Milei, Elsztain, Malvinas, los capitalistas no tienen patria

Por Juan Giglio
El empresario Eduardo Elsztain difundió en las últimas horas
una carta para explicar las razones por las cuales compró acciones de la
Falkland Islands Company (FIC), a la que él mismo calificó como “una compañía
de enorme relevancia estratégica y económica en las Islas Malvinas”.
“Por lo general no hago intervenciones de este tipo, pero la
causa Malvinas es tan importante para todos los argentinos que me parece que no
hay que quedarse callado”, expresó. Según Elsztain, su objetivo consistía en
“estrechar los lazos sociales, económicos, culturales y productivos con las
Islas Malvinas a través de una empresa argentina”, suponiendo que semejante
operación podía contribuir al reclamo de soberanía. (Clarín, 7 de setiembre)
El canciller Pablo Quirno salió inmediatamente en defensa
del empresario frente a quienes, desde distintos sectores, comenzaron a
calificarlo de “traidor”. No resulta extraño: Elsztain es uno de los grandes
capitalistas más cercanos a Javier Milei y mantiene desde hace años estrechas
relaciones políticas e institucionales con Israel.
El episodio vuelve a desnudar las contradicciones del
supuesto “giro soberanista” de Milei. Empujado por la crisis de su gobierno y
por la necesidad de recuperar terreno político, el presidente comenzó a
utilizar una retórica sobre Malvinas que choca con toda su trayectoria de
subordinación a las grandes potencias imperialistas.
Pero si pretende llevar hasta las últimas consecuencias
algunas de las medidas anunciadas recientemente contra las empresas que
participan de los negocios desarrollados bajo la ocupación británica, terminará
chocando no solamente con intereses ingleses, sino también con poderosos
empresarios y capitales con los cuales mantiene excelentes relaciones. Elsztain
es uno de ellos.
La soberanía no se compra en la Bolsa de Londres
El argumento de Elsztain según el cual comprar acciones de una empresa fundamental para la economía de las islas podría contribuir a recuperar la soberanía argentina encierra una enorme falsedad política. La soberanía de un país semicolonial no puede conquistarse comprando acciones en la Bolsa de Londres ni participando como socio minoritario de empresas que funcionan bajo las leyes y la protección de la potencia ocupante.
El problema de Malvinas no es comercial, es colonial. Gran
Bretaña mantiene allí una ocupación que le permite proyectar su poder militar y
económico sobre una enorme zona del Atlántico Sur y apropiarse de recursos
estratégicos. Por eso, transformar la causa Malvinas en una cuestión de
“integración económica” significa reemplazar la lucha contra el colonialismo
por la adaptación a las reglas económicas impuestas por el propio imperialismo.
Los capitalistas, además, actúan de acuerdo con sus
intereses de clase. Invierten donde esperan obtener beneficios y establecen
alianzas con gobiernos y Estados cuando esas relaciones favorecen sus negocios.
Elsztain no constituye ninguna excepción.
Hoy aparece como uno de los empresarios cercanos a Milei y
como un “libertario de la primera hora”. Pero anteriormente mantuvo excelentes
relaciones con el kirchnerismo. Incluso Néstor Kirchner utilizó oficinas
vinculadas al empresario en Puerto Madero durante su campaña presidencial.
No existe ninguna contradicción esencial en ese
comportamiento. Los grandes capitalistas pueden apoyar sucesivamente a
gobiernos diferentes porque su preocupación fundamental no consiste en defender
tal o cual ideología, sino en preservar sus negocios, su propiedad y su
posición de clase.
Nuestro enfrentamiento con Elsztain viene de lejos
Nuestra organización ya enfrentó políticamente a Elsztain en
enero de 2009, cuando realizamos un escrache denunciando su papel como tesorero
del Congreso Judío Mundial y la recaudación de fondos destinada a Israel,
mientras ese Estado desarrollaba la denominada Operación Plomo Fundido contra
la población palestina.
A raíz de aquella protesta, nuestro compañero Juan Carlos
Beica fue acusado de antisemitismo. Después de una primera condena en suspenso,
terminó siendo absuelto por un tribunal de segunda instancia de la Ciudad de
Buenos Aires.
Nuestra crítica de entonces, como la de ahora, no tiene
absolutamente nada que ver con la religión o el origen étnico de Elsztain. Es
una crítica política y de clase dirigida contra su actuación como gran
capitalista y contra su respaldo a las políticas del Estado de Israel.
Combatir el antisemitismo y combatir al mismo tiempo la
opresión del pueblo palestino no son posiciones contradictorias. Por el
contrario, para los socialistas internacionalistas la lucha contra todas las
formas de racismo y persecución étnica es inseparable de la lucha contra el
colonialismo y el imperialismo.
Ni Milei ni los grandes capitalistas recuperarán Malvinas
Las contradicciones actuales del gobierno tampoco deben
llevar a depositar la menor confianza en el repentino “patriotismo” de Milei.
Un gobierno que coloca la economía nacional al servicio del capital financiero
internacional, entrega recursos estratégicos, favorece a las multinacionales y
busca profundizar su alineamiento con Estados Unidos no puede desarrollar
consecuentemente una política antiimperialista.
Por eso, la recuperación de las Malvinas no vendrá de las
maniobras diplomáticas de Milei, ni de Donald Trump, ni de empresarios
argentinos comprando paquetes accionarios de compañías británicas. La
liberación de Malvinas forma parte de una tarea mucho más amplia: expulsar al
imperialismo británico de las islas y terminar con la dominación de todas las
potencias imperialistas sobre nuestro país y América Latina.
Eso significa enfrentar no solamente a los Estados
imperialistas, sino también a las multinacionales, los bancos y los grandes
grupos económicos locales asociados a ellos. Desde nuestro partido
continuaremos impulsando la lucha por echar a los ingleses de Malvinas y por
expulsar a todos los imperialistas del país. Pero esa pelea solo podrá llevarse
consecuentemente hasta el final mediante la movilización independiente de la
clase obrera y los sectores populares.
La clase trabajadora debe tomar en sus propias manos los
principales resortes de la economía, expropiando a los grandes monopolios y
colocando bajo control obrero los recursos naturales, la banca, el comercio
exterior y las ramas fundamentales de la producción.
**Malvinas no es una mercancía ni una oportunidad de
inversión. Es una causa anticolonial. Y su recuperación efectiva solo podrá ser
parte de una lucha obrera, popular, latinoamericana, socialista y
antiimperialista.**