17 de Octubre y la profundización de la decadencia del PJ
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Por Ernesto Buenaventura
Otro 17 de octubre, esta vez convertido en un acto
claramente proselitista en el marco de la ya lanzada campaña electoral para las
presidenciales de 2027. La jornada, que se terminó dividiendo en dos actos,
dejó al descubierto los planes, las fracturas y las contradicciones del PJ. El
kirchnerismo se reunió frente a la casa de la expresidenta Cristina Fernández.
Allí, Máximo lanzó abiertamente la propuesta de candidatear
a su madre, posibilidad que, hoy por hoy, tiene un carácter principalmente
testimonial y parece funcionar como una carta de negociación con el resto del
aparato pejotista.
El otro acto, organizado por el PJ oficial en La Matanza,
repitió los lugares comunes del peronismo en modo campaña. Participaron la gran
mayoría de los intendentes del conurbano —con la previsible ausencia de los
camporistas— y una parte de la burocracia sindical, que hasta hace poco se
mantenía alineada con Cristina Fernández.
Según informó Página 12, también estuvieron Hugo Yasky, de
la CTA, y Roberto Baradel. Se vio a Claudio De Isasi, de ATE; al histórico
dirigente de Ituzaingó Alberto Descalzo, y al intendente de Malvinas
Argentinas, Leonardo Nardini, quien pocas horas antes había oficializado su
candidatura para suceder a Kicillof en el sillón de Dardo Rocha.
El gobernador bonaerense es, por ahora, el único candidato
real del peronismo y el primero en lanzar oficialmente su campaña, aunque eso
no significa que no vayan a aparecer otras listas. Sin embargo, la dificultad
del PJ es más profunda que la disputa entre nombres: Kicillof es un cuadro
técnico y, en última instancia, un burócrata.
No es un líder capaz de imponer una conducción y disciplinar
detrás de sí al conjunto del movimiento, como tantas veces ocurrió en la
historia peronista. A esa falta de liderazgo se suma un problema de fondo. El
peronismo ha basado buena parte de su capacidad de convocatoria en la
expectativa de una conducción carismática, antes que en un programa que exprese
los intereses independientes de la clase trabajadora.
Pero, en una situación cada vez más polarizada, la
candidatura de Kicillof intenta ubicarse en un terreno ambiguo: procura
correrse hacia la derecha y se prepara para administrar la continuidad del
ajuste, mientras busca conservar una base popular que se aleja del aparato. En
ese movimiento, el peronismo pierde parte del arco progresista que el
kirchnerismo supo reunir en otros momentos.
Crece el desencanto con el PJ oficial con la burocracia
sindical y con sus dirigentes, que acompañaron o dejaron pasar el ajuste del
Gobierno nacional. No se trata de una disputa meramente electoral: es el
resultado de años de subordinación de las organizaciones obreras a las
necesidades de los gobiernos y de los sectores patronales.
La pérdida de base de la burocracia de la CTA y de los
gremios docentes que hoy se alinean con Kicillof expresa esa crisis. Son
conducciones que han visto crecer a las listas de izquierda mientras aceptaban
acuerdos que deterioraron los salarios y las condiciones de trabajo.
Su papel no puede separarse de la política de contención de
las luchas y de subordinación de los reclamos obreros a los tiempos y
necesidades del aparato peronista. Tampoco se pueden analizar las próximas
elecciones al margen de la tendencia a la radicalización de sectores
importantes del movimiento de masas.
Aunque todavía se exprese principalmente en una vanguardia,
su crecimiento se hizo visible en las últimas movilizaciones. No corresponde
deducir de ese fenómeno un traslado mecánico de votos hacia la izquierda; sí
sería un error negar que ese estado de ánimo puede influir en las urnas y,
sobre todo, en la dinámica de las luchas.
La crisis del peronismo no abre por sí sola una salida para
los trabajadores, pero sí crea condiciones excepcionales para que la izquierda
ponga en pie una alternativa política independiente de los partidos patronales
y de la burocracia sindical, capaz de organizar la resistencia al ajuste y
disputar una perspectiva de poder para el movimiento de masas. La simpatía
popular hacia la figura de Myriam Bregman expresa esa dinámica.