonés; desconociendo la deuda externa; nacionalizando la
banca y el comercio exterior bajo control obrero, y expropiando a los grandes
grupos capitalistas.
Esta tarea no será realizada por ningún papa, empresario,
gobernador o representante de la burguesía. Le corresponde a la clase
trabajadora, encabezando al conjunto de los sectores explotados y oprimidos,
construir su propio partido revolucionario, luchar por un gobierno obrero y
avanzar hacia una federación socialista de América Latina.
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[i] *Infobae*, 7 de septiembre de 2026.
[ii] *Deutsche Welle*, 11 de septiembre de 2026.
