Cristina negocia impunidad con jueces del lawfare, que sus senadores acaban de votar

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Por Claudio Colombo

El bloque de senadores del PJ, alineado con Cristina Fernández de Kirchner, acordó con libertarios, radicales, macristas y otras fuerzas patronales acompañar los ascensos de los jueces Pablo Yadarola y Pablo Bertuzzi. El jefe de la bancada peronista, el formoseño José Mayans, resumió el espíritu del acuerdo con una frase reveladora: “No nos peleemos más con los jueces”.

¡Claro que no quieren pelearse! Varios de los magistrados elegidos mantienen vínculos con sectores del propio peronismo. Desde el kirchnerismo justificaron su voto afirmando que la negociación había sido favorable:

*“Nos dividimos en cuartos. Un cuarto del Gobierno, otro de los gobernadores, otro del PJ y el resto sueltos. ¿Cómo no lo íbamos a votar?”* (Infobae, 2 de septiembre).

La explicación desnuda el verdadero contenido del acuerdo: no se discutieron principios, antecedentes ni intereses sociales, sino el reparto de cargos dentro del Poder Judicial. Como si se tratara de un botín, los partidos del régimen se distribuyeron jueces y espacios de poder según el peso político de cada sector.

La misma nota de Infobae señala:

*“Nadie puede creer que Cristina Kirchner no haya sido la estratega de esa decisión. ¿Ya no existe la teoría del lawfare? ‘Yadarola es el juez en lo penal económico que analiza facturas truchas, que juzga si evadiste (...) con la tuya te revienta, salvo que alguna tarifa te exima de cualquier condena’. La frase pertenece a Cristina”.*

En octubre de 2022, un grupo de jueces federales, funcionarios de la Ciudad de Buenos Aires, ex agentes de inteligencia y directivos del Grupo Clarín viajó en un vuelo privado a la estancia del magnate británico Joe Lewis, ubicada en Lago Escondido.

Entre los magistrados que participaron de aquel viaje se encontraban Julián Ercolini, titular del Juzgado Federal N.º 10 de Comodoro Py; Carlos Alberto Mahiques, juez de la Cámara Federal de Casación Penal; Pablo Yadarola, juez en lo Penal Económico, y Pablo Gabriel Cayssials, juez en lo Contencioso Administrativo Federal.

Los periodistas de Página/12 Raúl Kollmann e Irina Hauser denunciaron a los viajeros por presuntos delitos de corrupción y prevaricato. También sostuvieron que el encuentro secreto tenía como objetivo conspirar y “arreglar” causas para favorecer al expresidente Mauricio Macri y perjudicar a Cristina Fernández de Kirchner. El kirchnerismo presentó aquel episodio como una de las mayores expresiones del llamado *lawfare*.

Ahora, sin embargo, el mismo sector político que denunciaba a esos jueces negocia y vota sus ascensos. La contradicción es inocultable. Todo indica que, además de obtener la designación de magistrados cercanos, sectores del peronismo podrían estar buscando algún tipo de ventaja judicial para Cristina Kirchner, quien el viernes 4 deberá comparecer, junto con su hijo Máximo, ante los tribunales de Comodoro Py por la causa Hotesur.

Pero, más allá de estas especulaciones, existe una explicación política más profunda. El kirchnerismo actúa de esta manera porque forma parte del “partido del orden”. Frente a la crisis económica, social y política, todas las fuerzas que sostienen el capitalismo procuran garantizar que las instituciones del régimen funcionen sin fisuras al servicio de sus verdaderos beneficiarios: los grandes empresarios, los bancos, los terratenientes y los monopolios imperialistas.

Para continuar obteniendo ganancias mediante la explotación de la clase trabajadora, la burguesía necesita la llamada “seguridad jurídica”. Necesita jueces que protejan la propiedad capitalista, avalen el saqueo de los recursos naturales, garanticen el pago de la deuda externa y castiguen a quienes enfrenten los planes de ajuste. Esa es la tarea que les encomienda a sus representantes políticos, más allá de sus distintos colores, discursos y formas electorales.

Como señalamos en una nota publicada en nuestro blog el 31 de agosto:

*No es la primera vez que libertarios, macristas, radicales y peronistas coinciden. Cuando están en juego los intereses estratégicos de la burguesía, las diferencias electorales quedan rápidamente de lado. En este caso se trata de una verdadera cuestión de Estado: el régimen necesita controlar a quienes investigan, procesan o absuelven a los funcionarios que administran los planes de ajuste, endeudamiento y saqueo.*

*Mientras el Gobierno destruye salarios y jubilaciones, entrega los recursos naturales, toma deuda con el FMI y convierte los fondos públicos en una caja para los grandes empresarios, los partidos patronales se reparten los cargos judiciales. Después serán esos mismos jueces quienes garantizarán la impunidad de los funcionarios, criminalizarán las protestas y perseguirán a quienes enfrenten el ajuste.*

La Justicia no constituye un poder independiente situado por encima de las clases sociales. Es una pieza fundamental del Estado burgués, creado para defender la propiedad privada de los grandes medios de producción y preservar las relaciones de explotación. Sus jueces pueden enfrentarse circunstancialmente con determinados funcionarios o sectores políticos, pero nunca cuestionan las bases del sistema que les otorga sus privilegios.

Por eso, esta Justicia burguesa jamás defenderá consecuentemente los intereses de quienes viven de su trabajo. Los capitalistas obtienen sus ganancias explotando a la clase obrera y, frente a cada crisis provocada por su propio sistema, intentan aumentar esa explotación mediante despidos, rebajas salariales, precarización y ajuste.

Los pocos fallos favorables al pueblo que pueden arrancarse dentro de este régimen no son regalos de magistrados “independientes” ni concesiones de políticos progresistas. Son conquistas parciales obtenidas mediante la movilización y la lucha de los trabajadores.

La solución de fondo exige terminar con este Poder Judicial vitalicio, privilegiado y sometido a los intereses de la burguesía. Hay que imponer tribunales obreros y populares, con jueces elegidos directamente por el pueblo trabajador, mandatos revocables y salarios equivalentes a los de un trabajador calificado.

Una transformación semejante no podrá realizarse dentro de los límites del capitalismo, porque los partidos que administran y defienden este sistema jamás permitirán que el aparato judicial deje de servir a los explotadores. Será posible mediante una revolución obrera y popular, dirigida por una izquierda consecuente, que destruya el Estado burgués y abra paso a un gobierno de las trabajadoras y los trabajadores.