Lula y Bolsonaro, los candidatos de las dos potencias imperialistas que se disputan el control de Brasil y todo el continente
Por Damián Quevedo
En la última reunión de esa cueva de bandidos imperialistas, que es el G7; el presidente de Brasil, ex
sindicalista y líder del Partido de Trabajadores, confesó off the record lo que
muchos sabíamos: ¡No es ni nunca fue de izquierda!
El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da
Silva, dijo que nunca fue de “izquierda” durante una conversación informal con
la directora gerente del FMI, Kristalina Giorgieva, y otros líderes que
participaron la cumbre del G7, en Evián, Francia. “El mundo no es de izquierda,
el mundo es del camino del medio. Esa es la verdad. Nunca fui de izquierda. Yo
era un dirigente sindical que tenía una excelente relación con el sindicalismo
alemán, muy fuerte[i].
La social democracia, el progresismo o como quiera definirse al espacio
político que expresa Lula, se presenta habitualmente como la contrapartida del neoliberalismo
o a la llamada ultra-derecha. Sin embargo, lo determinante no es el envoltorio, sino su contenido, de qué lado del mostrador se ubica.
En ese sentido, Lula, como todos los populistas del continente, defiende los intereses de la clase obrera y el pueblo pobre, sino el de los grandes empresarios, nacionales e internacionales. De ahí su participación en las reuniones con los representantes del capitalismo mundial, como Trump, los líderes del G7 o
del FMI, organismo al que le paga religiosamente la deuda contraida por Brasil.
A pesar de esto, y en el marco de las próximas elecciones
presidenciales brasileras, Lula y su partido se pondrán por un tiempo el traje “izquierdista”. Lo harán, no por convicción, sino para seducir a los votantes progresistas, a los que tratarán de asustar con el fantasma del peligro “fascista”, representado por el candidato opositor, Flavio Bolsonaro, que cuenta con un apoyo
importante en amplios sectores de la población.
Mientras tanto, Lula seguirá gobernando para los
mismos burgueses de siempre, como hacen todos los populistas del continente. Un viejo
dirigente socialista, refiriéndose a uno de los popes del
populismo, Juan Domingo Perón, decía lo siguiente: “El general es como aquel experimentado
boxeador, que, aunque amaga siempre a su rival con el puño izquierdo, lo termina noqueando con la derecha”.
Cualquiera que triunfe en Brasil continuará subordinando
al país a los intereses imperialistas, China en el caso de Lula, Estados Unidos
en el de Bolsonaro. La dependencia a una u otra no cambiará nada para los y las de abajo, ya que ambas
requieren gobiernos que les permitan saquear los recursos y súper explotar a la
clase obrera, porque esos mecanismos constituyen la fuente de sus riquezas.
En el marco de la actual crisis sin salida del sistema capitalista
mundial y la guerra comercial entre las dos grandes potencias, no hay
posibilidades de que los gobiernos populistas implementen planes que las contradigan,
como ocurrió tiempo atrás, cuando contaban con una coyuntura internacional favorable, que les permitía mantener cierta independencia y desarrollar las economías locales.
Los socialistas verdaderos debemos impulsar -tanto en las elecciones como en todos los frentes de lucha- la independencia política de todos los partidos patronales y de su Estado, luchando en contra de todas las potencias imperialistas y a favor de una revolución social que imponga el único gobierno capaz de resolver las demandas insatisfechas del pueblo, el de los trabajadores y trabajadoras.


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