Albunas conclusiones sobre las implicancias del triunfo lulista

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Por Ernesto Buenaventura

El triunfo de Lula da Silva en la segunda vuelta es un hecho que afecta mucho más que a la sociedad brasileña. En el contexto actual de crisis y en medio de las crecientes tensiones entre potencias, no existen cambios o continuidades políticas que se limiten a los marcos de un Estado nacional, mucho menos si se trata de un país con el peso regional de Brasil.

La otra cara de la moneda, la derrota de Flavio Bolsonaro tampoco es un fenómeno que se circunscriba a los límites políticos de Brasil. Es una derrota para Javier Milei, quien participó de manera activa en la campaña electoral de este candidato, al que afectó de forma negativa, tanto, que Lula lo utilizó en buena parte de su campaña por la reelección.

Posiblemente la principal derrota sea la de Donald Trump, debido al peso que ganó China, durante estos últimos años, en el mercado brasilero. Además, la reelección de Lula ofrece mayor margen a las relaciones de comercio e inversión con China, así como a iniciativas multilaterales con Europa, como el ya en vigor, pero aún problemático acuerdo UE-Mercosur, coinciden expertos.

Para China, un socio comercial clave de Brasil y buena parte de Latinoamérica, "es una victoria", opina Soliz de Stange, especialista en relaciones internacionales. Según ella, pese a la presión estadounidense por limitar la presencia regional del gigante asiático, la más importante economía latinoamericana se mantendrá también "pragmática" en este sentido. (Deutsche Welle, 26 de octubre)

Aunque el presidente reelecto no expresa, para nada, una postura de izquierda, la derrota de Bolsonaro echa por tierra el relato de la derechización continental, el “gran peligro”, debido al cual todo el progresismo y buena parte de la izquierda se puso de lado del candidato del PT para frenar un supuesto avance del “fascismo”, que tampoco es tal.

Esto no implica que no tienda a desarrollarse un polo ultra reaccionario, que es, en definitiva, el producto de una realidad internacional, dentro de la cual, las dos potencias principales están tocando los tambores de la guerra. En semejante contexto la polarización política es inevitable, como también es inevitable la influencia de procesos de lucha como el que protagoniza la juventud en Europa.

Esa tendencia, puede tener una expresión mucho más radical en las próximas elecciones en Argentina, donde Milei atraviesa su peor momento. Aquí, todo empuja en esa dirección, ya que la bronca crece al calor de las penurias que sufre la mayoría del pueblo por la motosierra libertaria. A esto hay que sumarle el aislamiento internacional creciente, agravado por el resultado del ballotage en Brasil y la falta de ayuda de los grandes capitales.

El peronismo está tratando de capitalizar la victoria de Lula, tarea que no le resultará fácil, ya que las bandas que lo integran, que no terminan de encolumnarse detrás de un candidato único, se están matando entre sí en una interna, tanto o más feroz que la que sucede en el oficialismo. Además, el PJ ya no cuenta con la simpatía de la mayoría de la población, que no lo ve como una opción política, sino como parte del problema.

El espacio para la izquierda es cada vez mas grande, la popularidad de Myriam Bregman así lo demuestra. Afrontar esta situación exitosamente, será una prueba de fuego para los principales partidos que aglutinan a la mayoría de la militancia revolucionaria, especialmente a los que se organizan en el FITu.

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