Milei, que volvió de New York más debilitado, se prepara para profundizar su política represiva

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Por Claudio Colombo

Milei volvió de Nueva York sin la pretendida foto con Donald Trump y con señales poco alentadoras por parte del establishment económico, varios de cuyos voceros cuestionaron abiertamente la marcha de la economía nacional. Frente a estas críticas, el Presidente recurrió a uno de sus métodos habituales: negar la realidad y mentir descaradamente.

El Presidente hizo hincapié en que Argentina no sufre una caída de su economía. Añadió también que “los salarios reales son más altos”, que hay “más bienestar” y que “es falso que el consumo no crece”. (Página/12, 28 de septiembre)

Sin embargo, estas afirmaciones chocan con la experiencia cotidiana de millones que sufren la pérdida del poder adquisitivo, los despidos, el crecimiento de las deudas y el encarecimiento de los alimentos, los servicios y los alquileres. La propaganda oficial no puede ocultar que el supuesto “equilibrio” se sostiene mediante un ajuste brutal contra las mayorías y la entrega de los recursos nacionales al capital financiero y las multinacionales.

Los problemas de Milei continuaron después del viaje, porque la interna libertaria está al rojo vivo: La cena entre semana que tuvo con Karina Milei y el bloque de senadores libertarios no calmó el fastidio de Patricia Bullrich por una serie de decisiones que se toman dentro del Gobierno y en las que, ella entiende, no es participada. (Clarín, 28 de septiembre)

Estas disputas no expresan diferencias sobre el rumbo económico o político, sino una pelea feroz por cargos, cajas y espacios de poder dentro de un gobierno que comienza a mostrar signos evidentes de desgaste. Todos sus sectores coinciden en lo fundamental: profundizar el ajuste, garantizar los negocios capitalistas y preparar la represión contra quienes salgan a enfrentarlos.

Milei sabe que se aproximan meses difíciles, que empujarán a la lucha a la clase trabajadora y al pueblo, protagonistas históricos de grandes rebeliones contra los gobiernos ajustadores. Por eso, la principal política oficial consiste en fortalecer el aparato represivo y avanzar en la militarización, con el objetivo de enfrentar una probable irrupción del movimiento de masas.

El Presidente tiene tan clara esta perspectiva que comenzó a cavar trincheras en la propia residencia presidencial: Milei mencionó los cambios en Olivos: “La decisión de Olivos se tomó en base a cuestiones de seguridad interna. Hoy la Quinta de Olivos es una base militar. Cuestiones de seguridad mucho más profundas porque tengo enemigos pesados en el mundo”.  (Página/12, 28 de septiembre

La conversión de la Quinta de Olivos en una “base militar” no constituye una simple medida de seguridad personal. Es una expresión grotesca, pero significativa, de un gobierno que se siente cada vez más aislado y que comienza a prepararse para responder con violencia al crecimiento del descontento social.

En ese mismo sentido, Milei volvió a denunciar la supuesta existencia de “terroristas”, término que el Gobierno pretende utilizar para criminalizar a quienes se organicen y luchen consecuentemente contra el ajuste: En un pasaje sorpresivo de su alocución, el Presidente dijo que “deportaron 10 mil terroristas el año pasado y este año 20 mil”, en referencia a “gente que se infiltra desde otros países para tratar de dinamitar el modelo argentino”. (La Nación, 28 de septiembre)

Estas declaraciones delirantes no son inocentes. Forman parte de una campaña destinada a justificar la persecución y presentar como “terroristas” a trabajadores, estudiantes, jubilados, desocupados y organizaciones populares. El verdadero temor de Milei no proviene de conspiradores extranjeros, sino de la posibilidad concreta de que la bronca acumulada se transforme en una movilización independiente y masiva.

Frente a esta situación, la izquierda debe intervenir con fuerza, audacia y una orientación de poder. La campaña electoral anticipada de Myriam Bregman debe ponerse al servicio de la coordinación y centralización de todas las luchas, impulsando asambleas, plenarios de delegados con mandato y un plan de lucha nacional que prepare una huelga general activa hasta derrotar el ajuste.

Al mismo tiempo, será necesario organizar medidas democráticas de autodefensa para proteger las movilizaciones y enfrentar la represión libertaria. No alcanza con denunciar a Milei ni con esperar las próximas elecciones: hay que construir desde ahora una alternativa política independiente de todos los partidos patronales, que prepare a la clase trabajadora y al pueblo para disputar el poder y conquistar su propio gobierno.

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