Milei, cada vez más débil y aislado, nacional e internacionalmente
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Por Damián Quevedo
El indicador de riesgo país acaba de tocar otro récord dentro
de la era libertaria, al llegar a los 700 puntos. Este número, que indica cómo
ven los grandes capitalistas a la economía argentina, es el índice de confianza
que puede dar lugar a dos escenarios diferentes: nuevas inversiones o una mayor
fuga de capitales.
El indicador había alcanzado un mínimo de 403
puntos en julio, pero desde entonces acumuló una suba significativa. Los bonos
soberanos en dólares perdieron alrededor de 5 por ciento de su valor durante el
último mes. El movimiento encarece las posibilidades de financiamiento externo
para el Estado y dificulta el regreso a los mercados internacionales de crédito.
(Página
12, 22 de octubre)
Ese es el otro aspecto y la otra consecuencia de la suba
del riesgo país, sobre todo para un gobierno cuyo único plan es endeudarse,
esperar ayuda de Estados Unidos y algún milagro que saque al país de la
dramática recesión económica antes de las próximas elecciones.
En plena carrera hacia el 2027, la imagen de Milei cae
cada vez más en las encuestas locales, pero el problema más grave para el
presidente, es que sus jefes, los mercados, los que definen que pasa en Wall
Street, también lo ven muy mal.
En otro informe, publicado tras el dato del
crecimiento de apenas 0,1 por ciento de agosto y que dejó prácticamente
definido que la economía ingresó a una recesión técnica en el tercer trimestre,
JP Morgan advirtió que el dato aumenta los riesgos a la baja para su proyección
de expansión del 1,5 por ciento en 2026. Para 2027 mantuvo su previsión del 2,5
por ciento, impulsada por las exportaciones. Sin embargo, anticipó que el
consumo privado se recuperaría solo moderadamente “si no se produce una
recalibración del actual esquema de política económica. (La
Nación, 22 de octubre)
No es el único nicho de la burguesía internacional que
empieza a tomar distancia de Milei. En su gira por España, donde viajó para apoyar
la campaña electoral de la ultraderecha, no fue recibido el principal referente
de ese espacio político, Santiago Abascal (imagen de arriba). Estos dirigentes
evitaron reunirse con el presidente argentino, no porque estén moderándose,
sino porque lo ven como un piantavotos, debido a la impopularidad de la
motosierra.
Hoy por hoy, el gobierno libertario depende casi
exclusivamente de la administración de Donald Trump, quien tampoco ha dado más
que algunos gestos, que mañana mismo pueden cambiar. Así sucedió con el
supuesto apoyo a la causa Malvinas, que no dejó de ser un amague de los yanquis
para negociar con los británicos. Una vez que estos consiguieron su cometido, dejaron
a Milei pedaleando en el aires.
Esta maniobra de la Casa Blanca ayudó a que la ley Malvinas,
que pretendía hacer pasar un sinnúmero de artículos represivos y antidemocráticos,
fuera cajoneada, un triunfo indirecto de la movilización. Lo mismo sucedió con
otros proyectos parlamentarios, como los de la discapacidad y presupuesto
universitario. Para que estos pasen, el oficialismo se vio obligado a quitarles
varios de sus puntos más conflictivos.
La debilidad del gobierno, que se profundiza, se combina
con la crisis y también debilidad de la oposición peronista, embarcada en una
interna feroz entre Cristina y Kicillof. Todo esto favorece a la izquierda,
que, de la mano de sus figura más representativa, Myriam Bregman, está en
condiciones de conquistar una popularidad inédita.