Chiche Gelblung, enemigo del pueblo palestino y defensor de dos dictaduras genocidas, la del Proceso y la de Israel
Los días 15, 19 y 26 de enero de 2009, nuestro partido,
Convergencia Socialista, encabezó distintas movilizaciones de solidaridad con
el pueblo palestino, que por aquellos días estaba siendo sometido a una brutal
ofensiva militar del Estado de Israel, denominada por sus autoridades
“Operación Plomo Fundido”.
En aquellas acciones exigimos al gobierno kirchnerista la
ruptura de relaciones con el Estado de Israel y convocamos a impulsar un boicot
activo contra quienes contribuían política o financieramente a sostener aquella
agresión contra el pueblo palestino.
Entre ellos señalamos públicamente a Eduardo Elsztain, por
entonces tesorero del Congreso Judío Mundial y posteriormente presidente de esa
organización. Nuestra denuncia no estaba dirigida contra ninguna colectividad
ni contra el pueblo judío, sino contra un empresario y dirigente político al
que responsabilizábamos por su apoyo material y político al Estado de Israel.
Debido a que en uno de mis discursos caractericé a Elsztain
como una “rata”, la Embajada de Israel y distintos sectores sionistas me
acusaron de “antisemita”. Esa ofensiva terminó trasladándose al terreno
judicial y un tribunal de primera instancia de la Ciudad de Buenos Aires me
condenó a seis meses de prisión en suspenso.
La acusación pretendía transformar una denuncia política
contra un dirigente y empresario concreto en un ataque contra todo un pueblo.
De esa manera se intentaba borrar una distinción elemental: el antisemitismo es
una forma reaccionaria de racismo y debe ser combatido sin concesiones; la
denuncia del Estado de Israel, de sus gobiernos y de quienes respaldan sus
políticas es una posición política que no puede ser equiparada con el odio
hacia los judíos.
Después de una importante campaña nacional e internacional
contra aquella condena, la Cámara de Casación de la Ciudad terminó
absolviéndome mediante un fallo que revirtió la sentencia de primera instancia.
Cuando los grandes medios, con Gelblung a la cabeza, actuaron como tribunal
Inmediatamente después de aquellas movilizaciones, varios
periodistas que defendían las posiciones del Estado de Israel —entre ellos
Eduardo Feinmann, Mauro Viale y Chiche Gelblung— me convocaron a sus programas.
Más que entrevistas, fueron verdaderos interrogatorios políticos, en los cuales
se utilizaron argumentos muy similares a los que posteriormente servirían para
intentar criminalizarme judicialmente.
El más encarnizado fue, sin dudas, Chiche Gelblung, quien no
solo me atacó personalmente, sino que realizó una defensa cerrada de la
política del Estado de Israel mientras el pueblo palestino sufría los
bombardeos y la ofensiva militar sobre Gaza.
Su muerte ha provocado ahora numerosos homenajes dentro del
ambiente periodístico. Incluso figuras identificadas con el llamado “campo
nacional y popular”, como Gustavo Sylvestre o Nancy Pazos, lo reivindicaron
como un “maestro de la profesión”. No comparto semejante caracterización.
Desde una perspectiva socialista, la trayectoria de una
figura pública no puede juzgarse solamente por su habilidad profesional, sus
niveles de audiencia o la influencia que haya alcanzado dentro de los grandes
medios. Hay que preguntarse al servicio de qué intereses utilizó esa influencia
y qué posición asumió frente a los grandes enfrentamientos políticos y sociales
de su época.
Gelblung cultivó durante décadas un periodismo
sensacionalista en el que la búsqueda del rating y del negocio ocupó un lugar
central. Pero existe además un aspecto mucho más grave de su trayectoria: su
actuación periodística durante la última dictadura militar argentina y su
participación en medios que funcionaron como parte del aparato ideológico con
el que el régimen buscó legitimar la represión.
Los marxistas sabemos que los grandes medios de comunicación
no constituyen instituciones neutrales situadas por encima de las clases
sociales. En una sociedad capitalista forman parte, con todas sus
contradicciones internas, del entramado económico, político e ideológico
mediante el cual la clase dominante construye consenso y defiende sus
intereses.
Por eso tampoco aceptamos la idea corporativa según la cual
la muerte convierte automáticamente a cualquier periodista reconocido en una
especie de “prócer” de la profesión cuya trayectoria debe quedar fuera de toda
crítica.
Para quienes luchamos por la revolución socialista, Gelblung
no pasará a la historia de la manera en que pretenden presentarlo quienes hoy
lo despiden desde posiciones políticas e ideológicas muy diferentes. Lo
juzgamos por las posiciones concretas que adoptó cuando tuvo que elegir de qué
lado ubicarse.
Y en momentos decisivos estuvo del lado opuesto al nuestro:
frente a la dictadura militar argentina, frente a las luchas de los
trabajadores y, en aquel enero de 2009 que vivimos personalmente, frente a
quienes salíamos a las calles para solidarizarnos con el pueblo palestino y
denunciar la ofensiva israelí sobre Gaza.
Una coincidencia cargada de significado político
Hay, finalmente, una circunstancia que resulta imposible
pasar por alto. Apenas horas después de la muerte de Gelblung, mañana viernes
11 de septiembre, nuestro partido volverá a movilizarse para denunciar
públicamente al mismo Eduardo Elsztain que aquel periodista defendió cuando lo
señalamos en 2009 por su apoyo al Estado de Israel.
Diecisiete años después, volvemos a encontrarnos con
Elsztain, esta vez también a propósito de sus intereses vinculados con las
Islas Malvinas y de nuestra lucha contra toda forma de sometimiento colonial e
imperialista.
No se trata de una cuestión personal. Elsztain representa a
un sector de la gran burguesía argentina cuyos negocios no conocen fronteras
nacionales cuando se trata de asociarse con grandes capitales y poderes
internacionales. Esta es precisamente una de las enseñanzas fundamentales del
marxismo: detrás de los discursos patrióticos de la burguesía aparecen, una y
otra vez, sus intereses materiales y sus vínculos con el capital internacional.
Nuestra pelea de 2009 tampoco fue contra un individuo
aislado. Fue parte de la solidaridad internacionalista con el pueblo palestino
y de la lucha contra el imperialismo y sus aliados. La movilización de mañana
forma parte de esa misma perspectiva política: independencia absoluta frente a
todos los bloques imperialistas y frente a todos los sectores de la burguesía
que hacen negocios con ellos.
La historia nunca se repite de manera idéntica. Cambian los
gobiernos, las circunstancias y los protagonistas. Pero determinadas
contradicciones vuelven a colocarnos frente a los mismos intereses de clase. Por
eso, mientras algunos despiden a Gelblung convirtiéndolo en una figura
intocable del periodismo argentino, nosotros preferimos recordar de qué lado
estuvo cuando en las calles se enfrentaban posiciones e intereses concretos. Y mañana estaremos nuevamente allí donde
elegimos estar en enero de 2009: en la calle, denunciando a los poderosos y
levantando las banderas del internacionalismo, del antiimperialismo y de la
revolución socialista.
