Chiche Gelblung, enemigo del pueblo palestino y defensor de dos dictaduras genocidas, la del Proceso y la de Israel

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Por Juan Carlos Beica

Los días 15, 19 y 26 de enero de 2009, nuestro partido, Convergencia Socialista, encabezó distintas movilizaciones de solidaridad con el pueblo palestino, que por aquellos días estaba siendo sometido a una brutal ofensiva militar del Estado de Israel, denominada por sus autoridades “Operación Plomo Fundido”.

En aquellas acciones exigimos al gobierno kirchnerista la ruptura de relaciones con el Estado de Israel y convocamos a impulsar un boicot activo contra quienes contribuían política o financieramente a sostener aquella agresión contra el pueblo palestino.

Entre ellos señalamos públicamente a Eduardo Elsztain, por entonces tesorero del Congreso Judío Mundial y posteriormente presidente de esa organización. Nuestra denuncia no estaba dirigida contra ninguna colectividad ni contra el pueblo judío, sino contra un empresario y dirigente político al que responsabilizábamos por su apoyo material y político al Estado de Israel.

Debido a que en uno de mis discursos caractericé a Elsztain como una “rata”, la Embajada de Israel y distintos sectores sionistas me acusaron de “antisemita”. Esa ofensiva terminó trasladándose al terreno judicial y un tribunal de primera instancia de la Ciudad de Buenos Aires me condenó a seis meses de prisión en suspenso.

La acusación pretendía transformar una denuncia política contra un dirigente y empresario concreto en un ataque contra todo un pueblo. De esa manera se intentaba borrar una distinción elemental: el antisemitismo es una forma reaccionaria de racismo y debe ser combatido sin concesiones; la denuncia del Estado de Israel, de sus gobiernos y de quienes respaldan sus políticas es una posición política que no puede ser equiparada con el odio hacia los judíos.

Después de una importante campaña nacional e internacional contra aquella condena, la Cámara de Casación de la Ciudad terminó absolviéndome mediante un fallo que revirtió la sentencia de primera instancia.

Cuando los grandes medios, con Gelblung a la cabeza, actuaron como tribunal

Inmediatamente después de aquellas movilizaciones, varios periodistas que defendían las posiciones del Estado de Israel —entre ellos Eduardo Feinmann, Mauro Viale y Chiche Gelblung— me convocaron a sus programas. Más que entrevistas, fueron verdaderos interrogatorios políticos, en los cuales se utilizaron argumentos muy similares a los que posteriormente servirían para intentar criminalizarme judicialmente.

El más encarnizado fue, sin dudas, Chiche Gelblung, quien no solo me atacó personalmente, sino que realizó una defensa cerrada de la política del Estado de Israel mientras el pueblo palestino sufría los bombardeos y la ofensiva militar sobre Gaza.

Su muerte ha provocado ahora numerosos homenajes dentro del ambiente periodístico. Incluso figuras identificadas con el llamado “campo nacional y popular”, como Gustavo Sylvestre o Nancy Pazos, lo reivindicaron como un “maestro de la profesión”. No comparto semejante caracterización.

Desde una perspectiva socialista, la trayectoria de una figura pública no puede juzgarse solamente por su habilidad profesional, sus niveles de audiencia o la influencia que haya alcanzado dentro de los grandes medios. Hay que preguntarse al servicio de qué intereses utilizó esa influencia y qué posición asumió frente a los grandes enfrentamientos políticos y sociales de su época.

Gelblung cultivó durante décadas un periodismo sensacionalista en el que la búsqueda del rating y del negocio ocupó un lugar central. Pero existe además un aspecto mucho más grave de su trayectoria: su actuación periodística durante la última dictadura militar argentina y su participación en medios que funcionaron como parte del aparato ideológico con el que el régimen buscó legitimar la represión.

Los marxistas sabemos que los grandes medios de comunicación no constituyen instituciones neutrales situadas por encima de las clases sociales. En una sociedad capitalista forman parte, con todas sus contradicciones internas, del entramado económico, político e ideológico mediante el cual la clase dominante construye consenso y defiende sus intereses.

Por eso tampoco aceptamos la idea corporativa según la cual la muerte convierte automáticamente a cualquier periodista reconocido en una especie de “prócer” de la profesión cuya trayectoria debe quedar fuera de toda crítica.

Para quienes luchamos por la revolución socialista, Gelblung no pasará a la historia de la manera en que pretenden presentarlo quienes hoy lo despiden desde posiciones políticas e ideológicas muy diferentes. Lo juzgamos por las posiciones concretas que adoptó cuando tuvo que elegir de qué lado ubicarse.

Y en momentos decisivos estuvo del lado opuesto al nuestro: frente a la dictadura militar argentina, frente a las luchas de los trabajadores y, en aquel enero de 2009 que vivimos personalmente, frente a quienes salíamos a las calles para solidarizarnos con el pueblo palestino y denunciar la ofensiva israelí sobre Gaza.

Una coincidencia cargada de significado político

Hay, finalmente, una circunstancia que resulta imposible pasar por alto. Apenas horas después de la muerte de Gelblung, mañana viernes 11 de septiembre, nuestro partido volverá a movilizarse para denunciar públicamente al mismo Eduardo Elsztain que aquel periodista defendió cuando lo señalamos en 2009 por su apoyo al Estado de Israel.

Diecisiete años después, volvemos a encontrarnos con Elsztain, esta vez también a propósito de sus intereses vinculados con las Islas Malvinas y de nuestra lucha contra toda forma de sometimiento colonial e imperialista.

No se trata de una cuestión personal. Elsztain representa a un sector de la gran burguesía argentina cuyos negocios no conocen fronteras nacionales cuando se trata de asociarse con grandes capitales y poderes internacionales. Esta es precisamente una de las enseñanzas fundamentales del marxismo: detrás de los discursos patrióticos de la burguesía aparecen, una y otra vez, sus intereses materiales y sus vínculos con el capital internacional.

Nuestra pelea de 2009 tampoco fue contra un individuo aislado. Fue parte de la solidaridad internacionalista con el pueblo palestino y de la lucha contra el imperialismo y sus aliados. La movilización de mañana forma parte de esa misma perspectiva política: independencia absoluta frente a todos los bloques imperialistas y frente a todos los sectores de la burguesía que hacen negocios con ellos.

La historia nunca se repite de manera idéntica. Cambian los gobiernos, las circunstancias y los protagonistas. Pero determinadas contradicciones vuelven a colocarnos frente a los mismos intereses de clase. Por eso, mientras algunos despiden a Gelblung convirtiéndolo en una figura intocable del periodismo argentino, nosotros preferimos recordar de qué lado estuvo cuando en las calles se enfrentaban posiciones e intereses concretos.  Y mañana estaremos nuevamente allí donde elegimos estar en enero de 2009: en la calle, denunciando a los poderosos y levantando las banderas del internacionalismo, del antiimperialismo y de la revolución socialista.

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