Milei entrega los recursos de Malvinas a petroleras inglesas y sionistas ¡Basta de saqueo imperialista en el Atlántico Sur!
Durante el Mundial de fútbol se reabrió en Argentina un
debate histórico que, al mismo tiempo, vuelve a poner sobre la mesa una
discusión de alcance mundial: la vigencia del colonialismo y el imperialismo.
El reclamo argentino por las Islas Malvinas es
absolutamente justo. Las islas formaban parte del Virreinato del Río de la
Plata, al igual que el resto del territorio que se emancipó de la Corona
española. En ese sentido, las Malvinas son tan argentinas como la provincia de
Buenos Aires.
La usurpación por parte de otra monarquía, la Corona
británica, lleva casi dos siglos. Lo que comenzó como una expresión del
colonialismo propio del capitalismo ascendente terminó integrándose a la
dominación imperialista ejercida por la potencia que fue hegemónica hasta
mediados del siglo XX y que aún hoy continúa siendo una de las principales
potencias imperialistas del planeta.
El reclamo de soberanía sobre las islas no responde a un
capricho ni constituye únicamente una cuestión diplomática. La zona marítima
que las rodea posee enormes riquezas naturales y ocupa una posición estratégica
por su cercanía a uno de los principales pasos interoceánicos del mundo, de
enorme importancia tanto económica como militar.
En medio de la crisis abierta por la guerra de Estados
Unidos e Israel contra Irán y del aumento del precio internacional del
petróleo, la empresa israelí Navitas Petroleum, asociada a la británica
Rockhopper Exploration, impulsa el desarrollo del proyecto de explotación
petrolera offshore Sea Lion, una iniciativa que puede representar miles de
millones de dólares para esas potencias imperialistas.
El proyecto Sea Lion volvió a colocar a las Islas
Malvinas en el centro de las tensiones entre Argentina y el Reino Unido.
Ubicado a unos 220 kilómetros al norte del archipiélago, el yacimiento avanza
hacia su etapa de desarrollo con la expectativa de iniciar la producción
comercial en 2028 y alcanzar un pico de hasta 50.000 barriles diarios hacia
2032.
Por eso, la lucha por la soberanía sobre las Malvinas
mantiene una absoluta vigencia política. No se trata solamente de recuperar un
territorio usurpado, sino también de impedir que los recursos naturales
pertenecientes al pueblo argentino continúen siendo saqueados para engrosar las
ganancias de las grandes multinacionales y de las potencias imperialistas.
No puede desvincularse la lucha por la recuperación de
las Islas Malvinas de la lucha contra toda forma de dominación imperialista y
contra los gobiernos cipayos que administraron y administran el país. La actual
administración libertaria no solo renuncia, en los hechos, a defender la
soberanía sobre las islas, sino que además impulsa la entrega de la soberanía
sobre el territorio continental mediante proyectos como el denominado
"inviolabilidad de la propiedad privada", orientado a facilitar la
venta irrestricta de tierras y recursos estratégicos.
Pero tampoco los sucesivos gobiernos de los partidos
patronales hicieron nada para recuperar efectivamente las islas ni para
enfrentar los intereses del imperialismo. Su política consistió en administrar
el conflicto sin cuestionar las relaciones de dependencia que sostienen la
usurpación.
Por eso, la recuperación de las Islas Malvinas y la
conquista de una independencia nacional definitiva solo pueden ser obra de una
revolución social que imponga un gobierno de los trabajadores. Un gobierno que
rompa con todas las potencias imperialistas, recupere los recursos estratégicos
hoy en manos del capital extranjero y los ponga al servicio de las necesidades
de todo el pueblo trabajador.




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